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Campings
con corazón

| Actualizado a 02 agosto 2022 06:00
Ángel Pérez Giménez
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¡Hola vecinos! No quiero irme de aquí -y solo faltan cuatro cartas/artículos para que termine el estelar fichaje multimillonario que me compromete a jugar los martes en el Diari de Tarragona F.C. (Fenómenos Club)- no quiero, reitero, firmar el traspaso a cualquier otro club sin mostrar una sincera admiración hacia la Agrupació de Campings de Tarragona Ciutat, entidad que me cae muy bien desde que el martes pasado, 26 de julio, leí en la página 12 del Diari la noticia: ‘Los campings dan 20 kits de ropa de urgencia’.

Vista así al pronto, la noticia parece de tono menor (página par y dos columnas a la derecha, con una fotito en modo faldón). Pero si te metes en el cuerpo de la información, enseguida aspiras el fresco perfume a esas pequeñas cosas que constituyen el reflejo de corazones grandes. Campings con corazón, ya ves.

La Agrupació de Campings de Tarragona Ciutat trabaja para optimizar la excelencia de tan atractivo sector hostelero que se levanta sobre pilares naturales: el paisaje, la sostenibilidad, la convivencia, el trato familiar, el aire libre que disuelve cualquier sensación de seguir metido en una colmena incluso estando de vacaciones. He sido muy de camping: tienda canadiense de aquellas color naranja con sobretecho verde, saco de dormir, camping gas, bote de fabada ‘Litoral’ calentado al baño maría en plena canícula. Y tan feliz. Con el cepillico de dientes y la tovallola trotando por la mañana temprano hacia los lavabos comunales. Pero aquello era cuando abrías la cremallera de la tienda y una vaca asomaba la cabeza para dar los buenos días. Nos pasó una vez en un camping de Santillana del Mar, Cantabria. Y no sé quién se asustó más: nosotros, o la pobre vaca.

La Agrupació de Campings de Tarragona Ciutat, entidad que me cae muy bien desde que leí en el ‘Diari’ que darán 20 kits de ropa de urgencia

Consigue la Agrupació prestar un servicio completo y muy digno a empresas y clientela que, de ninguna manera pueden encuadrarse ahora en el ‘turismo de alpargata’. Ese, el de la alpargata, éramos yo y mi tienda ‘Artiach’ y el bote de fabada asturiana y una linterna para ir por la noche a echar un meo y de paso me la veo. Hoy, mucha de la clientela de camping conduce autocaravanas que cuestan más que un piso. La entidad que preside Agustí Peyra teje un perfecto equilibrio entre el amplio espectro clientelar campista y las instalaciones y el medio ambiente en el que este desarrolla su actividad de trotamundos, ya sea con plaza fija, temporal o efímera en el campamento. Y no solo eso: anhela, también, establecer una responsabilidad social corporativa en colaboración con personas e instituciones del entorno. De ahí la iniciativa en la que se enmarcan los veinte kits de ropa.

¿Qué son tales equipaciones? Pues algo tan sencillo como una bolsa conteniendo una camiseta y un pantalón, lo básico para salir del apuro en el caso -siempre posible- de que pongan ruedas a tus pertenencias mientras te estás dando un chapuzón o te hayas quedado frito y, al despertar, ya no está ni la toalla sobre la que extendías el ebúrneo cuerpo al sol. O sea: un robo en toda regla. ¿Cómo vuelves a casa, cómo vas a poner la denuncia, a dónde te diriges con un bañador fardagüevos chipiado, en exuberante topless, sin un euro ni para un taxi? Si lo meditas un poco verás que no se trata de una situación apetecible.

Por eso la ACTC (Agrupació de Campings de Tarragona Ciutat) ha preparado las bolsas de prendas en diferentes tallas, y las ha donado a la Guàrdia Urbana para que dispongan de ellas en patrullas y dependencias policiales. Así mismo, la asociación se ha comprometido a ir reponiendo el material de socorro a medida que se utilice en incidentes con ladrón, ladrona o ladrones de por medio. Te podrán quitar los gayumbos, pero no la dignidad.

Vista así al pronto, la noticia parece de tono menor pero si te metes en el cuerpo de la información, enseguida aspiras el fresco perfume a esas pequeñas cosas que reflejan corazones grandes

Playas como L’Arrabassada y El Miracle registran cada temporada estival -según apunta la información del Diari- un elevado número de raterías propias de cacos con experiencia en desvalijar mediante la técnica del descuido. Crees que nadie va a querer tu vieja camisa caribeña de guacamayos que trajiste de recuerdo de la Riviera Maya. Ni la toalla de Pepsi Cola. Ni la crema de protección solar factor 100 de la que queda como medio tubo. Pues sí que las quiere alguien, sí. Es más: probablemente a los pocos días de que te las birlen estarán a la venta en algún país en vías de desarrollo, o sea, emergente. Poco emergente, eso sí.

Vestir al desnudo es una de las siete obras de misericordia corporales. No consiste tan solo en dar ropa sino también en revestir a todas las personas de su dignidad como hijos de Dios. Por eso el kit de auxilio al despojado que prepara y costea con esmero la ACTC no lleva únicamente una camiseta y un pantalón. Lleva comprensión y consuelo. El mensaje de alguien amigo que ha pensado en ti y en el riesgo de que, sin pretenderlo, te quedes en pelotas.

Una duda: ¿el kit incorpora chancletas? La noticia no menciona pinreles. Y hay cacos que se llevan hasta las zapas si son de marca. Unas chanclas, y kit completo.

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