«No vale la pena hacer nada que no sea eterno». Lo dijo Antoni Gaudí, cualquier día San Antoni Gaudí, y a uno más que disuadirle de escribir columnitas le anima a encontrar la eternidad en cada página del diario.
Y es que todo y todos estamos conectados. No voy a cantarles el guión de un TikTok. Sólo compartir con ustedes —eso es la vida— cositas que nos van pasando cuando creemos estar solos y resulta que nunca lo estuvimos: era solo que no sabíamos ver la compañía.
Le llamaban, como a todos
los que trascienden su momento, loco
e iluminado
La vida no tiene más sentido que encontrárselo y a veces esa conexión de la que hablaba te permite seguir buscándolo. Hace meses comenté con Simon Pitts, un compañero de la BBC World Service con la que a veces colaboro en el programa In the Studio (presenté el de Jordi Savall) que, a medida que la Sagrada Familia iba realzando su silueta sobre el skyline de Barcelona, así también iba progresando el proceso de canonización de nuestro Antoni Gaudí. De Reus; de Riudoms… Y hoy de la entera humanidad.
Acabo de recibir una llamada de la BBC de Londres súbitamente interesada en ese proceso de canonización. Para ellos resulta un tanto exótico, puesto que los anglicanos no canonizan como hacen los católicos, pero por eso mismo también se me plantea como un desafío: qué es la santidad. O, si prefieren, la santidad explicada a los infieles.
Simon y su equipo me piden que busque y haga entrevistas para que me ayuden a explicar qué es un santo y por qué Gaudí merece serlo… E intento encontrar inspiración en las piedras de sus obras.
Les explico que esas piedras parecen estar vivas, luego lo están cuando las miramos, porque Gaudí conectaba los puntos de la existencia. ¿Por qué imaginaba y convertía esponjosas piedras calizas en dragones?
Esos dragones le conectan hoy con miles de japoneses y chinos que comprenden su obra de forma instintiva y cósmica por su calidad orgánica.
¿Ese milagro de la conexión no bastaría para justificar su canonización?
¿Qué es un milagro en nuestros días? ¿Acaso no lo es que conectemos gracias a Gaudí con esos miles de personas de todos los continentes, credos, etnias, colores y creencias? ¿No es esa conexión la que evita las guerras y la esclavitud, la colonización con que antes los europeos nos relacionábamos con el resto del planeta?
Leo que Gaudí sufrió un desengaño amoroso que le llevó a buscar en una obra universal el amor que otros encuentran en una pareja.
Que el obstáculo sea tu camino, predicaba Marco Aurelio, y así el rechazo de la buena Pepeta Moreu le llevó a una introspección y un ayuno místico que puso en peligro su vida y le dejó postrado en cama durante días.
¿Se conectó con el universo desde aquellos cuarenta días de hambre en el desierto? Su obra inmensa desde aquel momento parece atestiguarlo: el Park Güell (1900-1914), la Torre Bellesguard (1900-1909), la Casa Batlló (1904-1906), La Pedrera (1906-1909), la cripta de la Colonia Güell (1908-1915) ...
En sus últimos años rechazó encargos de la gran burgesía para concentrarse en
la Sagrada Família
Le llamaban, como a todos los que trascienden su momento, loco e iluminado… Otros, genio… Infeliz, los más. Rechazó en sus últimos años todos los encargos de la gran burguesía para concentrarse en una Sagrada Familia para la que no había fondos. Ese era el obstáculo y el camino, que empezó a recorrer con genialidades —tenía más tiempo para concebirla y solo a Dios para exigirle plazos— hasta que, como saben, se cruzó un tranvía en su camino.
Y ahora se le eleva a los altares con el primer milagro que le podemos reconocer desde cinco continentes: conectarnos a todos con todos y a todos con la eternidad.