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Club Voleibol Reus: Cuestión de reacción

Con menos de medio año de vida, el equipo de voleibol local lucha por sumar más integrantes y conseguir un lugar donde sus jugadores puedan practicar

Cristina Valls

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El Club Voleibol Reus busca ampliar sus miembros. FOTO: A. MARINÉ

El Club Voleibol Reus busca ampliar sus miembros. FOTO: A. MARINÉ

El Club Voleibol de Reus se creó el pasado diciembre de 2016 con un objetivo muy claro: «Tener un equipo en el ámbito más local y crear algo grande relacionado con éste deporte, que necesita visibilizarse en la ciudad, porque creemos que por el momento es minoritario». Con éstas palabras el presidente del equipo de voleibol, José María Cano, hace también un llamamiento a todo aquel que quiera apuntarse, pues «cuantos más seamos, mejor». Y es que uno de los retos a los que se enfrenta el colectivo deportivo es conseguir un espacio para poder practicar. «El problema es el de siempre: no hay dinero. Por lo tanto, no nos podemos permitir comprar mucho material. Nuestro primer paso es buscar dinero y, por descontado, patrocinadores», continúa Cano. Hasta ahora, se han dirigido al Ayuntamiento y al Consell Comarcal para pedir un pabellón deportivo. «Lo que hemos hecho hasta ahora para que nuestros jugadores practiquen es trasladarlos a otro lugar y compartir instalaciones en Torredembarra», explica la vicepresidenta, Dora Gutiérrez. Cabe decir, que muchos de los jóvenes debido a su temprana edad no tienen cuentan con transporte propio ni carné de conducir. «Eso supone una desventaja. En consecuencia, cuando los padres no podemos acercarlos, pierden horas de práctica», prosigue Gutiérrez. Añade que otra de las metas que «perseguimos es la de fomentar la actividad y el deporte, una vida sana para nuestros jóvenes». Se fijan además en sus vecinos. «En Tarragona hay un equipo que jugará en la máxima categoría. Ellos nos sirven de referencia», dice José María Cano.

Algunos de los jugadores son Anna y Víctor Cano Rodríguez y Jael y Jair Catacora, ellos opinan que el voleibol tiene que tener un sitio en la capital del Baix Camp. «Yo empecé a jugar en Salou. Una amiga me lo sugirió, me animé y me enganchó. Entonces añadí a mi hermano Víctor», responde Anna, quien hace de líbero en las jugadas. Ella cubre el espacio de los atacantes a modo de defensa. «Cuando empezamos apenas sabíamos hacer toques pero con la práctica empezamos a saber qué posiciones iban más con nuestro modo de jugar», valora Víctor. Él juega de central. Por su parte, Jael explica que ella empezó en Bolivia con el baloncesto y su hermano Jair con el fútbol. Su familia siempre fue de deporte. De hecho, su padre, Gerson Catacora es el entrenador y aprovecha su experiencia –ya que en el pasado se dedicó al voleibol a nivel profesional– y empezaron a practicar en el colegio. «Allí nos convertimos en unos verdaderos unos aficionados», explica ella.

Cuando vinieron a España se dedicaron directamente al voleibol. Jael como colocadora y opuesta y Jair como colocador y punta. «Uno de los rasgos más difíciles del juego es acostumbrarte a reaccionar rápido al rotar y cambiar de posición», señala Anna. Jair habla por todos sobre buscar siempre un plan B: «No puedes jugar toda la vida, hay fecha de caducidad». Aun así, según Anna hay que realizar competiciones, de lo contrario «no hay propósitos».

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