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Consejos del alcalde desde el balcón

Diario de un confinado | La epidemia del coronavirus nos está dejando imágenes insólitas, como la del alcalde de Reus atendiendo a un ciudadano desde el balcón

Josep Cruset

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La escena es propia de otra época y otro lugar. Nuestra memoria cinematográfica nos lleva inevitablemente a asociarla al tiempo de Bienvenido, Mister Marshall, con el alcalde asomado al balcón del ayuntamiento despidiendo al enviado del señor Delegado o dando explicaciones a sus vecinos, en un pueblo como Villar del Río. O quizá es una escena que pertenece a todos los tiempos y a todos los lugares. En cualquier caso, sucedió el pasado lunes en Reus y, por fortuna, el fotoperiodista del Diari Alfredo González pasaba por allí para inmortalizarla. 


Un anciano que no sabía qué hacer ni a quién dirigirse respecto a unos trámites sanitarios relacionados con su situación personal y la de su esposa, fue a preguntar al ayuntamiento. El alcalde Pellicer, que había salido al balcón de su despacho, vio al vecino solitario en un Mercadal desierto y se interesó por lo que le había llevado hasta allí. La cosa derivó en una singular conversación con el alcalde ejerciendo de oficina de atención ciudadana desde el balcón y el jubilado preguntando apoyado en la farola.


Finalmente, el alcalde aconsejó al anciano que volviese a casa, no sin antes interesarse por la salud de su esposa. El episodio, más allá de una de tantas imágenes insólitas que nos está dejando la epidemia del coronavirus, revela también los dramas que laten detrás de la orden de confinamiento y que se irán agudizando con el paso de las semanas.


Personas de edad avanzada que viven solas en sus domicilios, tanto si pueden valerse por sí mismas como si sufren algún grado de dependencia, obligados a no salir de casa ni relacionarse con su entorno habitual, con el temor al contagio metido en el cuerpo, con la angustia sobre qué tienen que hacer con las cuestiones que conforman su día a día, con la degradación de la salud que conlleva todo este malvivir...


Un familiar me explicaba como la soledad es aún más devastadora en los entornos rurales. La única buena noticia que pude darle es queda un día menos para que esto se acabe... cuando se acabe.

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