Blanca de la Sotilla: «La fotografía me ha dado mucha felicidad y cultura»

Especializada en eventos deportivos, le encanta animar a pleno pulmón a los participantes y pedirles saltos imposibles. En sus inicios, reconoce que la profesión fue una forma de terapia

Sílvia Fornós

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Blanca de la Sotilla con su equipo de fotografía profesional. Foto: Fabián Acidres

Blanca de la Sotilla con su equipo de fotografía profesional. Foto: Fabián Acidres

«Salto a una nueva semana, finalizando un fin de semana de muchísimo trabajo fotográfico. Os presento diferentes saltos de meta. ¡Me falta el triple mortal! ¿Lo conseguiré?». Este es uno de los últimos post en Instagram de @blancaladyclick. Detrás de esta usuaria está la interiorista –de martes a viernes– y fotógrafa –de viernes a lunes– Blanca de la Sotilla (Reus, 1975). Desde triatlones hasta maratones, pasando por circuitos de Trail y mucho más, el objetivo de su cámara es único cuando se trata de capturar saltos imposibles. Además, se ha hecho un nombre en los eventos deportivos porque siempre anima a pleno pulmón, siendo sus palabras un aliento para los participantes.

¿Cuándo empezó?
Estudié Interiorismo y durante la carrera ya tenía alguna asignatura en la que practicaba la fotografía, sobre todo en maquetación. La fotografía empezó siendo un hobby. Todo comenzó cuando un día fui a ver, cámara en mano, a un amigo que participaba en el Maratón de Tarragona, fue el 20 de enero de 2013. 

Es una incansable animadora. 
Todo el mundo me conoce porque a pleno pulmón animo a los corredores y las corredoras. Además, como soy muy mala recordando los nombres, a los participantes les identifico con apodos como míster tatoos, señorita piercing, míster gorra naranja.... Por ello, siempre me dicen que atraigo a las masas. 

Lo que empezó como un hobby se ha convertido en un trabajo.
Sí. Al principio mi nivel de fotografía era básico, por lo que empecé a hacer cursos para aprender y mejorar. Así, hasta llegar a 2016, que fue cuando comencé a ejercer profesionalmente.

¿Qué cambio?
Profesionalmente hubo muchos cambios, porque soy fotógrafa de viernes a lunes e interiorista entre semana. Además, ser fotógrafa de eventos deportivos requiere estudiar cada uno de los recorridos. Por ejemplo, para el Marató del Priorat el viernes fui a ver el itinerario para decidir cuál era el mejor sitio para hacer las fotos. 

¿Cómo adquirió el primer equipo fotográfico?
Mi padre nos dio un dinero, de parte de mi abuelo, a mis hermanos y a mí. Nos dijo que debíamos invertirlo en algo que fuera útil, como un coche, un piso, etc. Así que lo aproveché para comprar una cámara y un objetivo profesional.

¿Con qué cámara viaja?
Con una Sony Full Frame Alpha ILCE-7M2. Desde mis inicios he trabajado con esta marca.

¿Prefiere hacer fotos durante el recorrido o en la meta?
Prefiero mucho más hacer fotos en el recorrido, es decir, la ‘fotografía en acción’, aunque supone mucho más trabajo. Pero con uno de los organizadores con el que trabajo, muchas veces estoy en meta porque dice que soy la única que consigue que los corredores y las corredoras entren sonriendo. También, he de reconocer que al principio la meta no me gustaba, pero cada vez me gusta más porque veo como se expresan los corredores al cruzar la línea, donde lo complicado es conseguir la foto de cada corredor.

¿Los parámetros de la cámara cambian?
Quienes trabajamos profesionalmente en el sector de la fotografía, tiramos en manual, es decir, decidimos qué parámetros poner. En este sentido, cuando estás en meta el trabajo es más sencillo, tienes que cambiar poca cosa, dependiendo de si el día es soleado o nublado, de la velocidad del corredor al cruzar la meta, etc. En mi caso, disparo en formato RAW, es decir, tengo la foto sin procesar y yo misma la trabajo, lo que me permite conseguir una edición más completa y con mucha más calidad, vida y contraste.

