Opinión

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Aunque tarde tres meses en aprobarse definitivamente, la Ley de Amnistía, pactada por PSOE, Junts y ERC, será una realidad. Servirá para superar una confrontación que perjudicó a todos y de paso para apuntalar a Pedro Sánchez, su elección y sus presupuestos. Cuando el interés común coincide tanto con el interés personal, la sospecha es inevitable.

Quedan para el pasado las emociones de las esteladas al viento, los lazos amarillos, el «ho tenim a tocar» y el «apreteu, apreteu». Ya estamos en el presente: un compás de espera sobre si regresará Puigdemont y cómo irán las elecciones catalanas antes de un año.

¿Y el futuro? ¿Habrá nuevas leyes de desconexión o declaraciones de independencia? No en un plazo previsible. El tren de 2017 ya pasó.

Amnistía, pasado y futuro

Amnistía, pasado y futuro

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