Opinión

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Seguro que algunos de ustedes se sentirán identificados con lo que les voy a contar en esta contraportada. Una mañana unos antiguos amigos de la universidad se llaman por teléfono. Se empiezan a preguntar cuándo pueden quedar para verse después de muchos años. Uno dice que tiene las tardes con decenas de actividades. «Para comer imposible porque como los compañeros del trabajo, por la tarde voy al gimnasio, ya que tengo crossfit, luego voy a buscar al niño a casa de los abuelos, lo dejo en casa con mi mujer y me voy a la escuela oficial que tengo italiano. Luego regreso rápido para acostar a mi hijo, ceno una comida prebiótica que debo tomar y me acuesto pronto. El fin de semana tengo un hueco, los domingos por la tarde, pero solo de 18 horas a 19 horas. No puedo alargarlo porque voy a jugar a futbito con los padres del colegio. El resto, absolutamente imposible». El otro interlocutor le contesta: «El domingo estamos siempre fuera, vamos a la masía. Y el resto de la semana tenemos siempre cursos y actividades programadas. Imposible no asistir porque nos cuesta una pasta». Al final, ante la imposibilidad de quedar, los dos excompañeros acaban la conversación con una frase: «Bueno, ya quedaremos más adelante cuando tengamos más huecos en la agenda». Spoiler: esos amigos no quedaron nunca más.

Saturar nuestras agendas es un ejercicio para intentar esquivar grandes reflexiones

Es lo que podríamos llamar un ejemplo de nuestra sociedad rellena huecos. Una sociedad que tiene tanto miedo al vacío que se llena su agenda compulsivamente, dejando aparte el descanso o el tiempo libre para relaciones humanas como quedar, charlar con amigos o conocer nuevas personas o nuevas parejas. Muchas personas se sienten desesperadas porque no saben qué van a hacer durante una hora y media en la que no hay nada asignado en su horario rutinario. Y eso provoca ansiedad, malestar, por eso lo mejor es poner más actividades en su agenda. Y con esta acción, el pez se muerde la cola y crece más la insatisfacción.

Además, en general, son muchos los que tienen pánico a los espacios de reflexión que nos puede ofrecer estar sin hacer nada o tener vacío nuestro calendario de tareas. Quizás no estamos dispuestos a reflexionar y tampoco a enfrentarnos a nuestra realidad. Y es que rellenar nuestras agendas es un ejercicio terapéutico para intentar esquivar grandes reflexiones que nos ponen frente al espejo a nosotros mismos.

Esta sociedad rellena huecos no deja de ser hija del término FOMO —Fear of Missing Out o Miedo a Perderse Algo— y que bautizó Patrick McGinnis, y que acuñó el término en 2004, mientras estudiaba en la Escuela de Negocios de Harvard. El FOMO hace que cada vez haya más personas que rellenen sus agendas para estar en todas partes a todas horas. Pero paralelamente, esas ganas locas de tener actividades provocan que uno no valore todo lo bueno en la vida. Y eso es muy negativo, porque al final del día, si nos enfocamos en las cosas que no tenemos, despreciamos todo lo bueno y los regalos que nos ha dado la vida. Y provoca más insatisfacción, ansiedad y hasta depresión.

Esta sociedad es hija del término FOMO (Fear of Missing Out o Miedo a Perderse Algo)

Lo más curioso es que hace muy poco se acaba de acuñar el término contrario al FOMO llamado FOBI. Del inglés ‘miedo a ser incluido’, FOBI es una expresión utilizada desde hace unos años para describir el miedo a ser invitado a eventos sociales. No se trata exactamente de introversión ni de ganas de apartarse de la social en general. El FOBI es más específico: se trata del miedo a la carga mental y el desgaste energético que puede conllevar la inclusión social. Esta expresión se puso de moda recientemente en un episodio de la serie Miércoles de Netflix en la que la protagonista —interpretada por Jenna Ortega— dijo «Tengo FOBI, miedo a ser incluida» cuando el director del campamento le preguntó si iba a participar de las actividades planificadas para esa noche.

Lo que está claro es que tanto el FOMO como el FOBI son excesos que no son buenos si queremos mantener un estado psicológico sano. También debemos frenar esa sociedad rellena huecos que cada vez tiene más adeptos. Es importante la rutina, pero más lo es vivir la vida con sus momentos de tranquilidad y relax para que nos de tiempo dé pensar y reflexionar. Recuerden, el tiempo libre hay que disfrutarlo. Carpe diem.

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