Para empezar, confieso haber vendido en enero las joyas de mi abuela —una bola de medallitas y cadenitas de comuniones y bautizos— creyendo que era el momento: el oro no ha dejado de subir de precio desde entonces y la plata aún más y ya es el nuevo oro. Abuela, por favor, no vuelvas a sonreír cuando transitamos por calles oscuras.
Pero he cometido otros errores:
1
Exagerar el impacto de las tarifas (aranceles) y el proteccionismo de Trump. Creímos que con ellos hundiría su economía y por ende la mundial; pero ambas han demostrado ser más fiables que el propio presidente y sus idas y venidas TACO (Trump siempre se acongoja) al poner y quitar aranceles. Pero ahora en su carácter chulesco y volátil en principio impredecible los mejores analistas aciertan lo que es del todo previsible. Lo anticipan. Y los ultra ricos con él lo son cada vez más.
2
Temer un crash mundial por el estallido de la burbuja de internet. También me equivoqué al ver venir un gigantesco catacrack de la Inteligencia Artificial, porque la juzgaba más impresionante que inteligente. Ahora parece que esa burbuja, que a ratos parece la mayor revolución tecnológica de la historia y otras la mera evolución de internet, puede ir desinflándose poco a poco, dejando en liza a unos pocos ultra ganadores.
3
No creer en el poder de los nobel: el flamante nobel de Química 2025, Omar Yaghi, lo ha sido por descubrir materiales con los que extraer humedad del aire caliente. Yaghi es de origen palestino. Sus padres fueron expulsados de sus casas por colonos israelíes y creció en un campo de refugiados jordano. Allí empezó a interesarse por cómo extraer agua en el desierto. A veces tengo la tentación cuando entrevisto algún nobel, como ayer al de Física, Carl Wieman, de sospechar que es el premio el que da la reputación al premiado y no al revés. Suelo equivocarme. Y aprovecho para recomendar el libro de Xavier Ayén Palabra de Nobel con sus entrevistas a los de literatura.
4
Creer que el acoso es un problema de derechas cuando es un problema de abuso de poder tenga quien lo tenga en demasía. Por eso, la clave de la prosperidad de un país y de su honestidad es oponerle un contrapoder. Más estatuas para Montesquieu y menos para Alfonso Guerra que cuando mandaba como nadie lo dio por muerto en unas declaraciones muy sevillanas.
5
Esperar que EEUU frenara el expansionismo chino. Desde que soy periodista el mayor acontecimiento que hemos presenciado ha sido el ascenso de China desde la miseria a superpotencia. Entrevisto a analistas que nos alarman, como The Wall Street Journal a diario sobre su poder. Y hemos visto nuestras tiendas y bares de barrio ser tomadas día a día por familias chinas que trabajaban más horas que ninguna española. Lo que ha sucedido este año es que Trump, sobre todo oportunista, respeta el poder y de hecho es lo único que respeta, y está repartiéndose el mundo con el imperio asiático y su lugarteniente ruso. Los alemanes, y por extensión los europeos, lo tenemos mal.
6
Y dejen que tras tanto error me ponga una medallita o se la ponga al analista chino Xiang Lanxin a quien entrevisté el 24 de octubre pasado. El titular de su entrevista era La paz en Ucrania ya es cuestión de tres o cuatro meses. Y anteayer Trump dijo que «la veía muy cerca». Gracias, Xiang...o Xsié, Xsie (hay que ver la de idiomas que habla la IA).