Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

8.000 votos: la cifra maldita que hoy vale la alcaldía de Reus

Análisis. Todos los aspirantes firmarían el 26-M un resultado que en su día marcó derrotas históricas. Por abajo, 2.000 votos son el otro listón clave 

Josep Cruset

Whatsapp
Los siete cabezas de lista de los partidos que hoy están presentes en el Ayuntamiento. FOTO:alfredo gonzález

Los siete cabezas de lista de los partidos que hoy están presentes en el Ayuntamiento. FOTO:alfredo gonzález

El viernes empezó la campaña electoral para las municipales y europeas del 26 de mayo. Menuda guasa, debieron pensar muchos ciudadanos, sometidos desde hace tres meses –sino más– al patrón de la campaña permanente impuesta por los estrategas de los partidos. 
En Reus, los días previos vivieron la puesta de largo de Carles Pellicer en la carrera por la reelección. Sus fieles abarrotaron la Cambra de Comerç, donde el alcalde y cabeza de lista de Junts per Reus articuló el discurso programático más propositivo y concreto del ciclo de conferencias. Incluso los factores exógenos, que hasta la fecha no habían jugado a su favor, acudieron en su ayuda, porque sólo dos días antes la justicia había autorizado la candidatura europea de Carles Puigdemont. La tropelía de la Junta Electoral Central le ha hecho la campaña al expresidente de la Generalitat en el exilio y veremos si los réditos alcanzan también a los alcaldables de su partido.

Previamente, pasó por la Cambra la candidata de la CUP, Marta Llorens, que esbozó un programa con planteamientos llamativos, sobre todo a tenor del escenario. Por ejemplo, transformar el modelo productivo y promover una economía social y solidaria basada en empresas que crezcan sin ánimo de lucro. El próximo presidente de la Cambra, Jordi Just, lo escuchaba con cara de póker desde el patio de butacas.

Metidos ya en la recta final hacia el 26-M, todo apunta a que el electorado reforzará las tendencias marcadas en 2015, cuando algunos guarismos pasaron a formar parte del pasado. En tiempos no tan lejanos, el ganador de las municipales alcanzaba los 15.000 votos y competía por la mayoría absoluta, mientras el primer partido de la oposición sumaba más de 11.000. En 1991, el PSC venció con 13 de 25 escaños, y CiU le pisaba los talones con 10.

Por contra, en 2015 los convergentes ganaron con 8.300 votos y 7 concejales de 27. Ningún alcalde había gobernado con menos. Curiosamente, lo que antes era un fracaso –ocho mil votos fueron el peor resultado de CiU en la oposición y también los que obtuvo el PSC en su histórica derrota de 2011– ahora vale una victoria.

Todos los partidos firmarían hoy situarse en ese listón, que prácticamente garantiza la alcaldía, porque la ley electoral obliga a articular una mayoría absoluta alternativa (14) para desbancar al candidato más votado. Y con el marasmo de líneas rojas entre partidos que la coyuntura política actual impone a la hora de negociar alianzas, una alternativa se antoja quimérica. De hecho, el pacto que ha gobernado el ayuntamiento en esta legislatura (PDeCAT, ERC y Ara Reus) sólo suma 11 de 27 concejales.

Otra escenografía que se fue para no volver es la de un ayuntamiento con cuatro partidos, como se dio en las ya citadas elecciones de 1991. Muy al contrario, siete obtuvieron representación en 2015 y al 26-M concurren 12 listas con aspiraciones de sentarse en el pleno. Semejante overbooking marcará el escrutinio, porque una de las incógnitas de la noche electoral está en cuántas formaciones superarán la barrera del 5% necesario para alzarse con un acta –con un 60% de participación, este ratio se sitúa en unos 2.100 votos–. Pero estos datos también serán relevantes en pasiva, porque los sufragios que las candidaturas alternativas logren arañar a las grandes siglas pueden afectar decisivamente a la configuración de un pleno en el que la atomización provocará que quizá muchos escaños se decidan por muy pocas papeletas.

Otro conducta que se repitió hasta 2015 es la coincidencia entre el ganador de las generales en la ciudad y el de las municipales: así sucedió con el PSC de 1979 a 2007 y con CiU en 2011. Pero la regla se rompió en 2015, cuando CiU ganó las locales y En Comú Podem las generales de ese año y de 2016 –sorprendentemente, sin tener ningún concejal en el ayuntamiento–. ¿Sobrevivirá esta pauta o también se fue para no volver? ERC, que acaba de ganar las elecciones al Congreso y al Senado, lo comprobará en sus carnes.

Temas

Comentarios

Lea También