Acceso a la vivienda
El fenómeno del sinhogarismo oculto llega a Reus: "Creen que viven de alquiler, pero están en pisos ocupados”
El aumento de personas que viven en habitaciones o viviendas sin contrato escrito pone de manifiesto un fenómeno cada vez más extendido entre los colectivos más vulnerables

Los abogados de extranjería señalan que tres de cada cuatro inmigrantes acceden al mercado del alquiler de habitaciones.
Las dificultades para acceder a una vivienda digna, en un escenario en el que la oferta de alquiler es cada vez más reducida y la demanda más creciente, empujan a las personas con menos recursos a un mercado muy precarizado, donde la mayoría vive en habitaciones. De éstas, cada vez son más las que pagan alquileres sin contrato escrito, residen en inmuebles sin cédula de habitabilidad o en pisos ocupados, y comparten vivienda con otras familias. Este fenómeno, conocido como sinhogarismo oculto , también se extiende a Reus. «La política de vivienda actual aboca a estas personas a vivir en condiciones de infravivienda», explica Héctor Simón, profesor de Derecho Civil y director de la Cátedra UNESCO de Vivienda de la URV.
Una de las principales derivadas es la sobreocupación de las viviendas y, a su vez, la reticencia de algunos propietarios a facilitar el acceso al padrón, por miedo a dejar constancia de una situación irregular. «Muchos propietarios ponen trabas por razones fiscales o para no admitir la existencia de un alquiler no formal», señala el catedrático. Por este motivo, muchas familias tienen que ingeniárselas para poder empadronarse, un requisito básico para acceder al mercado laboral o a derechos esenciales como la sanidad, la escolarización o las ayudas públicas. El resultado son viviendas donde conviven tres o cuatro familias empadronadas, según constata el proyecto piloto del Habitatge Líquid, impulsado por la Cátedra UNESCO.

Ejemplo de hasta 3 unidades familiares diferentes empadronadas en una misma vivienda en Reus.
«Existe una ausencia de políticas de vivienda coherentes y una oferta insuficiente de vivienda social», añade Simón. «Los salarios no han subido, pero el precio de la vivienda sí, y eso provoca que muchas familias tengan que destinar más del 30 % de sus ingresos al alquiler». También advierte de que muchas quedan excluidas de las ayudas públicas por falta de acceso a internet, lo que agrava su vulnerabilidad.
Un techo no es sinónimo de vivienda reconocida
Tener un techo donde dormir no es sinónimo de tener una vivienda reconocida. Esa es la clave del sinhogarismo oculto, una realidad difícil de identificar por la falta de un contrato escrito entre arrendador e inquilino. Este hecho, además, dificulta los procesos de regularización, ya que muchas personas no pueden demostrar los dos años de residencia que establece la Ley de Extranjería para obtener el arraigo social o laboral.
Según Carolina Morales, abogada especializada en extranjería, «es muy difícil encontrar una habitación con derecho a empadronamiento; y obtener un contrato formal cuando se vive en situación irregular es prácticamente imposible». Calcula que el 80 % de las personas migrantes accede al alquiler de habitaciones, pero a menudo quedan fuera del sistema porque el propietario no autoriza su empadronamiento. «Muchos temen perder ayudas o ser fiscalizados», señala.
Más allá de la falta de contrato, Simón apunta que el sinhogarismo oculto se explica por diversos factores estructurales, como la escasez de vivienda asequible, la ausencia de apoyo familiar —especialmente entre la población migrante— y la insuficiencia de ayudas públicas.
Las entidades sociales que trabajan sobre el terreno confirman esta realidad. «Atendemos a familias que duermen ocho personas en una habitación», explica Javier Veraguas, presidente de la Fundació Bara de Reus. «Muchas creen que viven de alquiler, pero en realidad están en pisos ocupados, donde conviven tres o cuatro unidades familiares. Tienen un techo, pero hay que preguntarse si es digno, si pueden mantenerlo caliente o si existe sobreocupación», añade.
"8 personas viviendo en una misma habitacióN"
En Cáritas Reus, el diagnóstico es idéntico. «Hay muchísimas familias viviendo en habitaciones», afirma Raquel Castaño. «Nos encontramos con propietarios que se niegan a empadronar a los inquilinos, aunque paguen cada mes».
Además, el informe de vivienda adecuada no reconoce una habitación como domicilio válido, lo que cierra la puerta a muchas solicitudes de reagrupación familiar. Ante ello, crece el número de personas que se empadronan en domicilios donde realmente no viven, gracias a redes de apoyo de familiares o conocidos. Aun así, el Ayuntamiento de Reus aplica el Decálogo de la Generalitat para garantizar el padrón a todas las personas, con la voluntad de no dejar a nadie fuera del sistema administrativo.
Es muy difícil encontrar el alquiler de una habitación con derecho a empadronamiento
Héctor Simón advierte que, si no se actúa, habrá «más precarización, más malestar social y más personas sin hogar». Las soluciones, dice, pasan por una política de vivienda coherente, que garantice un acceso sostenible y asequible, y por reforzar el asesoramiento y el acompañamiento de las familias vulnerables.