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Lamentable situación de la educación

En la ESO la promoción queda en manos del profesorado sin tener en cuenta el número de suspensos y en el Bachillerato otro tanto

| Actualizado a 01 agosto 2022 14:19
Secundino Llorente Sánchez
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Sí, queridos lectores, la situación de la educación en España después de la pandemia es penosa. No es que estuviéramos sobrados antes del coronavirus porque en todos los informes de la OCDE, como PISA, PIRLS o TIMSS, nos sacaban los colores; pero la caída de estos tres últimos cursos ha sido estrepitosa. Parto de la premisa de que son datos generales; puede haber algún colegio o algún sistema privado como el Bachillerato Internacional o, incluso, alguna autonomía, que se pueden salvar de la quema, pero en general esta es la situación en la que nos encontramos a las puertas del curso 2022-2023.

Profesores, alumnos y padres, toda la comunidad educativa de colegios e institutos, estad preparados para las sorpresas. Se avecina un comienzo de curso complicado y realmente complejo. Jamás habíamos llegado al mes de septiembre en una situación tan difícil, ni siquiera en tiempos de pandemia. Os ruego que estéis preparados. Dejaos sorprender.

Estamos de vacaciones con el interrogante y la duda de lo que va a pasar a la vuelta. ¿Con qué sorpresas nos encontraremos? Porque hoy «no conocemos los currículos definitivos, por lo que no tenemos libros de texto y los docentes no pueden realizar las programaciones». Hemos pasado dos cursos sin dar ni golpe y con aprobados generales. El «buenismo» de este gobierno clama al cielo. Para mí llega a ser un atentado contra la cultura del esfuerzo y del mérito: En la ESO la promoción queda en manos del profesorado sin tener en cuenta el número de suspensos y en el Bachillerato otro tanto.

Podría darse el caso de que un alumno se matriculase en una Ingeniería en la universidad sin saber sumar y sin haber aprobado las matemáticas nunca. Y la ocurrencia de última hora, una selectividad de juguete que reduce los contenidos. Es una selectividad que no selecciona y ahonda en la devaluación del esfuerzo. Los padres de los niños trabajadores piden que sus hijos sean valorados con justicia y no con regalos.

En la ESO la promoción queda en manos del profesorado sin tener en cuenta el número de suspensos y en el Bachillerato otro tanto

Vayamos por orden. El apagón se produjo a mediados de marzo de 2020 cuando se cerraron todos los colegios por la maldita pandemia. Fueron dos cursos “casi en blanco” para la mayoría de los alumnos. La solución más fácil era: «a mal tiempo, buena cara». Pobrecitos alumnos, lo que han tenido que sufrir. Vamos a compensarles con aprobados generales y notas generosas. En la mayoría de los centros no quedó ni un solo repetidor. Todos promocionan. Esa «falla» de tres cursos se va a notar durante varios años. A los que llegaban a la selectividad les pusieron unas pruebas asequibles para que no se note mucho que llegan «desnudos» a la universidad.

Por supuesto que el Covid fue el comienzo de esta caída, pero la mayoría de los países supo salir del pozo con valentía y mucho esfuerzo. En España hemos optado por el camino fácil y la opción más sencilla. Empezamos por politizar la educación. El mayor problema de la Enseñanza en España es que ha tenido que bailar al ritmo que marcaba la política. Hasta ahora, desde la aprobación de nuestra Carta Magna en 1978, hemos ido cambiando la normativa de la Educación al mismo ritmo que iba alternando el signo político del gobierno. Estos cambios se han producido ya ocho veces en cuarenta y cuatro años. Es realmente vergonzoso. Pero hay algo que nos preocupa aún más.

El movimiento del péndulo, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, cada vez es más fuerte. El último pendulazo de la LOMLOE aprovechando el confinamiento ha hecho saltar todas las alarmas. La pregunta que nos hacemos todos es: ¿Hasta cuándo? Nuestra opinión es que debería haber una separación total y radical entre la enseñanza y el Estado. La enseñanza pública, cuando pasa a ser «mangoneada» por los políticos, se convierte en un invento nefasto con el único fin de adoctrinar a los ciudadanos en los valores que los gobernantes del momento consideren más adecuados. Visto así, lo más grave no es que la enseñanza estatalizada baje el listón de calidad (que ciertamente lo baja), sino que lo peor es que está diseñada para matar la libertad.

Ahora que la nueva LOMLOE va a llegar a las aulas la impresión no puede ser más triste. Los profesores se sienten defraudados y estafados. ¿A quién quieren engañar? Estamos convirtiendo la educación en una alabanza al menosprecio del saber y a la trivialización del conocimiento. Pobres de los «carcas» que sigan defendiendo los valores tradicionales del trabajo, la memorización, el esfuerzo, la constancia y el pensamiento crítico, corren el riesgo de ser tildados hasta de «fachas». Se dejan de lado y hasta son denostados aspectos que requieren empeño, voluntad o dedicación como atender, escuchar, respetar, pensar, memorizar, analizar o cuestionar.

Todo aquello que huela a exigencia o esfuerzo no tiene cabida en el sistema: desaparecen los exámenes de asignaturas pendientes en la ESO, los repetidores serán una especie para extinguir, en la ESO podrán promocionar al curso siguiente aun con todas las asignaturas pendientes, en bachillerato tienen una asignatura aprobada por ley. De un plumazo hemos acabado con el fracaso escolar y con los repetidores. El carácter «buenista», simple y «antiilustrado progresa adecuadamente. Este modelo condena a nuestros alumnos a una confortable ignorancia, dóciles ante los desmanes políticos, sin aspiraciones intelectuales y muy fáciles de manejar. Estos siempre serán ciudadanos acríticos con el sistema.

Este modelo condena a nuestros alumnos a una confortable ignorancia, dóciles ante los desmanes políticos, sin aspiraciones

En este revuelo aparecen los gurús, los pseudoexpertos o listillos iluminados, sin ninguna experiencia docente, pero con rimbombantes ocurrencias pedagógicas pintadas de un colorido innovador como el «aula invertida o Flipped Classroom, en la que el alumno juega el papel de docente. Todo indica que para que el alumno se active, el profesor debería tener un papel pasivo. La devaluación del profesor es palpable, porque deja de ser un trasmisor de conocimientos para reconvertirse en un simple acompañante a modo de entrenador. Y, sin embargo, somos mayoría los que confiamos en la labor del docente, tan denostada en los últimos tiempos.

Muchos padres, que realmente aspiran a dar la mejor formación posible a sus hijos, tratan de evitar que se metan en estos torbellinos de ignorancia e imbecilización y para ello sólo ven una solución: «sacarles de ese mundo fácil», porque la verdadera formación será exclusiva de aquellos que estén dispuestos a trabajar y que puedan sufragárselo, por lo que cada vez más seguirá aumentando la ya acentuada desigualdad. Desde esta perspectiva se entiende mejor que los colegios del Bachillerato Internacional se multipliquen como «las setas después de las lluvias de verano». También así se explica que nuestra princesa y los hijos de políticos prefieran gastarse el dinero en su educación para no quedarse atrapados en la «enseñanza política, desnuda y vacía» que nos espera.

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