Consigue fotos imposibles.
Por ello me conocen en el Camp de Tarragona, las Terres de l’Ebre y un poco en la provincia de Barcelona y Aragón. Como fotógrafa, a quien le gusta animar a los participantes, también me encanta pedir saltos. En mis inicios hacía ráfagas del momento por lo que cuando llegaba a casa me encontraba con miles de fotos. En cambio, gracias a los cursos profesionales que he hecho y la práctica, he conseguido con una única foto, capturar los saltos y muchas cosas más. No hay carrera en la que no pida saltos a los participantes y como no, muchas veces, ellos mismos me piden esta foto.

Su trabajo no acaba con el fin de las pruebas. 
No, ya que los organizadores, como es normal, quieren rápido las fotos. Yo las entrego entre 24 y/o 48 horas porque los corredores desean ver las imágenes por Internet cuanto antes, así que cuando termino un evento, empieza el trabajo de edición en el ordenador.

¿Qué le ha aportado especializarse en eventos deportivos?
La fotografía me ha aportado felicidad porque las crisis económicas han sido muy duras para el sector del interiorismo. De hecho, tuve que cerrar mi empresa, aunque sigo ejerciendo como autónoma. Desde entonces, la fotografía es una motivación. De lunes a viernes trabajo desde casa y cuando tengo obras o proyectos viajo, mientras que el fin de semana madrugo, cojo la mochila y el frontal y me calzo las zapatillas para poder llegar hasta lo más alto de una montaña para hacer fotos. 

¿Y la fotografía en general? 
La fotografía me ha brindado más cultura y tener una larga lista de amistades. Antes, cuando me decían que debía ir a Prades o Roquetes, se me hacía cuesta arriba, pero ahora lo hago con los ojos cerrados. Me conozco el Priorat de arriba abajo, tanto que podría escribir una guía turística (risas). Todo este conocimiento del territorio me lo ha aportado la fotografía. En mis inicios la fotografía fue una forma de terapia, y muy importante. Será por mi manera de ser, no lo sé, pero me siento muy querida, tanto por los organizadores como por todos los corredores y corredoras. Hasta el día de hoy, no me puedo quejar de nada.

También se ha abierto a otras modalidades deportivas.
Empecé con el triatlón, seguí con el asfalto, circuitos de Trail y Ultras, del que me encanta el ambiente. Ahora con el equipo que tengo, puedo hacer muchos más eventos, como en aguas abiertas, natación y vela, y la lista sigue.

¿En algún momento ha dejado de hacer fotos? 
El único fue durante el confinamiento porque el mundo se paró. Ahora, estoy otra vez a full. 

¿A qué ha tenido que renunciar por la fotografía?
En parte, a la vida social con los amigos, pareja, familia, etc. Lo normal de un fin de semana es ir a cenar, al cine, a bailar... Yo, en vez de estos planes, tengo que irme pronto a la cama para madrugar mucho, más que un día entre semana (risas), para ir a hacer fotos, pero no me importa porque me encanta la fotografía y, además de trabajar, ¡haces deporte!.

¿Se valora suficiente el trabajo de los fotógrafos?
Aunque lo que me da más vida y felicidad es la fotografía, a veces, te das cuenta de que hay gente, por suerte poca, que no valora el trabajo de un fotógrafo profesional que ha tenido que invertir tiempo y dinero en cursos para saber hacer bien una foto y tener un equipo adecuado y profesional. Todo ello tiene un coste, a lo que hay que sumar el tiempo que inviertes en editar las fotos. Así que, poca gente sabe realmente el tiempo que dedicas en conseguir un buen resultado en las fotos, no solo es apretar un botón. 

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