La AP-7 es sinónimo de conexión, progreso y movilidad. Sin embargo, en los últimos años su nombre se ha asociado con frecuencia a accidentes graves, especialmente a su paso por Terres de l’Ebre. El conductor de 27 años muerto ayer cerca de l’Aldea eleva a 29 el número de muertos en carreteras interurbanas de la provincia de Tarragona. Diez, más de la tercera parte, han perdido la vida en diferentes tramos de la AP-7 y tres de ellas eran camioneros. La AP-7 es una vía que soporta una carga creciente de tráfico pesado, con una siniestralidad que exige una respuesta coordinada y eficaz de las administraciones. Desde la liberalización de los peajes, el tráfico —en particular el pesado— se ha incrementado notablemente. Este aumento, sin una adaptación paralela de las infraestructuras ni de los mecanismos de control, ha generado un escenario de riesgo constante. Los accidentes múltiples, las retenciones kilométricas y las tragedias personales son una realidad que nos resistimos a asumir como el precio inevitable de la movilidad. Urge actuar con visión de futuro. Desde luego, la seguridad en la AP-7 requiere inversiones estructurales —más carriles, mejores áreas de descanso, gestión avanzada del tráfico pesado—, pero también una apuesta decidida por la innovación. La conducción autónoma y semiautónoma, los sistemas de asistencia inteligente, la monitorización del tráfico mediante inteligencia artificial y la comunicación directa entre vehículos e infraestructuras no son conceptos futuristas: son herramientas reales que pueden salvar vidas. En una vía que concentra tanto transporte de mercancías, explorar y ensayar soluciones como el platooning (conducción coordinada y automatizada de camiones en convoy) o corredores de prueba de movilidad inteligente sería un paso valiente y necesario. Las soluciones están sobre la mesa. Falta decisión política y visión a largo plazo. La AP-7 es un eje vital para la economía mediterránea y para la vida cotidiana de miles de personas. Convertirla en un corredor seguro, eficiente e inteligente no es solo una cuestión técnica: es un compromiso con el futuro. Cada accidente en este tramo es un recordatorio doloroso de lo que aún no se ha hecho. Actuar con urgencia y con imaginación es el modo responsable de avanzar.