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De la copa a la agresión sexual

Desgraciadamente el foco se está poniendo en las víctimas que deben extremar las precauciones y no el agresor

| Actualizado a 26 julio 2022 20:33
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En el marco del plan para combatir la violencia sexual en el ocio nocturno durante este verano pospandémico, los Mossos d’Esquadra han ofrecido un dato objetivo, aunque basado únicamente en el testimonio de las víctimas y sin constancia toxicológica: 288 mujeres han denunciado en el último año y medio haber sido víctimas de abusos o agresiones sexuales estando en situación de vulnerabilidad por el influjo del alcohol o las drogas, y de ellas 167 afirman que alguien les puso una sustancia en la bebida para adormecerlas.

En la misma línea, el Hospital Clínic de Barcelona asegura que entre enero y octubre del año pasado atendieron en urgencias a 368 víctimas de agresiones sexuales, de las cuales en el 30% se observaron indicadores de sumisión química. Conscientes de ello y del aumento de los escasos este verano, las discotecas han empezado a implantar medidas de protección de la libertad sexual de sus clientes, entre ellos los tapavasos para evitar la introducción de sustancias sedantes en las consumiciones. Veinticinco establecimientos de Catalunya ya están repartiéndolos y, en breve, una discoteca de Salou será la primera de la provincia en hacerlo.

Desgraciadamente, de nuevo, la responsabilidad recae en las potenciales víctimas, que tienen que extremar las precauciones en los lugares de ocio, cuando el foco debería estar situado sobre la figura del agresor. Tampoco importa si la sospecha de que se ha utilizado subrepticiamente una droga es infundada y la víctima estaba solo bajo los efectos del alcohol: tan agresor es quien se aprovecha del estado etílico de otra persona o quien le suministra otro tipo de sustancia, y tan víctima es ella en un caso como en otro. Sobran los discursos que culpabilizan: en un abuso sexual valiéndose de las drogas o el alcohol solo hay un responsable y una víctima. No importan las circunstancias, solo un sí, y pronunciado por alguien en sus plenas facultades, es un sí.

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