¿Cómo encarar la celebración de un juicio rápido?

| Actualizado a 15 marzo 2019 07:56
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Es muy frecuente encontrar pensamientos que relacionan la lentitud con la justicia. Los ciudadanos están cansados de sufrir largos procesos judiciales cuando éstos podrían durar mucho menos tiempo del que duran. Son muchos los inconvenientes que retrasan las sentencias, y es que a día de hoy, los juzgados están desbordados de trabajo, sufren falta de empleados, sobreviven bajo la insuficiencia tecnológica y se ven colmados de reclamaciones. Todo ello, sin duda, mina el buen funcionamiento de la justicia, por lo que la figura de los abogados juicio rápido cobra especial relevancia.

Ante escenarios como éste, es fácil creer que cuando se recibe la notificación de un juzgado se trate de una cita que conlleva una declaración sin transcendencia. Y lo cierto es que los juicios rápidos están precisamente diseñados para resolver en cuestión de tres semanas los asuntos pendientes con la Justicia. A partir de esto, conviene estar un poco al tanto y conocer algunos detalles sobre ellos.

Uno de los grandes beneficios que el acusado puede recibir, siempre que esté conforme con lo propuesto por el fiscal, es la reducción de un tercio de la pena que se le otorgue. Se trata de una jornada determinante para el cliente, ya que de no manifestar conformidad y declinar así la propuesta, el juicio seguiría su curso, con todo el retraso posterior que ello conlleva.

De esta forma, sería preciso exponer escrito de defensa y proseguir con el procedimiento. Llegados a ese punto, el cliente ha de estar bien informado por su abogado, ya que los hechos se van a llevar a cabo con cierta rapidez y conviene estar preparado para tomar decisiones efectivas en el mejor momento.

La celebración de un juicio rápido

La celebración de un juicio rápido requiere del cumplimiento de algunos requisitos imprescindibles. Esencialmente, éste se produce cuando se intuye que la fase de instrucción se va a tornar sencilla, o cuando todo el procedimiento relativo a las pruebas ya ha sido llevado a cabo por la Policía. Es decir, cuando en un mismo plano convergen variables como las declaraciones de cada una de las partes y las pruebas pertinentes, el juicio rápido tiene más posibilidades de prosperar.

De igual modo, no está de más señalar algunos casos en los que se dan circunstancias de este calibre. Así, destacan los delitos de robo, de hurto, de violencia doméstica o contra la salud pública, entre otros. Es decir, se trata de llevar a juicio rápido toda clase de delitos que no superen las penas de cinco años de prisión, que conlleven un procedimiento sin complicaciones y que sean flagrantes, es decir, en los que se haya pillado al acusado siendo culpable. Existen multitud de ejemplos que guardan este perfil, como es el caso del típico conductor que da positivo en un control de alcoholemia, donde se dan todas las variables para que se produzca un juicio rápido.

Cuestión de detalles

Esta modalidad de juicio lleva consigo algunas ventajas que conviene poner de relieve, el misterio queda reducido casi por completo, y se ahorra tiempo y dinero, sin duda, una manera importantísima de agilizar el día a día que sufren los juzgados en España. Un problema que acaba generando desconfianza entre los ciudadanos, con el posterior descrédito que se le asigna a la Justicia en términos generales.

En cualquier caso, hay que tener claro que cuando se recibe una citación para un juicio rápido es preciso acudir cuanto antes a un abogado, a fin de organizar un plan que esté a la altura de las circunstancias, y que sea capaz de discernir con claridad qué es preferible, presentar defensa o asumir conformidad ante el fiscal. Asimismo, es evidente que el juicio rápido no es producto de un acuerdo entre las partes implicadas, sino que proviene de las características que lleva consigo su procedimiento.

En definitiva, estamos ante una modalidad que exige un mínimo de conocimiento en la materia y contar con la habilidad de tomar decisiones certeras en cortos períodos de tiempo.

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