Opinión

Creado:

Actualizado:

Días antes de la elección de Juan Pablo II almorcé con Joaquín Navarro-Valls en un bar de Roma. Hicimos las inevitables apuestas sobre los papables y desde luego no acertamos en la elección de Wojtyla. Menos aún podía él imaginar que estaría más de veinte años a su servicio como jefe de comunicación y persona de absoluta confianza.

Acabo de leer Mis años con Juan Pablo II, un dietario publicado seis años después de la muerte de Joaquín. Su testimonio de cómo era el pontífice es insuperable. Su relación estuvo repleta de buen humor. Como muestra, el día que el periodista le dijo: «Cada vez que me invita a almorzar lo considero como un don», y la respuesta del Papa: «Lo he calculado y son muchas; ya sería hora de que usted me invitara alguna vez...».

Memorias de Navarro Valls

Memorias de Navarro Valls

tracking