Opinión

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¿Qué dejar a nuestros hijos? Warren Buffett –una de las tres primeras fortunas del mundo- lo tuvo claro. Llamó a sus tres hijos. Su fortuna es de ciento siete mil millones de dólares. Y les dijo: «Voy a daros vuestra herencia en vida». Los hijos se frotaron las manos. «¡El uno por ciento de cuanto tengo!».

Tremenda decepción. Una decepción que aumentó cuando remató que era «el uno por ciento a repartir entre los tres». «Hasta ahora, he disfrutado ganando dinero. Ahora quiero disfrutar repartiéndolo entre los que lo necesitan. Lo que mi país me dio, se lo devolveré al país».

El caso de Buffett nos hace pensar a todos en qué dejaremos a nuestros hijos el día en que nos despidamos de este mundo. Muchos quisiéramos ahorrar al máximo para que pasen las menores penurias. Otros pensamos que hemos de protegernos en la ancianidad y que tenemos derecho a disfrutar de lo ganado. Siempre en términos económicos. Muy pocos hablan de dejarles un modelo de vida. Un ejemplo imitable, adaptado a los nuevos tiempos. Porque a los hijos no se les dan instrucción u órdenes. Se les da ejemplo.

Este caso nos hace pensar a todos en qué dejaremos a nuestros hijos el día en que nos despidamos de este mundo. Muchos quisiéramos ahorrar al máximo para que pasen las menores penurias

Sin embargo, la mente de los jóvenes no funciona como la de sus mayores. Es intrincada, compleja y contradictoria. Creen tener derecho a todo el fruto de nuestros esfuerzos. Con harta frecuencia, se cuelgan de los padres rogándoles ayudas para tirar adelante.

Algunos la necesitan, otros se creen con derecho y son de los que piensan más en cobrar del paro que en labrarse un futuro. No se puede homogeneizar, pero es bien cierto que la situación socio-económica de nuestro entorno no da facilidades a los jóvenes. Tampoco a los mayores. Es decir, no las da a casi nadie.

Por otra parte, los modelos de los próceres y políticos son nefastos. La regla del medrar de cualquier modo que impera entre nosotros estimula la inmoralidad. La frase «el dinero está ahí, sólo tienes que cogerlo», anima a muchos al cambalache, el pelotazo y la trampa. España es un país de clara tendencia pícara.

Añadamos a esto que el entorno no ayuda. Ni en las escuelas ni en las universidades. Son centros sin rigor cívico. Sin filosofía de vida. Ayudan a que en el país impere un único baremo: el dinero.

Los hijos han de recibir el calor del bienestar del hogar. Han de aprender, como sea, que hay valores en esta vida que constituyen metas de gran satisfacción personal. Y que la cultura del esfuerzo suele dar un rendimiento o, al menos, la satisfacción de haber cumplido.

Los modelos de los próceres y políticos son nefastos. La frase «el dinero está ahí, sólo tienes que cogerlo», anima a muchos al cambalache, el pelotazo y la trampa. España es un país de tendencia pícara

Somos responsables, en parte, de que un día se enfrenten a esa durísima realidad de reconocer que han perdido la oportunidad de vivir con sensatez. El fracaso es abominable. Pero si es por un revés de fortuna no debe hundirnos. Pusimos el empeño. Nuestros hijos han de aprender que son y serán responsables de buena parte de cuanto pueda sucederles. Para ello, cuanto antes entiendan que la verdadera herencia de los padres es inmaterial, pero muy útil, mucho mejor.

Esta vida no se mide en euros. Se mide en satisfacciones. Y a mayores esfuerzos, mayores satisfacciones. Warren Buffet no ha hecho ninguna mala jugada a sus hijos. «Si queréis algo, os lo tenéis que ganar», remató.

La herencia de Buffett

La herencia de Buffett

La herencia de Buffett

La herencia de Buffett

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