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Albert Solé: 'El documental me ha permitido conocer a un miró más humano'

C. Valls

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Solé, director de la película ‘Miró contra Miró’. FOTO: Anna Oswaldo cruz

Solé, director de la película ‘Miró contra Miró’. FOTO: Anna Oswaldo cruz

El festival de cine documental Memorimage de Reus continuará hoy viernes con las dos sedes, el Teatre Bartrina y el Castell del Cambrer, en activo. La programación de la jornada también acogerá dos proyecciones repetidas (una por la mañana en la sección Memorijove y otra por la tarde en la sección Oficial) de la película Miró contra Miró, del documentalista Albert Solé.
En dicha propuesta, Solé ofrecerá al público una visión poliédrica del artista Joan Miró. Gracias a la contribución del nieto del pintor, Joan Punyet, y una profunda investigación archivística, el director de Miró contra Miró inmortaliza los temores y las ilusiones de un creador nato. 
El resto de proyecciones del día serán Experimento Stuka (9.45 horas en el marco del Memorijove en el Bartrina), Ciudadano Fernando Gallego, baila o muere (de la sección Oficial, se podrá ver a las 21 horas en el Teatre Bartrina). Por otro lado, el Castell del Cambrer acogerá el visionado de la película El jovencito Frankestein a las 10 horas en la sección Vintage. 
 
¿Cómo surge ‘Miró contra Miró’?
Digamos que surge a raíz de las conversaciones que tengo con el nieto de Joan Miró, Joan Punyet. Efectivamente, me mostró el Miró más complejo. Tendemos a memorizar ese Miró luminoso, casi infantil, con aquellos dibujos tan originales... Y, cuando te detienes un instante a observar todo lo que se encierra tras esas composiciones, simplemente alucinas. 

Entonces ha conocido otra faceta del artista...
Tras esos trazos de colores vivos, en muchas ocasiones hay monstruos. Es decir, ves que hay un Miró mucho más torturado y que, posiblemente, siempre se ha disputado una lucha entre dos Mirós: uno más evasivo y a quien le gustan las estrellas y otro muy comprometido y autodestructivo en según qué facetas.

¿De quién fue la iniciativa entonces?
Por descontado, mía, y más después de conversar con Punyet. Es un verdadero lujo que, como documentalista, te puedas permitir poder indagar cuanto quieras. El documental me ha permitido conocer a un Miró poliédrico pero también más humano, en busca de su motor artístico. 

¿Qué ha descubierto de nuevo?
Soy un espectador de arte de formación media. Siempre me ha gustado el arte, pero nunca me he considerado un experto. Con este proyecto, he descubierto una infinidad de cosas, aunque a veces ser inexperto me ha traído algunas ventajas. 

¿Cuáles?
Generalmente te permite tener una óptica mucho más limpia que un entendido. No tener mucha información del personaje provoca que tengas que empezar de cero. Desde el primer momento me fascinó esa faceta autodestructiva de Miró.

¿Cómo fue la búsqueda de imágenes documentales?
Fue exhaustiva. Con cada búsqueda que hacíamos en archivos de París o Nueva York, vimos que esa figura oscura de Miró iba apareciendo más habitualmente. De hecho, de esos momentos de tensión, de ese Miró contra Miró, es de donde nacía el poder de la creación artística. 

¿Qué ha querido retratar?
Un Miró menos esperado y menos conocido. Hasta el momento, la película ha tenido muy buena acogida y aceptación. Creo que la gran inquietud de la gente que ha seguido a Miró –tanto la que administra su legado como la de la Fundació Miró–, ha luchado para que su arte no sólo sea una marca y no se trivialice. En cierto modo, quería demostrar que Miró era más que colores vivos y bonitos.

¿Cómo ha reflejado los momentos de incertidumbre del artista?
El reto ha sido recuperar todos los archivos visuales que había sobre Miró y ordenarlos de la forma correcta. ¿Cómo? Enlazándolos con su producción artística. Por tanto, se va viendo cómo en cada periodo de su vida se le corresponde  una inquietud. Su época surrealista, en la que se quiere comer París, encierra también muchos sentimientos, porque tenía que enfrentarse a los artistas consolidados del lugar. Es justo cuando quiere entrar de lleno en el movimiento artístico y crea el Carnaval de Arlequín.

¿Qué le ha gustado más de la trayectoria de Joan Miró?
Realmente me interesó mucho el Miró adulto y de edad avanzada. Es el momento en que se vuelve más provocador, cuando no se esconde de nada y quiere mandarlo todo al infierno. Esa acción de llegar a quemar un cuadro para provocar es brutal y además no muy lejana: miren lo que pasó con la obra de Banksy, destruida ha llegado a aumentar su valor. Una provocación hacia el mercado y el consumismo. La gran paradoja del mercado es que se concibe ese acto revolucionario como algo lucrativo y encarece, en este caso, el valor de la pieza. 

¿Eso imposibilita luchar contra el sistema?
Creo que Miró sabía de qué iba el juego, forzaba las reglas del mercado simplemente. En el fondo se reía. Otra cosa que me fascina de Miró es que cuando te detienes a mirar La celda del solitario I, II y III, por ejemplo, (una línea negra discontínua sobre un tríptico blanco), en la Fundació Miró de Barcelona, aún encuentras a gente que se cree que le toman el pelo. La búsqueda que ha dado lugar a Miró contra Miró, me ha ayudado a entender su arte. Al final de aquella línea, él encuentra la libertad, porque lo que representa es una síntesis de su arte.  Todo se convierte en una tarea profundamente poética.  

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