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Cuatro años de prisión para un educador por abusos sexuales en Reus

Los hechos comenzaron cuando la pequeña tenía diez años en un centro de acogida

ÀNGEL JUANPERE

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La sentencia es de la Audiencia Provincial.  FOTO: DT

La sentencia es de la Audiencia Provincial. FOTO: DT

La Audiencia Provincial de Tarragona ha condenado a cuatro años de prisión a un educador que, durante años, abusó sexualmente de una joven que estaba en un centro de acogida de Reus.

Además, el hombre tiene prohibido acercarse a menos de 300 metros de la víctima y a comunicarse con ella por cualquier medio durante seis años. Durante cuatro está inhabilitado para el desempeño de profesor, educador o cuidador de menores de edad y durante cinco años estará en libertad vigilada.

Finalmente, tendrá que indemnizar a la joven con 3.000 euros. Es la pena que solicitaba tanto el fiscal como la acusación popular, mientras que la defensa pedía la absolución.

La sentencia recoge que la víctima residía en una casa de acogida de Reus junto con otros tres hermanos. En 2008, el acusado –de nacionalidad española y que entonces tenía 32 años– era licenciado en Pedagogía y comenzó a trabajar en el centro como educador. Lo hacía a turnos, que incluían horas nocturnas.

En 2012, cuando la víctima había cumplido 10 años, el acusado ya no desempeñaba las funciones directas de educador de la menor. Él comenzó a dejar en la habitación de ella, para que las leyera, cartas con mensajes afectivos y explícitos que incluían la palabra ‘amor’. Las cartas las recogía a la mañana siguiente. También le hacía, en exclusiva, regalos como prendas de ropa y flores.

Una noche, el acusado acudió a la habitación donde dormía la menor. Se acercó a la cama y le dijo que le venía a darle las buenas noches. Y el acusado comenzó a tocarle por todo el cuerpo. A partir de este momento, los tocamientos se produjeron con muchísima frecuencia, cada vez que se encontraban a solas en la casa –tanto en la habitación como en un despacho situado próximo a la sala de estar, donde por la noche los niños y educadores se reunían para ver la televisión–.

Entre junio y julio de 2015, el acusado, acompañado de dos menores, acudió con la denunciante al piso propiedad de él. Se introdujo a solas con ella en el dormitorio, mientras los otros dos menores se quedaban en la sala de estar viendo la televisión. El dos ocasiones, el acusado tocó a la joven por todo el cuerpo, incluso en sus partes íntimas. En una de las veces, como antes habían estado en la piscina, el procesado se bajó el bañador, aunque ella le dijo que se lo subiera, como así hizo.

Enamorado

El acusado, en varias ocasiones, dijo a varios menores que estaba enamorado de la joven. Esta era una niña responsable, buena estudiante y madura hasta que se produjo la marcha del acusado y se revelaron los hechos ahora juzgados. El impacto sobre su cotidianidad y equilibrio emocional alteró de manera marcada su actitud, que pasó a ser muy rebelde y de rechazo a las normas del centro.

El acusado ejercía un particular liderazgo entre los menores residentes en el centro, habiendo organizado un programa de actividades deportivas complementarias fuera. La menor tenía por el acusado un profundo sentimiento de admiración, cariño y confianza. Los responsables del centro advirtieron en diferentes ocasiones al procesado de que se abstuviera de dispensar trato preferente a la menor mediante regalos.

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