Opinión

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Me está costando que a mis hijas les interese la política. Les repito que tenemos que hacer política o nos la harán, que es mucho peor. Por eso, me alegré de que mi hija de 14 años me dijera que había un político que les gustaba a sus amigas y a ella. Y me enseñó unos cuantos tiktoks de “El Rufi” que es como, ella jura que cariñosamente, apodan al portavoz de ERC en Madrid.

En uno, Gabriel Rufián se despedía con un «Hasta luego gángster» con tanto éxito entre los chavales, que hoy lo usan de despedida en su grupo de whats. “El Rufi”, me asegura, es chill (ya no dicen guay). Para no perder puntos les digo a la niña y a sus amigas que la editorial de Rufián me ofreció entrevistarlo cuando sacó su último libro hace un par de años y acepté encantado; pero la entrevista no tuvo lugar, porque también publiqué una columnita como esta en la que recordé su orgullo por sus raíces de Bobadilla y por ser nieto de María de los Borregueros y de Juan el de la Frasca.

Y le hablo a mi hija del nuestro porque mi madre, su abuela, sea natural de Santa Eulalia del Campo, provincia de Teruel. Y que mi cuñado, su tío, también tiene la misma razón de estarlo por sus nueve apellidos catalanes.

Al cabo, nuestro origen no es nuestro destino. No podemos elegir dónde empiezan nuestras vidas, pero sí hacia donde las conduciremos. Y al Rufi hay que reconocerle que ha puesto al servicio del independentismo el mejor castellano que ha hablado nunca un portavoz de ERC. Además, este verano le he leído un relato en un diario de Madrid bien escrito.

Rufián demuestra así que tener una lengua propia es bueno; pero es aún mejor que no sea la única.

Pasa igual con los proyectos políticos, que son mejores cuanta más personas de diferentes orígenes congregan en la busca de un destino mejor para todos.

Y de ahí que Rufián se lance ahora a unificar las fuerzas periféricas de la izquierda española: a hacer las Españas. En su partido y en el catalanismo más inflexible se le tacha de españolista por intentarlo. Pero uno recuerda los libros de Historia de BUP y que Francesc Macià proclamó la independencia de Catalunya, pero dentro de “la Federación de Repúblicas Ibéricas” igual que Companys lo haría más tarde dentro de la “República Federal Española”.

Así que ese hacer las Españas rufianista no es más que una vuelta a los orígenes federalistas de ERC.

Y entretanto tenemos la isla de Illa en la que ahora mismo vivimos los catalanes. El president ha logrado que en mis cenas de este verano -junté a cuatro cuñados y dos arreplegaos, pero con tanta capacidad predictiva como muchas encuestas- o no se hable de él o no se hable mal de él cuando por anteriores presidents estuvimos una década sin hablarnos.

Y en tanto diálogo anda que ahora mismo en Bruselas lanza la red de Sánchez a Puigdemont con algunos caramelos dentro para que le ayude a acabar la legislatura. Uno recuerda el ministro de Sanidad de la Pandemia que fue con éxito y no le extrañaría que pasara de ayudar a Pedrito a sustituirlo un día. A los catalanes nos odian -me replica algún colega- y le recuerdo que con un apellido catalufo como el mío viví y crecí en tres autonomías sin sentirme jamás odiado por serlo. Y si alguien me odió no fue por ser catalán. No creo que hoy sea diferente. Hasta luego gángsters!

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