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Reus Formación

Alumnos del Institut d'Horticultura de Reus venden los productos que cultivan al cliente real

El Rebost de Bellissens es su pequeña tienda. Un simulacro de empresa en la que cultivan y venden hortalizas ecológicas

Mònica Just

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En primer término, a la derecha, Pilar Núñez, clienta habitual del Rebost de Bellissens, realizando su compra en esta pequeña tienda.

En primer término, a la derecha, Pilar Núñez, clienta habitual del Rebost de Bellissens, realizando su compra en esta pequeña tienda.

El Rebost de Bellissens es un pequeño mercado en un instituto. Un espacio de aprendizaje que pone a los alumnos en contacto con lo que se encontrarán fuera. Con el mundo real. Les permite trabajar todo el proceso de cultivo y comercialización de hortalizas frescas. Todas ecológicas. Y tratar con clientes reales, como si de una tienda de verdad se tratara.

Los estudiantes del ciclo de Producció Agroecològica del Institut d’Horticultura i Jardineria de Reus viven este proyecto pedagógico como una oportunidad. Aprenden a trabajar en grupo. A organizarse. A gestionar su producción y a llevar la contabilidad. «Está muy bien porque podemos tener contacto directo con el consumidor», apunta Omar Monzón, alumno del centro, mientras se encarga de la caja registradora. Él ya viene del mundo de la agricultura. Pero no había trabajado en la comercialización. Y ahora pueden llevar todo el proceso, de forma integral. «El objetivo final es que el alumno conozca la realidad y las dificultades que conlleva la gestión de una empresa real», explica Francesc Piñol, uno de los docentes que está al frente del proyecto.

Cada miércoles

Es un proyecto pedagógico que nació hace ya algunos cursos. Empezó como una pequeña propuesta y ha ido creciendo. Se ha consolidado. Va mucho más allá del aula. Un pequeño mercado semanal ubicado en el Mas Macaia –en las instalaciones del instituto en la carretera de Bellissens– , que abre cada miércoles de 10.45 a 11.15 horas y a la que puede acudir cualquier ciudadano de a pie. Incluso pueden realizarse pedidos online. «Desde que lo descubrí vengo cada semana. Estoy encantada. Son muy buenos productos, con precios competitivos. Por cierto, me encantan las fresas», explica Pilar Núñez, una clienta ya habitual de esta pequeña tienda que  conoció casi por casualidad.

El Rebost de Bellissens
A la izquierda, Rosa Plana, alumna del centro, atendiendo a una clienta en las dependencias de la carretera de Bellissens. Foto: Alba Mariné

Nati, por su parte, fue alumna de este ciclo. Ahora sigue estudiando en el centro. Pero ya se ha convertido en clienta habitual del Rebost. Los compradores también pueden degustar lo que han bautizado como ‘el petit esmorzar’, por cincuenta céntimos. 

«A mí me encanta. Porque trabajamos desde la semilla hasta la venta. Todos los procesos», explica Rosa Plana, estudiante del ciclo. «Nos ayuda a aprender a trabajar en grupo y a saber cómo funciona un negocio», apunta. En su caso, había tenido una tienda de tatuajes. Pero siempre le ha gustado la agricultura y vive en el campo. Así que decidió cambiar de sector y formarse en este ámbito. En la tienda, se organizan en tres grupos: el equipo de ventas, el de pedidos y el de marketing. Aunque su principal promoción es el boca a boca. Pueden realizarse los pedidos  –siempre dependiendo de las existencias– antes de los martes, a través del buzón del vestíbulo del centro, o por Internet (www.hortojardi.com). Incluso han creado tarjeta cliente.

«La idea es que cultiven la mayor gama de productos posible. Siempre de temporada. Que conozcan lo que supone trabajar cada uno de ellos», remarca Marisol Virgili, otra de las docentes que está al frente del proyecto junto a Francesc Piñol y Àngels Solé.

Una parte de sus ingresos va a la retroalimentación del Rebost. Otra, a una salida formativa para los alumnos. También destinan fondos a un proyecto agrícola que desarrollan en Senegal

«Todo es agricultura sostenible. En tres vertientes: la producción ecológica, la comercialización de productos de proximidad y la responsabilidad social corporativa», explica Francesc Piñol. Sus ingresos se destinan a distintos ámbitos. Una parte va a la retroalimentación del Rebost. Otra, al proyecto pedagógico: una salida de los alumnos para poner en práctica sus conocimientos. Y también destinan una parte al desarrollo de un proyecto agrícola en Senegal, de la mano con la ONG Fallou.

Vertiente social

Marisol Virgili subraya también la vertiente social del Rebost de Bellissens. «Los excedentes de cada miércoles van a un comedor social», explica. Lo hacen mediante la colaboración que mantienen con la Associació d’Ajuda al Pres i al Necessitat de Reus.

Para establecer los precios, se fijan en Mercabarna y aplican el porcentaje de pequeño distribuidor. No es una empresa como tal. Es un simulacro. Aunque lo más real posible. Es una acción similar a la de otros ciclos formativos, como por ejemplo, de marketing o informática. Les acerca al mundo que hay fuera y les abre muchas posibilidades. Su cartera de clientes es muy fiel. Les dan confianza. Y para los estudiantes, vendedores durante unas horas, esto es lo más gratificante.

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