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Anna Amigó: «En un cementerio hay muchas energías positivas»

Entrevista. La multiinstrumentista de L’Espluga de Francolí actúa hoy, con su arpa, en el concierto ‘Músiques per al retrobament’ en el camposanto de Reus para homenajear a los fallecidos del último año

JAVIER DÍAZ PLAZA

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Anna Amigó repasa con su voz y su arpa historias del romancero tradicional catalán. FOTO: MARTA AMIGÓ

Anna Amigó repasa con su voz y su arpa historias del romancero tradicional catalán. FOTO: MARTA AMIGÓ

Anna Amigó Vilalta (L’Espluga de Francolí, 1982) toca el arpa y explica y canta historias tradicionales catalanas con un denominador común generalmente: la figura femenina. Hoy actúa en el cementerio de Reus para homenajear a los fallecidos en el último año. El concierto, denominado Músiques per al retrobament, empezará a las 20.15 horas. El aforo es limitado y se necesita invitación. Habrá dos escenarios separados con actuaciones simultáneas y 150 espectadores como máximo en cada una: la de Amigó y otra de Albert Galcerà y Albert Carbonell. El acto servirá para conmemorar los 150 años del cementerio.

¿Es la primera vez que actuará en un cementerio?

Pues la verdad es que no. Suelo llevarme el violín al cementerio para cantar un último adiós siempre que un familiar cercano nos deja. La última vez fue en marzo de 2020, cuando murió mi padre. Pero si se refiere a tocar para la memoria de más gente, sí, esta será la primera vez.

¿Cómo afronta un concierto en un lugar tan especial?

Antes de un concierto, todos los músicos necesitamos concentración y pensar muy bien qué y dónde vamos a tocar. Sí que es cierto que los lugares nos influencian a la hora de hacer música, pero en este caso, creo que para bien. Un cementerio es un lugar donde confluyen muchas energías y factores positivos: naturaleza, memorias, emociones. Lo más importante es recordar que además de un público sentado también hay un público más allá de lo que vemos, y es en el que hay que concentrarse y dedicar la música antes de empezar. Estoy segura de que esta es la mejor manera, siempre con la máxima sensibilidad y respeto al lugar donde estamos.

¿La música es una buena vía para un homenaje de este tipo?

La música es buena para todo. No hacen falta palabras y una melodía puede llevarnos a un sinfín de lugares y recuerdos. Nos puede hacer reflexionar, reír, soñar, llorar… Cuando tenemos miedo, cantamos; cuando estamos contentos, cantamos. Hay muchas cosas que la música nos hace sentir y que a veces no sabemos explicar. Por eso la música siempre es la mejor manera.

¿Qué repertorio interpretará?

Yo me siento muy cómoda cantando historias del romancero tradicional catalán y en mis versiones me gusta hacer que la música acompañe lo que explico. Es decir, las canciones tienen diferentes cuadros y si algo es triste, la música suena triste, y si pasa algo alegre, pues suena alegre.

¿Qué historias cantará?

Pues algunas, pero dejemos un poco de suspense para la ocasión.

Lo hará acompañada del arpa.

La primera vez que vi una fue en L’Espluga, en un taller-concierto que organizó la Escuela de Música del Casal, donde yo estudiaba. Evidentemente, este instrumento solo se podía estudiar en Barcelona y quedó como una utopía. Hasta que un día, después de muchos años, pasé por delante de un escaparate lleno de arpas en Amberes. No te lo puedes imaginar. Era el paraíso. Evidentemente no me pude resistir y entré a preguntar y a tocar. A la semana ya estaba apuntada en una escuela en Bruselas y al cabo de poco me compraba mi primera arpa.

¿Qué tiene de especial?

Mucho, y supongo que cada persona le ve cosas diferentes: la forma, el sonido... A mí me gusta la fuerza física que necesitas para tocarla y la vibración. Cuando tocas una cuerda, esta sigue vibrando de pies a cabeza, como las personas, como cuando hablamos o cantamos. No pasa lo mismo con la mayoría de otros instrumentos.

También toca el violín y el piano.

Sí, los dos los aprendí en la Escola de Música del Casal de L’Espluga. Primero el violín y después piano como segundo instrumento. En casa ya tocaban el piano mi hermana, mi madre, mi abuelo… así que mis padres decidieron que yo tocaría el violín. Al final tampoco fue tan mal porque gracias a ello he podido llevarme el instrumento a muchos lugares y participar en diferentes grupos. Otro instrumento que me lleva tiempo es la voz, el canto. Quizás el más difícil de todos, porque lo usas constantemente y se debe vigilar mucho el desgaste. Cuando estás cansado, donde primero se nota es en la voz.

Ha vivido en Escocia, Francia, Alemania y, desde 2009, en Bélgica. ¿Este trasiego ha enriquecido su música?

Pues sí. La verdad es que cada país ha contribuido a algo diferente. En Francia y Alemania continué metida más en la música clásica, aunque en París, mi violín ya salía las noches de sábado para ir a La Liberté, el bar de mi grupo de amigos. Ya en Escocia fue el boom de la música folk y fue un buen entrenamiento para la improvisación y el acompañamiento. Allí es lo más normal del mundo ir con un instrumento al pub y tocar algo o acompañar a alguien que esté tocando. No tienes que pedir permiso. Solo tocar. Es una cosa que he echado mucho de menos al irme de allí. También fue una etapa muy buena para descubrir que la música de tu país tiene tanto valor como la de otro.

¿En qué sentido?

Al principio me parecía raro que me pidieran cosas de mi tierra, pero a base de tocar, al final terminaron todos por aprenderse canciones catalanas, como Margarideta, lleva’t de matí, pero a ritmo de reel. Ya en Bélgica seguí con el folk, aprendiendo, yendo a sesiones, bailes, festivales, tocando en grupos… y también empecé con el canto. ¡Y de todo este max mix, salen mis versiones!

¿En qué proyectos anda?

Aparte de este en solitario, el otro más importante que tengo es Formiga and Cigale: un dúo neofolk de violín y arpa con un espectáculo tipo cabaret. Con Eva, en diciembre cumplimos10 años en el escenario. Hemos podido participar en festivales de arpa como el de Dinan (en la Bretaña) o el de Noia (Galicia) en agosto, y antes de la pandemia presentamos un espectáculo incorporando una cobla, La Principal de Tarragona, en el escenario. Es un proyecto que quiero mucho porque nos atrevemos a ofrecer música de fuera circuito.

¿Y fuera de aquí?

En Bélgica colaboro con CJ Brennan, un cantautor inglés con el que estamos grabando un disco, y con Catalina Chamorro, con la que presentamos un espectáculo didáctico para estudiantes de ELE (Español Lengua Extranjera). Ambas combinamos la música con la docencia de español, de ahí la idea de un proyecto musical para las clases.

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