La ética de Pedro I, el Mentiroso

El egocentrismo, la soberbia, la vanidad o su desmedida ambición le hacen acreedor de una nula credibilidad cuando lo que afirma undía y al siguiente dice lo contrario es algo habitual
 

| Actualizado a 16 diciembre 2021 10:54
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El insigne periodista y escritor Luis del Val no ha podido definir mejor de forma acertada y realista, mediante un sarcástico apodo la calidad del presidente del gobierno, si bien es verdad que podrían atribuírsele infinidad de epítetos que denostan su personalidad. El egocentrismo, la soberbia, la vanidad, o su desmedida ambición de poder, todos ellos ganados a pulso que le hacen acreedor de una nula credibilidad cuando lo que afirma un día y al siguiente dice lo contrario es algo habitual, llámesele mentira, embuste o si se quiere hipócrita adaptación a las circunstancias inmediatas.
Uno siempre ha considerado que la ética es una cuestión personal, una reflexión filosófica frente a la vida, que versa sobre las reglas morales humanas colectivas y que en último fin deben conducir al bien común.

Uno no alcanza a comprender que ética alberga Sánchez o si simplemente carece de ella, a pesar de que últimamente las ciencias cognitivas concluyen que cuando uno nace ciertas connotaciones vienen programadas, entre ellas la ética, aunque de forma incipiente pero que luego paulatinamente se van desarrollando en cada individuo según los valores adquiridos en el contexto social, y en ese sentido las prácticas y conductas de Sánchez son toda una falacia que se pone de manifiesto en cada aparición en los medios y dejan al descubierto un pretendido mesianismo, una burda aproximación de jerarquía imperial.   

Podríamos enumerar infinidad de actitudes del presidente que no dejan duda de su indolencia por la ética y que definen su petulante personalidad; en efecto la repetida e innecesaria utilización del Falcon 900B del Ejército del Aire, el ridículo de la pretendida conversación de 30 segundos con el presidente Biden en los pasillos de la OTAN, la periódica aparición en los medios como el profeta salvador, haciendo de los decretos de ley su juguete favorito, evitando comparecer en el parlamento donde debiera dar explicaciones, y ante fracasos evidentes de su gestión, los convierte con mera palabrería en éxitos inverosímiles. Permitir los homenajes a etarras es como perdonar a los cuervos y ensañarse con las palomas. Uno duda si realmente se cree todo lo que manifiesta, pero lo cierto es que según sus declaraciones todo lo hace estupendamente bien en beneficio de la sociedad.

La nueva ley audiovisual parece presentar problemas con Esquerra y sus socios de gobierno, pero como tantas otras «comedias mediáticas» saldrá adelante. Es el inmundo mercadeo de pactos bajo mostrador, de tú me apoyas y yo te doy, que prescinden del bienestar ciudadano anteponiendo los propios intereses y permanecer en la «casta» que decía Pablo Iglesias. 

Las anunciadas previsiones anunciadas por Sánchez de crecimiento del 6,8% que supondría el liderazgo de España en la recuperación económica es otra apreciación engañosa de Sánchez, cuando todos los indicadores de la UE señalan un porcentaje del 4,5%. Todo engaños con una desfachatez y falta de respeto que nos exaspera. Las ciencias cognitivas pueden llegar a conocer y sorprender sobre las actitudes del ser humano, pero difícilmente comprenderlas, de ahí que nuestro personaje suscite tanta controversia. 

Instalado en un establishment indecente con pactos ocultos, pero que a nadie escapan, consigue permanecer en el poder y sacar adelante cuanto se propone por descabellado que sea, mientras los ciudadanos sufrimos las nefastas consecuencias de una política condicionada por sus socios. 

Por otra parte, el séquito de palmeros y la corte privada de acólitos y esbirros que ha producido en su engranaje político lo defienden acaloradamente, y cuando alguien lo señala negativa o simplemente opina lo contrario de lo que predica el sanchismo, lo tratan de reaccionario o de fascista. 

Acomodado en la prostituida poltrona del poder, con mendaces faramallas, pretende confundir y poner a sus pies la frágil moral colectiva.

Difícil panorama nos espera, con este populista al frente del gobierno, aun contando con la supervisión de la Unión Europea.

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