La defensa del Ebro: el Delta, un santuario de nuestra biodiversidad

Hay que acabar con los usos especulativos que han hecho del agua una mercancía más, olvidándose de su función esencial para sostener la vida de los ecosistemas 

| Actualizado a 05 septiembre 2020 11:05
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Al entrar el nuevo milenio, la revolucionaria cantante tarragonina Carmen París le cantaba al Ebro: «¡dame un poco de sed, ay! Que me estoy muriendo de agua!». Este verano, el Consejo de Ministros ha vuelto a provocar el grito del sur de Catalunya, al acordar el trasvase de un máximo de 4,99 hectómetros cúbicos desde el embalse del Ebro, para cubrir las necesidades de abastecimiento de Santander.

Por su parte, en julio, el gobierno de Aragón anunció que recurriría en los tribunales el trasvase. En el mismo mes, varias instituciones de Terres de l’Ebre -como los Consells Comarcals del Baix Ebre, Monstià i Terra Alt -, así como el ayuntamiento de Tortosa, manifestaron su oposición al trasvase. Por otra parte, a la Plataforma en Defensa del Ebro, y a otros grupos ecologistas, les preocupa cómo podría afectar éste y otros posibles trasvases al ya castigado Delta del Ebro.

El acuerdo estival del Consejo de Ministros deja abiertas varias interrogantes que penden del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico: ¿tiene previsto el Ministerio que el trasvase se efectúe antes del 30 de septiembre (fin del actual año hidrológico), o se aplazará el trasvase atendiendo a las cláusulas de diálogo social y político que demandan el Gobierno de Aragón y las citadas instituciones de Terres de l’Ebre? ¿Dispone el Ministerio de alguna prospección sobre el impacto que este trasvase podría causar en el descenso de sedimentos imprescindibles para la preservación del Delta? ¿Ha mantenido el Ministerio algún tipo de diálogo sobre la idoneidad de este trasvase con el Departament de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat? ¿A qué obedece el silencio de la Generalitat? ¿Contará el nuevo Plan Hidrológico Nacional con un programa de Gestión y Protección del Delta del Ebro?

En el Informe de Progreso 2020 sobre la Implementación de la Agenda 2030 en España: Reconstruir lo Común, el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 reconoce la urgencia de «proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y los ecosistemas de agua dulce […] combatir la desertificación, y detener y revertir la degradación de la tierra y detener la pérdida de biodiversidad». La magnitud de los riesgos asociados al cambio climático para los ecosistemas naturales y las poblaciones humanas son de enorme gravedad. Precisamente, a principios de este mismo año, fuimos testigos de los numerosos destrozos que provocó el huracán Gloria en todo el litoral Mediterráneo. Los estragos de la borrasca se hicieron notar especialmente en el Delta del Ebro.

Es más necesaria que nunca una agenda política verde que defienda el agua del Ebro y proteja la biodiver-sidad del Delta

A nivel planetario, alrededor de una de cada diez especies conocidas de plantas, mamíferos, peces, reptiles, insectos y moluscos, que ascienden a más de 126.000 especies, viven en ecosistemas de agua dulce, a pesar de que éstos cubren menos del 1% de la superficie de la Tierra. Alrededor de 880 de esas especies muestran una disminución del 83%, según el índice de Planeta Vivo en Agua Dulce (Freshwater Living Planet Index, 2020).

En el Delta del Ebro, el agua es sostén de la biodiversidad que a su vez proporciona múltiples servicios: agricultura, turismo o infraestructura verde. Algo que suele desconocerse es que los humedales, como el que constituye el Delta (el mayor humedal de todo el Mediterráneo), son enormes reservas de carbono. Los humedales sanos funcionan como sumideros de carbono, mientras que los humedales degradados son importantes fuentes de gases de efecto invernadero.

La existencia de setenta presas en toda la cuenca del Ebro, construidas la mayoría durante el franquismo, dificulta el transporte de sedimentos río abajo y pone en peligro la supervivencia del Delta. Otra de las principales amenazas a este frágil ecosistema son los proyectos trasvasistas. La Plataforma en Defensa del Ebro alerta de que los planes de trasvase agravarían los problemas actuales como la regresión y la penetración permanente de la cuña salina. Reconociendo esta situación de fragilidad medioambiental, es más necesaria que nunca una agenda política verde que defienda el agua del Ebro y proteja la biodiversidad del Delta. Se hace urgente desarrollar una Nueva Cultura del Agua dirigida a la preservación de los ríos, los acuíferos y los humedales. El nuevo Plan Hidrológico Nacional debería programar la gestión de los sedimentos, prestando especial atención a: modernizar los sistemas de regadío; reducir el impacto medioambiental de la explotación de las presas; y renunciar a los planes de trasvase del Ebro.

Hay que recuperar el agua como un patrimonio público. Y hay que acabar, de una vez por todas, con los usos especulativos que han hecho del agua una mercancía más, olvidándose de su función esencial para sostener la vida de los ecosistemas (incluyendo a los seres humanos).

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