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Algunos barrios Reus pierden comercios básicos y de proximidad

Los vecinos de Mas Iglesias, a falta de una farmacia, se tienen que desplazar para comprar medicinas y los de Montserrat han visto cerrar la última tienda de comestibles hace poco

CRISTINA VALLS

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Los comercios de barrio aportan, según los vecinos del barrio Mas Iglesias, vida a diferentes partes de la ciudad. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Los comercios de barrio aportan, según los vecinos del barrio Mas Iglesias, vida a diferentes partes de la ciudad. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Hará algo más de semana que cerró «la última tienda de comestibles en el barrio Montserrat de Reus, las tiendas de barrio se están cerrando. No pueden competir con las cadenas de supermercados que han abierto en los últimos años», dice el presidente del barrio Montserrat, Domingo Martínez. En dicho negocio, apunta, se vendía pan y productos que te ayudaban a «salir del paso»; aquellas compras que, tal vez, se te habían olvidado en la compra de la semana.

«No lo pueden aguantar. Y es que, muy cerca, tenemos un Aldi y un Día y, a 500 metros, un Mercadona. Habiendo cerrado esta tienda que comentábamos, sólo tenemos un bar y ya está», resume. El pequeño negocio, aporta, «está obligado a echar el cierre porque no puede seguir el ritmo que le marca un supermercado más grande». Destaca razones como los precios y la variedad y cantidad de productos que tiene. «Es una lástima», reconoce.

El presidente de la asociación de vecinos El Roserar de Mas Iglesias de Reus, Francesc Jornet, secunda a Martínez: «No tenemos prácticamente tiendas de barrio en las que comprar alimentos de proximidad en Mas Iglesias. Nos acercamos a los supermercados y, allí, lo compramos todo». Pero para lo demás, tienen que desplazarse hacia los barrios próximos. «Si queremos verduras del territorio, nos vamos a una tienda que hay en el barrio Fortuny, pero por no tener no tenemos ni farmacia. Cafeterías sí, unas cuatro o cinco, pero lo que son negocios de comestibles, no hay», dice. Considera que «no estamos bien abastecidos en ese sentido». «Ese tipo de comercios darían mucha vida al barrio, que se caracteriza por el trato personalizado y cercano; pero, por cómo está montado todo, no pueden sobrevivir», añade.

En el barrio Sant Josep Obrer también ha bajado la persiana una panadería hace poco, según expone desde la asociación vecinal Associació de Veïns I de Maig, Eduardo Navas. En su defecto, han de desplazarse para ir a comprarlo a otro lugar o ir, directamente, al supermercado más cercano.

La aparición de nuevas cadenas de supermercados también ha hecho cambiar los hábitos de consumo. Así mismo lo corrobora el coordinador de la comisión de Comerç de la Cambra de Comerç de Reus, Pau Salvadó. «El comercio de barrio ha sido el primer afectado por las grandes cadenas de supermercados y, además, se han tenido que adecuar a las consecuencias provocadas por el virus. Precisamente por ello, han habido tantas iniciativas que han querido recuperar ese valor que tiene la proximidad y que tan bien ponen al alcance del cliente las tiendas de barrio», comunica.

Sobre su visión de cómo está la ciudad (a nivel tiendas de barrio), Salvadó dice que no cree que hayan ido a la baja, al menos a nivel global. «Se están manteniendo», valora. «Una de las cuestiones que han tenido que sortear muchas de estas tiendas es la digitalización, que es compleja si se quieren gestionar las ventas u ofrecer pedidos para entregarlos a domicilio», destaca.

Todo ello, manifiesta, tienen que mejorarlo obligatoriamente. «Muchas se encuentran en mitad de este proceso y no se trata de tener conexión a Internet y listo, sino de crear una logística adaptada a la tipología del comercio. Siendo tiendas pequeñas, autónomos, la estructura no es tan robusta como en el caso de grandes firmas comerciales y hay que pensarlo todo al milímetro», resuelve.

