El juego de la oca y el Camino de Santiago

El tablero del juego de la oca es un plano encriptado, una guía de viajes que servía de orientación al peregrino que no sabía leer
 

| Actualizado a 29 enero 2022 10:01
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Los antiguos druidas (sacerdotes celtas) seguían el camino de las estrellas hasta el fin del mundo, Finisterre, para ver cómo el sol se hundía en el mar y, así, retornar como hombres nuevos. El Camino de Santiago es un camino de iniciación, el más importante de la peregrinación cristiana.

Todos hemos pasado divertidos momentos con el juego de la oca. Aunque su origen es incierto, algunos creen que es de origen oriental. Todo indica que fueron los Templarios quienes lo trajeron en el siglo XII, después de las derrotas en Tierra Santa. En la Edad Media los Templarios tenían como misión, entre otras, dar ayuda y protección a los peregrinos del Camino de Santiago. El tablero del luego de la oca es un plano encriptado, una guía de viajes que servía de orientación al peregrino que no sabía leer.

Desde tiempos de Carlomagno era costumbre la cría de ocas por nobles y caballeros. Así pues, cuando un peregrino que hacía el Camino se encontraba un rebaño de ocas, tenía la certeza de que había llegado a un puerto seguro, un lugar donde residía un caballero, un noble franco, germano o una encomienda de la Orden del Temple que le proporcionaría cobijo. La presencia de ocas representaba lugares seguros, se las relacionaba con las iglesias y las fortalezas de la Orden del Temple. Toda la arquitectura del Camino rebosa de señales de cantero con una pata de oca.

El Camino de Santiago hace prosperar el comercio y a sus pueblos. Las ciudades se llenan de templos románicos y se construyen puentes y grandes infraestructuras: camino, hospitales, fortalezas, catedrales, monasterios, etc, al servicio del peregrino.

Las rutas que provenían de Francia confluían en el puente románico de la localidad de Puente la Reina y curiosamente el crucifijo de su iglesia tiene la extraña forma de una pata de oca. El siguiente, es el Puente de Fitero que atraviesa el río Pisuerga. No es extraño que el Camino pase por numerosas localidades que contienen la palabra oca, como Montes de Oca, El Ganso, Puerto de Oca, Manjarin, etc.

El peregrino transita por lugares mágicos, como el antiguo arco que formaba parte del convento Antoniano, en Castrojeriz, una construcción asombrosa, románica y gótica; llena de símbolos como la T de Tau, en su rosetón; con dos ventanucos donde los frailes dejaban pan para los caminantes. Hoy los peregrinos dejan papelitos con buenos deseos para los que lleguen después.

Desde Hipócrates hay una teoría de la edad de los hombres y mujeres; el numero de años venía representado en el tablero de la oca por 7 periodos de 9 años, total 63 años, a los que había que llegar con éxito, fortuna y demás. Esto explica que muchos de los obstáculos que figuraban en el tablero representaban las dificultades a que se enfrentaba el ser humano, en el camino de la vida, para llegar a ese número 63.

En el juego de la oca interviene el azar, como en la vida, que puede jugar a tu favor o en contra, adelantando casillas, o retrocediendo. En la Edad Media existían en el camino jacobeo muchos peligros, como la muerte, la cárcel, robos, etc, hasta alcanzar la casilla final: la Sabiduría, representada por la Gran Oca.

Pero ¿por qué la oca? Desde la antigüedad se consideraba un animal sagrado, pues dominaba los tres elementos: aire, agua y tierra; era capaz de andar, nadar y volar. Eran custodios de los hogares, alertaban de intrusos y acompañaban a los dioses Amón, Zeus, Júpiter y custodiaban sus templos. No es extraña la presencia viva de esta ave en el claustro de la catedral de Barcelona.

El primer juego contrastado de la oca es un regalo al rey Felipe II. Recientemente, la ciudad de Logroño ha dedicado una plaza a este juego, en cuyo pavimento está encastrado un juego de la oca, precisamente al lado de la fuente medieval del Peregrino.

Los elementos simbólicos en el juego de la oca son múltiples: el pozo es una alegoría de la depresión. Cuando caes en esta casilla estás una tirada sin jugar y sólo sales con la ayuda de un compañero. El laberinto hace retroceder hasta la casilla 30, era fácil perderse en la Edad Media y había que retroceder ante un error. «De puente a puente y sigo porque me lleva la corriente» sería saltear los problemas de la vida, superándolos. En este caso, los puentes son las personas o cosas que nos proporcionan la estabilidad suficiente para afrontar los obstáculos. La cárcel son tres tiradas sin jugar, y la posada, una: en ella descansaba el peregrino. Hoy día sería parecido a un dispensario o caer en una enfermedad que nos obligaría a hacer una pausa en nuestra vida. Finalmente la muerte. Esta casilla arroja al jugador de la partida, haciéndole comenzar de cero, en semejanza a las dificultades de la vida que obligan a empezar de nuevo.

Los paisajes se suceden: puente Malatos, en Burgos; puente de Santiago, en Carrión de los Condes; puente en Hospital de Órbigo, Ponferrada, el castillo templario, etc. hay una corriente hacia el Oeste, hacia el fin. Y de esta manera llegamos a la casilla 58, que es la muerte para el peregrino. Para quien había realizado el Camino, a través del juego, también era una forma de morir para renacer. De la casilla 58 a la 63, representa el renacimiento total del caminante, es la recta final en la que éste revive y se convierte en una persona nueva.

El Camino de Santiago no es un viaje turístico, sino un viaje al interior. El jardín de la oca es, para algunos, Compostela, meta que comporta la felicidad; para otros, el camino continúa hasta Finisterre, el fin de la tierra.

El juego de la oca no es un simple juego; bajo su aspecto infantil y sencilla apariencia esconde multitud de símbolos y misterios que nos acerca al punto donde lo terrenal y lo intangible se unía con lo místico. No creáis que el juego de la oca ha perdido su significado, todo lo contrario, cada peregrino que sale a caminar juega una emocionante partida que os animo a disfrutar.

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