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La Constitución y la convivencia

| Actualizado a 07 diciembre 2022 07:00
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Como ya viene siendo habitual desde que en 1983 se instaurara el 6 de diciembre como fecha festiva para honrar la Constitución de 1978, ayer tuvieron lugar diversos actos para conmemorar los 44 años de la Carta Magna.

La efeméride llegaba marcada por la crispación que se vive en la política española, con un Congreso de los Diputados convertido en una especie de taberna donde los gritos y los insultos personales han sustituido a la oratoria inteligente y al intercambio de ideas.

Y eso a pesar de que la Constitución que tanto dicen defender debería ser la ley –de hecho, así lo recoge en su preámbulo– que garantizara la convivencia democrática en nuestro país, la consolidación de un Estado de derecho que asegure el imperio de la ley y el establecimiento de una sociedad democrática avanzada.

Pero tampoco la jornada de ayer fue un buen día para esa convivencia democrática; a las ya tradicionales ausencias de los grupos nacionalistas se unió la actitud del partido ultraderechista Vox, que, sin acabar de comprender el verdadero espíritu de esta norma, pretende erigirse en su más firme defensor y eludió las celebraciones oficiales.

El 44º aniversario de la Carta Magna llega en un contexto de crispación que enturbia el ideal que la ley pretendía garantizar

Es verdad que la Constitución, en su día una de las más avanzadas y que hoy aún tiene vigencia, necesita, después de 44 años, algunos ajustes y reformas que sintonicen con los avances que ha experimentado la sociedad, pero no es menos cierto que esto debería hacerse con la mayor participación y el mayor consenso posible.

En su momento, aún con las heridas abiertas por una larga dictadura, los representantes de fuerzas de tan diferente ideología fueron capaces de alcanzar un acuerdo que garantizara la convivencia y el progreso gracias a un diálogo constante basado en el respeto mutuo.

Atributos de los que hoy adolecen unos líderes políticos que están muy por debajo de la altura y del sentido de Estado que tenían quienes hicieron posible la Constitución.

Y ese es nuestro principal drama.

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