Desde la Cambra de Comerç de Reus dan servicio formativo a comerciantes del territorio. «Los que se encuentran en el extrarradio y los que están en el centro urbano tienen necesidades distintas. Realizamos talleres de venta minorista e incluso venta a través de WhatsApp, muy generalizada también», menciona.

Dichas formaciones tienen «bastante éxito, ayuda a tener más conocimiento sobre el tema y, en la práctica, te proporcionan muchas posibilidades». Sobre la especialización como factor de éxito en un comercio de proximidad, Salvadó observa que «lo importante es tener un negocio donde haya demanda y, el sector comercial ubicado a las afueras, si lo que quiere es especializarse, ha de tener mucha demanda; de lo contrario, no tendrá afluencia de público. La especialización se reúne, por lo general, en la zona centro, donde hay más gente de paso», informa.

La diversificación

Nos trasladamos al barrio Mare Molas, donde los emprendedores Mª José Satorres y Poly Domínguez tienen un negocio –El Raconet de la Fruita–, una frutería en la que promueven los hábitos saludables y comercializan productos del territorio. «Nosotros optamos por diversificar nuestra actividad. Más allá de la venta que podemos hacer a los vecinos que acuden normalmente a la tienda, vía Internet también nos vamos abriendo frentes: cerramos pedidos que, incluso, hacemos llegar a empresas o centros educativos en forma de cajas repartidas a domicilio con fruta de temporada», concreta. Y bien la pueden realizar desde el correo electrónico o WhatsApp. Los servicios, describe Satorres, «son más directos».

Sobre cómo han aprendido a utilizar todas las plataformas digitales que tienen, a día de hoy, en marcha, la emprendedora responde resuelta que «todo lo hemos aprendido de forma autodidacta», sí que reciben formación relacionada con el comercio, pero «tomamos la iniciativa y miramos muchos tutoriales», reconoce. Además, las características que, cree, que los comercios de proximidad ofrecen como valor añadido son «la confianza, la calidad del producto y todo lo que implica tener un trato familiar: «Llegas a personalizar el servicio y eso te lo agradecen mucho».

Otro factor que ponen sobre la mesa es su relación con productores de la zona. «Trabajamos con ellos y valoramos mucho contar con sus productos de temporada y todavía más tras la pandemia, su tarea es muy necesaria», continua. Por lo que se refiere a ponerse fronteras con un negocio local, en El Raconet de la Fruita aceptan pedidos de fuera de la ciudad. «No nos marcamos límites y no delegamos el servicio postventa a ninguna empresa. Lo hacemos todo nosotros; de esa forma, tenemos el control de todo el proceso», manifiestan.

Por otro lado, en el barrio Juroca, se encuentra la emprendedora Carmen Cruz. Desde hace casi 10 años («los hará en noviembre de este año», nos dice la misma) se encuentra al frente de Chuches Mamen. «No nos ha ido mal. Nos hemos adaptado a todo lo que ha venido. El barrio nos conoce y tenemos mucha clientela fiel, además de recomendaciones, tenemos clientes de todas partes. Es algo muy efectivo. Aunque voy usando las redes sociales para ir promocionando novedades de la tienda, todavía soy muy novata, me lo tomo con calma, pero hay que estar presente en ellas», anuncia.

Muchos clientes, eso sí, le hacen encargos a través de mensajería instantánea. «Algo que sí que hemos notado ha sido la baja demanda de patatas fritas envasadas. Desde que han abierto supermercados cerca es lo que quizás he notado más. He tenido incluso que devolver género. Pero todo lo que son chucherías a granel, no he notado pérdidas», remarca. Algo que la diferencia es que personaliza gran parte de sus pedidos. «Dedico tiempo a los clientes para que me expliquen qué es lo que quieren y, si es necesario, me adapto al presupuesto del que dispongan y ofrezco alternativas», enfatiza.

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