Opinión

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Si echan un vistazo a las portadas de los grandes diarios de todo el mundo, como el Financial Times; The New York Times, Wall Street Journal y todas las grandes cabeceras españolas, verán que hay dos líneas de información que son nuevas y al mismo tiempo viejas: longevidad y experiencias después de la muerte.

También The Economist y Bloomberg se unen a la ola y defienden suplementos en teoría rejuvenecedores, como la metformina, la creatina, los polifenoles o los péptidos, al tiempo que se hacen eco de las teorías de ADE (after death experiences) o en español ECM (experiencias cercanas a la muerte) en la estela del cardiólogo, doctor Pim Vam Lommel, que ha documentado centenares de casos de enfermos declarados muertos y que vuelven a la vida con sus cerebros transformados.

El problema es
que nuestro cerebro se siente demasiado cómodo en el sofá de casa

Muchos de los regresados del más allá, me contó Van Lommel en su día, cambian de pareja; de trabajo y hasta de amistades para dar un nuevo sentido a su existencia.

¿Por qué toda la prensa de Occidente anda obsesionada con no morirse? Y la respuesta, obvia para los catalanes, es que nos hacemos viejos. Y no solo eso: la esperanza de vida media de una catalana ahora mismo es de… ¡87 años!

Pero no solo… Según el Institut d’Estadistica de Catalunya en Catalunya, según datos de mayo de 2025, hay un total de 17.953 catalanes centenarios.

Casi 18.000 conciudadanos nuestros han soplado las 100 velitas de su tarta de cumple. Lo triste para los varones es que 14.688 de esos centenarios —¡Ánimo mamá que lees cada día este Diari!— son mujeres y solo 3.265 son hombres.

Chavales: hay que hacer los deberes y la clave es moverse. No envejecemos, me cuentan una y otra vez los gerontólogos que entrevisto, por habernos movido demasiado, sino por no movernos lo suficiente.

Los ‘perrihijos’, que sustituyen a los hijos, son quienes obligan a caminar a los catalanes

El problema es que tenemos un cerebro que ha evolucionado para no quemar calorías y que se está muy bien, demasiado, en el sofá de casa mirando Netflix o el móvil. Además, todos los inventos de la modernidad conducen a satisfacer esa vergonzosa tendencia innata nuestra hacia la inmovilidad. Piensen conmigo: el mando a distancia de la tele, lavadora, secadora, el aspirador que sustituye a la escoba… ¡Con lo sano y relajante para el cerebro que era hacer mindfulness barriendo!

Y ¿no se han fijado en que cada vez se ven menos vecinos con la bolsa de la compra? ¿Acaso no detectan la caída miserable del número de nuestras tiendas de barrio en Tarragona, Reus, Tortosa, Amposta, El Vendrell…? Se nos hunde el comercio de proximidad, por no hablar de los quioscos.

Amazon está liquidando nuestras tiendas, igual que la compra online con descuento se ha cargado ya muchas de las que nos vestían cada temporada. El resultado es también que cargamos menos; nos movemos menos... Compramos con el móvil en la mano… Y eso está frenando ese progreso inmenso que llevábamos hacía ser todos o casi todos centenarios.

De hecho, ya se ha frenado en la estadística la ventaja que observamos en el número de mujeres centenarias. Y no es que trabajen más o fumen o beban: es que se mueven poco.

La lucha, insisten una y otra vez los expertos en longevidad, no es tanto aumentar los años que vivimos, sino su calidad. Y en esa competición muchos se han reencontrado con el mejor amigo del hombre —e incluso más de la mujer— y los ‘perrihijos’, que sustituyen a los hijos con los que paseaban nuestros abuelos y padres en una sociedad en decadencia demográfica, son quienes obligan a caminar a una cantidad creciente de catalanes.

La otra consecuencia de esta Catalunya cada vez más centenaria es que los mayores acumulan más renta mientras los sueldos de sus hijos encogen. Ya era habitual que la abuela cobrara más pensión que sus nietos en sueldos; pero hoy es cada día más frecuente que sea la madre la que cobra más del estado que sus hijos de su empleador. Y que los años de convivencia con los padres, cada día más mayores, en el hogar familiar se alarguen en pisos que tienen menos metros cuadros que edad sus propietarios… Perritos incluidos.

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