Una estación de tren impropia

23 febrero 2022 09:20 | Actualizado a 23 febrero 2022 09:55
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Cuando uno sale de su ciudad aunque sea para hacer turismo de proximidad las comparaciones son inevitables. La limpieza, el aprovechamiento de los atractivos locales o las comunicaciones son, a menudo, objeto de paralelismo típicos en cualquier viaje.

En mi última escapada de fin de semana para volver a visitar el Museu del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú, en esta ocasión con mi hijo de cuatro años, lo que más me llamó la atención fue la intermodalidad de su estación de tren.

Frente a ella, en la plaza Eduard Maristany, una estación de autobuses, un aparcamiento cerrado y vigilado para bicicletas con capacidad para 150 plazas y en funcionamiento las 24 horas y un aparcamiento para coches con un precio, atención, de 8,5 euros al mes para los usuarios habituales del tren, al margen de conexiones ferroviarias con Barcelona cada pocos minutos.

Y uno no puede dejar de preguntarse cómo Tarragona ha dejado perder trenes de media y larga distancia, cómo puede ser que hoy se tarde más que años atrás en llegar a la Ciudad Condal y cuánto cuesta acompañar o esperar a un pasajero en coche en la puerta de la estación.

Pese a que ésta ha mejorado, hay déficits que son impropios de una ciudad, capital de provincia, con una universidad que atrae a muchos estudiantes de fuera y que aspira a ser referencia en materia turística.

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