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«A los que sufren ‘bullying’ les digo que planten cara y que hablen»

Joan sufrió acoso escolar durante toda su infancia en un centro de Reus. Nunca dijo nada ni a profesores ni en casa por miedo y, ahora, después de años de tratamiento, asegura haber recuperado la confianza y no tener rencor

Montse Plana

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Joan superó la situación después de un largo proceso de trabajo personal. FOTO: fabián acidres

Joan superó la situación después de un largo proceso de trabajo personal. FOTO: fabián acidres

Se llama Joan, tiene 33 años y es de Reus. Ha vivido una larga temporada en el extranjero: primero en Inglaterra y después en el Canadá, donde, por primera vez, ha creído en él mismo y ha conseguido pasar página de un pasado marcado por el acoso escolar. Un proceso de cicatrización que ha sido difícil, largo y que ha logrado a través de un intenso trabajo personal que, ahora, quiere explicar. 

«Pensaba que era tonto de verdad. Así me lo hicieron creer mis compañeros de clase, que se metían conmigo día tras día por cualquier cosa: porque era el más alto, porque suspendía, porque llevaba zapatillas deportivas nuevas… Todo era un motivo para reírse», dice Joan, que asegura que no guarda rencor: «Quizás, si todo esto no hubiera pasado, no estaría donde estoy. He viajado, he crecido y tengo proyectos». 
Pasó toda su niñez y adolescencia en la misma escuela, «un colegio concertado de Reus, desde P3 a cuarto de la ESO» y, según señala, «siempre recuerdo haber sufrido bullying, con agresiones verbales y físicas». Además, se sentía solo, «los profesores nunca hicieron nada y yo tampoco lo expliqué ni en la escuela ni en casa. Pensaba que me convertiría en un chivato», confiesa, aunque ahora lo ve diferente. Si tiene que dar un consejo a alguien que esté pasando por lo mismo, lo tiene claro: «Que plante cara y que llegue hasta el final. Que hable también con alguien de lo que sucede y que no se vaya de la escuela. El acosado no tiene que irse».

Entre sus recuerdos hay un día en el que en los vestuarios le agredieron, dejándole marcas. Explica que la situación fue empeorando con la edad, hasta el punto que en cuarto de la ESO «únicamente iba a clase una vez por semana». 

Durante años fue al psicólogo, pero sin explicar lo que sucedía. «Era como una barrera. Incluso me intenté suicidar en una ocasión a base de pastillas», recuerda. Estaba estancado, pero, entonces, su pareja le propuso ir a vivir a Inglaterra. «Tenía miedo, pero la experiencia me abrió los ojos. En dos semanas encontré trabajo y en pocos meses dominaba el idioma. Por primera vez, confiaba en mí», subraya. La primera persona a quien le explicó que había sufrido acoso escolar fue su pareja. Además, recientemente se puso en contacto con la escuela, «pero me da la impresión de que tienen poco interés», añade.

Él ha conseguido salir del pozo y es consciente de que no todos lo logran. Es por este motivo que es socio de Aldeas Infantiles SOS, una organización especializada en el cuidado de niños en situación de riesgo. «Hago lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo», dice.

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