Cincuenta años de la mili en la base aérea de Reus

Reportaje. Casi una treintena de compañeros de la promoción de 1969 se juntaron ayer para celebrar la efeméride y aprovecharon para visitar las instalaciones

Montse Plana

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Fotografía de grupo de los compañeros que se reunieron ayer en el Aeropuerto de Reus.FOTO: A. González

Fotografía de grupo de los compañeros que se reunieron ayer en el Aeropuerto de Reus.FOTO: A. González

No cualquiera puede celebrar unas ‘bodas de oro’, aunque en el caso que nos ocupa no se cumplen cincuenta años de una unión matrimonial, sino del inicio de una larga amistad entre una treintena de hombres, todos ellos con una cosa en común: que forman parte de la promoción de 1969 del servicio militar en la Base Aérea de Reus, ubicada en el espacio que actualmente ocupa el Aeropuerto. 

La efeméride valía la pena rememorarla. Los miembros de la promoción ya hicieron un primer encuentro en 1994, cuando celebraron 25 años, y ahora, decidieron intentar organizar un segundo reencuentro. Y lo consiguieron. Ayer se reunieron casi una treintena de compañeros de la mili, acompañados por sus esposas, y lo hicieron donde forjaron su amistad: en la Base Aérea. Abrazos y emoción es lo que se pudo palpar en el momento de encontrarse ante la terminal del aeródromo, el punto de partida de la primera parte de la jornada: una visita a las instalaciones donde pasaron tantos momentos juntos, aunque, de esa época, poco queda en pie. Únicamente la torre de control y el Hangar de los Rusos, reubicado a un kilómetro y medio de su espacio original.

Algunos habían mantenido el contacto, otros no se veían desde el 25 aniversario e incluso había quien hacía justamente 50 años que no se veían. «Cuando me llamaron para decirme que se estaba organizando este evento me hizo muchísima ilusión», explicaba con cara alegre Anton Llevat, de Castellvell. En su caso, no pudo asistir a la celebración del 25 aniversario y a algunos hacía medio siglo que no les veía, «pero la gran mayoría están iguales, con la misma cara, pero eso sí, con menos pelo», bromeaba Llevat, quien subrayaba que 50 años «son toda una vida. Hemos sido padres, abuelos...», recordaba. Otro caso similar era el de Joan Antoni Monclús, de Benifallet, quien tampoco había podido asistir al encuentro de 1994 por cuestiones personales, «pero esta vez no me lo podía perder. Me hace mucha ilusión», exponía este productor de naranjas y mandarinas. 

Difícil tarea de contactos

En total, en la jornada de ayer se reunieron 26 compañeros de la mili de la promoción de 1969. Una tarea que no fue fácil. «La primera toma de contacto se hizo a través de una libreta de cuando nos licenciamos, pero claro, muchas direcciones ya no se correspondían. También buscamos a través de las redes sociales, listados telefónicos... Incluso contactamos con alguno llamando a algún vecino», explicaba Joan Boronat, de Tarragona, uno de los organizadores. Felipe Torra, de L’Espluga de Francolí, y ánima del encuentro celebrado ayer, incluso recordaba un caso en el que terminaron llamando al estanque del pueblo y, a través de una dependienta, localizaron a uno de los compañeros. 

La historia de este grupo empezó el mes de marzo de 1969, «cuando llegamos al acuartelamiento de San Lamberto, en Zaragoza», recuerda Boronat. Allí, recibieron dos meses de instrucción, «juramos bandera y, como que éramos voluntarios, pudimos escoger destinación, y ésta fue Reus». En agosto de 1970, se licenciaron, y atrás quedó un año y medio en el que día sí y día también habían compartido juntos en la Base Aérea, espacio que, ayer, volvían a pisar.

La primera parada obligada fue hacerse una foto de bienvenida en la entrada de las instalaciones y, después, tocó pasar el control antes de subir a una de las jardineras del Aeropuerto. Segunda parada: el Hangar de los Rusos. La construcción, de 1937, conserva la estructura original. Hace ya unos años que fue reubicado en un nuevo espacio y sus paredes y el techo son nuevos, «intentando mantener el aspecto original», explicaba Enric Morralla, el presidente del aeroclub reusense. «Aquí se guardaba un Junker», recordaban los asistentes, quienes también señalaron que las puertas que cerraban el espacio «pesaban mucho». Después de algunas fotos de recuerdo, la jardinera conduzco los asistentes hacia la torre de control. «Está igual. Únicamente han ampliado con un piso más», explicaban los excompañeros a sus esposas. 

La visita a las instalaciones del Aeropuerto terminó aquí, pero no la jornada. Y es que la ‘fiesta’ siguió en L’Espluga de Francolí, donde disfrutaron de una comida en el restaurante Art.

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