Opinión

La Mirada

Lluís Amiguet

Lluís Amiguet

Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. Su último libro es ‘Homo rebellis: Claves de la ciencia para la aventura de la vida’.

Inteligencia artificial para tontos

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Pocas cosas me hacen sentir tan tonto estos días en que el calor insufrible ha abierto espacios insólitos a la lectura, entre el fresquito del bar (cualquiera se pasea) y el del ventilador, como la Inteligencia Artificial. Y no me refiero a repasar los ejercicios que malicio que mis alumnos de la URV han confiado a Chat GPT, sino al fenómeno en sí.

Consulto la Historia Universal de la Economía y compruebo que, desde la invención de la agricultura hace 3000 años hasta finales del S. XVII con la revolución industrial, la renta per cápita de los humanos permaneció inalterable.

Producíamos y gastábamos más o menos lo mismo durante tres milenios, así que es muy difícil que la Inteligencia Artificial (IA) sea ahora apenas en tres años algo parecido a otra industrialización.

Y sin embargo hoy todas las bolsas del mundo, incluida la española y su IBEX, se han disparado por la presunción de que la IA cambiará nuestras vidas. No será una mera evolución de los buscadores de internet, sino una auténtica revolución como el propio internet, el teléfono, las alcantarillas, el agua corriente o el motor de explosión.

Se están invirtiendo billones en todo el planeta en centros de computación; redes eléctricas y nuevas centrales nucleares -y la lección es que vuelven: no hay mejores alternativas- para alimentar los billones de chips necesarios para los nuevos sistemas de IA. Acaba de estrenarse el ChatGPT-5 y, aunque no parece haber innovado realmente nada, ha vuelto a reunir esas ingentes fortunas que apuestan por su desarrollo.

Y sin embargo: ¿cambiará nuestras vidas como las cambió la electricidad; el coche; el avión o el invento del wáter? Y éste último hay que explicar a los más jóvenes que no hace tanto, digamos que en los años 70, era inexistente en la mayoría de los pueblos de este país, donde había un agujero como único aliviadero que daba directamente al corral.

Pero de entre todos los inventos del S.XX sin duda el más relevante fueron los antibióticos porque no cambiaron nuestras vidas: las salvaron.

Dispararon la esperanza de vida 20 años en una década; durante tres mil años la vida media de los humanos apenas superaba los 40 años. Hoy vivimos más del doble.

Por eso, sobre la Inteligencia Artificial me vuelvo a hacer una pregunta natural: ¿No será una burbuja? De momento, solo podemos certificar, al compararla con las anteriores revoluciones tecnológicas, que tampoco en esta ni Catalunya ni España están jugando un papel relevante. La novedad es que esta vez ni siquiera Europa lo juega. En su lugar, es Asia y singularmente China la que nos sustituye en la carrera con EE.UU. que es quien la lidera.

Los chinos han sido en nuestros países durante décadas inmigrantes que ocupaban las zonas oscuras de nuestra economía que nosotros abandonábamos gracias a un cada vez más generoso estado de bienestar con sus pensiones y leyes laborales: los peores horarios en sus bares, restaurantes y tiendas que parecían estar siempre abiertos.

Pero quien haya viajado por China esta década comprobará que nos han dejado ya muy atrás, singularmente en Shanghai, en innovación tecnológica. Y ahora retan a los titanes de la IA con su DeepSeek: mejores resultados con menos gasto energético.

Y con ese apunte llega la respuesta, espero que no tan tonta, a la pregunta sobre la Inteligencia Artificial: tal vez no cambie nuestras vidas, pero ya está poniendo en evidencia que van a ser diferentes y no solo a la hora de copiar en los exámenes.

Me temo que pronto pondrán en evidencia que los europeos vivimos mucho mejor de lo que nos permite el valor que creamos. Y Asia y América nos pasarán factura.

De entre todos los inventos del S. XX sin duda el más relevante fueron los antibióticos

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