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Días tontos y tontos todos los días

| Actualizado a 10 mayo 2022 12:08
Ángel Pérez Giménez
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El presidente de Iberdrola se ha disculpado en Twitter por llamarnos tontos a Inmi, a mí y a unos once millones de personas más. Pero ha pedido perdón a la española: lo siento mucho, me he equiv....., en fin, ese rollo
Los japoneses toman el perdón mucho más en serio. Y con un alto sentido de la sinceridad y buena fe. La ceremonia del perdón a la española, en cambio, no garantiza que en realidad sientas nada

¡Hola vecinos! El pasado jueves troté desde la tele hasta Inmi
-un kilométrico pasillo que cada día me cuesta más recorrer sin disponer de vivac a medio trayecto- para comunicarle:

-El presidente de Iberdrola nos acaba de llamar tontos, Inmi -dicho esto con el bofe a punto de implosión-.

-¿Hablas en plural mayestático, o sea, os ha llamado tonto a Vos, o a los dos? Porque si se ha referido a Vos, tampoco resultaría tan raro.

-¿Nos, quiero decir nosotros dos, tenemos tarifa eléctrica regulada por el gobierno, o de la otra? -contrapregunté al alto mando-.

-Ni idea. ¡No sé dónde he dejado el bote de ‘Míster Proper’, voy a saber yo qué tarifa tenemos!

-Pues entonces nos ha llamado tontos a los dos. Y te recuerdo que ‘Míster Proper fue al principio, ahora se llama Don Limpio’. Y que han pasado más de treinta años del cambio de marca -lo de ‘Míster Proper fue al principio...’ se lo transmití canturreando el jingle comercial de Don Limpio, pero ella ya estaba revirada por el insulto de José Ignacio Sánchez Galán, alias Ignacio Galán-.

-Pues le dices de mi parte al Galán ese que, si yo soy tonta, él es un cabezaperro.

El presidente de Iberdrola se ha disculpado en Twitter por llamarnos tontos a Inmi, a mí y a unos once millones de personas más. Pero ha pedido perdón a la española: lo siento mucho, me he equiv....., en fin, ese rollo

No llamé al cabezap...., o sea a Galán, para expresar la opinión de mi señora. Emprendí el regreso hacia el sofá, tras beber un buchito de agua del grifo para el camino y ahí, ya en horizontal, me puse a reflexionar acerca de la tradicional y protocolaria ‘Ceremonia del Perdón’. Tradicional y protocolaria en Japón. Aquí lo del perdón no está ni siquiera protocolizado. Si acaso, consistiría en abrir la puerta, salir de una habitación de hospital y pronunciar con cierto gesto compungido la fórmula: ‘Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir’.

Los japoneses toman el perdón mucho más en serio. Y con un alto sentido de la sinceridad y buena fe. La ceremonia del perdón a la española, en cambio, no garantiza que en realidad sientas nada, creas que te has equivocado en algo y, por descontado, que la equivocación deje de ocurrir. Volverá a ocurrir.

Cuando en Japón se comete un fallo grave, se ofende, se incurre en clamorosa ilegalidad desde las instituciones, empresas, organizaciones o entidades o se rompe la confianza de la sociedad, únicamente salva en parte la dignidad el hecho de arrepentirse. Lo primero es comparecer en público, dar la cara, y expresar de forma verbal la solicitud de perdón que, de ninguna manera priva de cumplir consecuencias como cese, dimisión, enjuiciamiento y posibles condenas. Después, la persona contrita o contritas si son varias, se ponen en pie e inclinan el torso al tiempo que se baja la cabeza en señal de vergüenza. Hay niveles de contrición, a tenor del ángulo de inclinación: arrepentimiento ligero, 25 grados (esahku). Bastante arrepentido: 45 grados (keirei). Arrepentimiento real u oficial, 90 grados (saikeirei). Máximo arrepentimiento (dogeza): de rodillas en el suelo e inclinación del torso hacia adelante apoyándose en las manos, hasta prácticamente tocar el suelo con la cabeza. Hay todavía un grado más: el extremo, pero lo desaconsejo totalmente. Me refiero al proceso de dogeza, rematado -¡qué bien traído aquí el término ‘rematado’!- con un espectacular harakiri. Ya de rodillas, se toma una espada con las dos manos y te la clavas como a la altura del ombligo, haciendo leves giros de empuñadura para un destrozo mortal de la muerte. Eficaz, es. Seguro que no volverá a ocurrir lo que sea que hayas hecho mal. Pero se pone todo perdido de sangre, resulta poco agradable de ver -puede darse la salida y esparcimiento de tripas burbujeantes- y, aunque el harakiri también tiene su protocolo milenario, deja muy mal cuerpo al propio occiso y a la concurrencia.

Los japoneses toman el perdón mucho más en serio. Y con un alto sentido de la sinceridad y buena fe. La ceremonia del perdón a la española, en cambio, no garantiza que en realidad sientas nada

El presidente de Iberdrola se ha disculpado en Twitter por llamarnos tontos a Inmi, a mí y a unos once millones de personas más. Pero ha pedido perdón a la española: lo siento mucho, me he equiv....., en fin, ese rollo. No ha doblado el espinazo ni medio grado, no ha hincado las rodillas en el suelo, no ha suplicado la suspensión de empleo y sueldo. Hombre, teniendo en cuenta que el año pasado se embolsó más de un millón de euros al mes, la dimisión no entra en su concepto de vida. Ni por llamarnos tontos entre risotadas, ni por tener algún problemilla con su gestión al frente de la empresa, ni por no haberse enterado de que se pagaba al comisario Villarejo por espionaje de cloaca.

Sánchez Galán tuvo el jueves un día tonto. Pero ya sabéis: hay días tontos y tontos todos los días. Lo peor es cuando te percatas de que el todavía presidente y consejero delegado de Iberdrola, ese gran monologuista cómico que nos llamó tontos, tenía santa razón. Somos un país de tontos de capirote que lo hemos hecho multimillonario a él y mil millonaria a su tropa de la luz, aunque carezcan de luces. Tontos de haba somos.

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