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Los bots y el astroturfing. El inquietante negocio de insultar y decidir elecciones por redes

La publicidad y los mensajes en Facebook incrementaron un 10% el número de votantes de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos de 2016

| Actualizado a 18 agosto 2022 07:00
Jordi Julià
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El mes de agosto sirve en general a los periodistas para cerrar temporada y recordar algunas de las historias más interesantes de los últimos meses. Y si hay que hacer un ranking de las personas más particulares a las que he entrevistado, tal vez la más curiosa, interesante e inquietante se esconde detrás de un este apodo: El bot ruso. Recuerdo que él me exigió que no se diera a conocer su identidad ni su imagen. Tampoco su nombre o sus apellidos. Recuerdo cómo se presentó a la entrevista; con un pasamontaña y un jersey con capucha que no le dejaba nada al descubierto. Incluso pidió que se distorsionara su voz. «Estoy amenazado», me dijo.

El motivo era que acababa de publicar su polémico libro Confesiones de un bot ruso en el que destapaba que él era un exempleado de una agencia en la que se dedicaban a crear fake news y manipular conversaciones por Internet. En concreto era una agencia de astroturfing, un término referido a «campañas de relaciones públicas en el ámbito de la propaganda electoral y los anuncios comerciales que pretenden dar una impresión de espontaneidad en el entorno social».

El trabajo diario de este bot ruso durante varios años fue gestionar unas cincuenta cuentas falsas en Twitter, Facebook o Instagram con las que se podían influir en decisiones como unas elecciones o bien atacar una empresa, medio de comunicación, equipo de futbol o humillar a una estrella de la televisión, entre otros ejemplos. De hecho, me comentó que a través de un programa informático y de miles de bots, se pueden crear grandes crisis, algunas de ellas mundiales.

El bot ruso me explicó que él guarda su anonimato porque un contrato de confidencialidad le impide precisar el contenido específico de su antiguo trabajo, así como los clientes con los que ha creado estas campañas. Su sueldo no era nada del otro mundo. Solo mil euros al mes, pero tenía en sus manos, curiosamente, el poder de acabar con fortunas de millones de euros. Hace poco decidió dejar este trabajo porque le provocaba muchos problemas éticos y morales ya que en los últimos meses puso en marcha un ejército que era una máquina de odio y de constante infoxicación digital.

Aunque no puede detallar a quién atacaba esa máquina de odio, sí que explica que en la guerra entre Rusia y Ucrania hay también un uso desmesurado de bots y trolls en redes que pretenden influir en la opinión pública internacional.

Así pasó con la masacre de Bucha en la que Rusia utilizó esta técnica en Twitter para decir que todo era obra ficticia del gobierno ucraniano. De hecho muchos ciudadanos rusos, que siguen las redes sociales del gobierno de Putin, aún niegan que allí se produjera una matanza indiscriminada. Nuestro entrevistado lo tenía muy claro; los trolls habían hecho eficientemente su trabajo y habían conseguido manipular la población rusa.

También Ucrania ha usado los bots al difundir que había derribado aviones rusos y al final se ha descubierto que eran unas imágenes sacadas de un videojuego.

Es otro tipo de guerra que se juega entre tuits y mensajes de Facebook y que puede llegar a millones de usuarios de una forma tan sigilosa como sofisticada y certera. De hecho, ya se constató que la publicidad y los mensajes en Facebook incrementaron un 10% el número de votantes de Trump en 2016. Una investigación de la Universidad Carlos III de Madrid apuntó que esta publicidad micro segmentada ·resultó muy efectiva a la hora de persuadir a votantes indecisos para que apoyaran a Trump y de convencer a votantes republicanos de que acudieran a votar en la jornada electoral». Pues bien, detrás de esta campaña también había bots y trolls.

Y visto esto, ahora se nos antojan unas preguntas. ¿Esto podría pasar en España? ¿El próximo presidente o presidenta del gobierno español podrían usar una campaña similar? ¿Hay alguien ahora mismo que ya lo está diseñando y programando en sus ordenadores? ¿Qué grupos de poder pagarán por ello? ¿Los electores nos daremos cuenta de ello?

Parece que estemos describiendo un capítulo de la distópica serie Black Mirror de Netflix, pero esta práctica es tan real que da miedo pensar las oscuras mentes que alimentan estos servicios.

Solo nos queda estar más atentos a lo que vemos en las redes sociales y tendremos que ser muy cautos para evitar caer en la red de los bulos, la manipulación y las noticias falsas.

Empecé a ser periodista en ‘La Veu de Flix’ y el ‘Diari de Tarragona’. He pasado por Canal Reus, Antena 3, IB3 TV, 8TV, ‘Informativos Telecinco’ y ‘Cuatro al día’. Ahora soy reportero del programa de actualidad ‘En boca de todos’, en Cuatro.

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