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Precedentes históricos y desafíos económicos internacionales

| Actualizado a 17 enero 2023 07:00
Jesús Lizcano Álvarez
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En un mundo tan dinámico y acelerado como el actual, sobre todo en el ámbito económico y financiero, resulta necesario en ocasiones echar la vista atrás y ver de dónde venimos, para entender y prever en mejor medida hacia dónde vamos y cuáles son los principales desafíos en el horizonte internacional. Y para ello es importante en este contexto buscar objetivos comunes, asumibles y beneficiosos para esta Aldea Global que acaba de alcanzar los 8.000 millones de habitantes.

Vamos a hacer una primera e histórica referencia para ello a la primera arquitectura económica y financiera supranacional que propició el impulso inicial del progreso socioeconómico para el conjunto de los más de dos centenares de países que integran actualmente la comunidad mundial. El punto de partida del actual ordenamiento financiero internacional lo podemos situar en instituciones como el FMI o el Banco Mundial.

Cabe recordar que el surgimiento de estas dos instituciones fue consecuencia de los acuerdos de Bretton Woods (Estados Unidos), que en 1944 surgieron como fruto de una Conferencia internacional que marcó un hito histórico y en la que participaron 44 países. En ella uno de los protagonistas fundamentales fue el economista británico J.M. Keynes, que marcaba en aquella época una cierta vanguardia en el pensamiento económico tanto teórico como a nivel práctico.

Y este mítico economista hizo en aquella conferencia varias propuestas trascendentales: 1) La creación de una institución financiera mundial que apoyara a los países más necesitados de liquidez y de estabilidad, lo cual vino a ser el germen de lo que un año después nació como el Fondo Monetario Internacional. 2) También propuso Keynes la creación de un depósito o banco internacional para el fomento del desarrollo y la reconstrucción, lo que dio lugar en el año siguiente al nacimiento del Banco Mundial, que tiene como principal objetivo reducir la pobreza de los países del mundo.

La diferencia fundamental entre ambas instituciones es que el FMI tiene una vertiente más económica y financiera, mientras que el Banco Mundial se proyecta en mayor medida sobre objetivos sociales: la reducción de la pobreza, el aumento de la calidad de vida, las condiciones sanitarias, etc. Cabe tener en cuenta, además, que el Fondo Monetario Internacional es actualmente el organismo más importante del mundo a nivel económico y financiero, tiene como miembros a 184 países, y su sede está en Washington.

Su objetivo fundamental es fomentar el crecimiento y la estabilidad económica mundial, y para ello ofrece asistencia técnica y financiación a los países que lo necesitan para equilibrar sus finanzas, y supervisa la situación y la política económica y financiera de los países, sobre todo a los que les concede esa financiación en forma de préstamos.

Además de las citadas iniciativas o proyectos del economista británico en aquella memorable conferencia, Keynes propuso la creación de una moneda mundial, lo cual no se ha llegado a materializar, si bien opinan algunos, entre los cuales nos encontramos, que es un proyecto necesario e incluso insoslayable a largo plazo. Lo que sí surgió en todo caso sobre esta materia en la citada conferencia fue un acuerdo de sistema estable de paridades fijas entre las distintas monedas, lideradas por el dólar como patrón monetario directamente convertible y vinculado con el oro.

Los acuerdos de Bretton Woods cambiaron la historia económica, dando lugar a las dos instituciones más importantes del mundo

Los acuerdos de Bretton Woods cambiaron por tanto la historia económica, dando lugar a las dos instituciones económicas más importantes del mundo y determinaron, además, el surgimiento de un sistema de estabilidad monetaria, a través de paridades fijas, que en todo caso finalizó su vigencia en el año 1971, cuando la administración Nixon tomó la decisión de interrumpir el sistema por la imposibilidad de mantener el patrón fijo del dólar con el oro.

Desde entonces han venido existiendo distintos regímenes de cotización y de paridades a nivel internacional, dentro de un marco de mayor o menor flotación de tipos de cambio lo cual vino a originar en ocasiones grandes problemas de inestabilidad, especulación y crisis económicas internacionales como las de finales de los años setenta, y sobre todo las de finales de los años noventa, y la gran crisis de 2008.

Estos precedentes históricos del sistema económico y financiero internacional nos sirven para incidir en la conveniencia de retomar el objetivo de que llegase a existir una moneda única mundial, que supondría un importante desafío para el orden monetario internacional y que sería el mecanismo más claro y eficaz de impedir las importantes fluctuaciones de los tipos de cambio monetarios que originan muchas crisis financieras internacionales, impidiendo así la existencia de esas oscilaciones a través de un sistema monetario estable, y lo que sería más importante, ampliamente consensuado.

Una moneda única mundial sería el mecanismo más claro y eficaz de impedir las importantes fluctuaciones de los tipos de cambio

Dentro de la creciente globalización económica resulta cada vez más necesaria la integración monetaria, que es otra forma de hablar de la moneda única mundial, y que sería una manera de extrapolar la experiencia de la Eurozona y el euro como moneda única europea, a un nivel ya global.

El procedimiento más plausible de una integración monetaria de esta naturaleza pasaría por evitar las oscilaciones de divisas a través de un anclaje y compromiso estable de tipos de cambio fijos y consensuados. En el contexto monetario internacional solo sería posible si este anclaje se lograse inicialmente al menos entre las dos grandes monedas o divisas, como son el euro y el dólar, con un posible surgimiento transitorio del eurodólar; el anclaje podría abarcar inicial o posteriormente a las tres o incluso las cuatro grandes divisas, añadiéndose entonces al acuerdo el yen japonés y el yuan chino, así como los organismos internacionales.

De esta forma, mediante un anclaje consensuado e indefinido de estas monedas, todas las demás divisas del mundo se vincularían a esa múltiple divisa, y podrían así desaparecer definitivamente las oscilaciones e incertidumbres monetarias internacionales que han dado lugar en numerosas ocasiones a las citadas crisis monetarias globales.

En resumen, este sistema de anclaje o multiparidad fija global sería el germen que podría conducir de forma natural en un futuro a la existencia de una única moneda a nivel mundial, que sería una consecuencia lógica y paralela a los avances en la globalización económica, financiera y tecnológica de la sociedad actual, y podría generar una transparencia y una mayor eficiencia global en el uso del conjunto de los recursos económicos y financieros del planeta como nunca se hubiera podido pensar, siendo además los más favorecidos aquellos países menos desarrollados que están más al socaire de las oscilaciones en la cotización de su moneda, sin que tengan ningún tipo de control ni siquiera conocimiento de la causa de dichos acontecimientos.

Quizá estas ideas y propuestas pudieran parecer una quimera o utopía, pero a veces es necesario establecer desafíos y objetivos aparentemente utópicos –en todo caso posibles– en la agenda social y en el devenir de la humanidad, y que nos puedan así marcar un hacia dónde vamos colectivo, solidario y dirigido al progreso social y económico del ser humano.

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