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De las 'manis' al Whatsapp

Las asociaciones de vecinos de finales de los 80, con líderes más combativos a pie de calle, han dado paso a entidades con gente joven al frente que usan las nuevas tecnologías para vehicular sus reivindicaciones
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Manifestación de los vecinos de Immaculada en el año 2000. Una imagen poco común hoy en día Foto: DT

Manifestación de los vecinos de Immaculada en el año 2000. Una imagen poco común hoy en día Foto: DT

Reus ha presumido, históricamente, de su tejido asociativo y el movimiento vecinal ha sido uno de los más activos durante los últimos años, especialmente desde la transición, cuando la llegada de las libertades permitió a la gente asociarse y poder salir a la calle a exigir a las administraciones que arreglasen sus problemas.

Unos cuantos años después, la capital del Baix Camp sigue contando con un potente entramado de asociaciones de vecinos, la mayoría de las cuales están amparadas bajo el paraguas de la Federació d’Associacions de Veïns de Reus (FAVR). No obstante, y aunque la finalidad de estas asociaciones sigue siendo la misma -trabajar por el bien del barrio-, está claro que los tiempos han cambiado, tanto en las demandas vecinales como en los canales utilizados para conseguir los objetivos.

A finales de los 70 y principios de los 80, el Reus que se dibujaba era totalmente distinto al actual. «Los barrios tenían serios problemas de urbanismo, infraestructuras y equipamientos», explica Valentín Rodríguez, presidente de la FAVR, quien añade que «había calles sin aceras, que se inundaban, o sin luz, por lo que las carencias eran evidentes y desde las asociaciones de vecinos había que trabajar para conseguir unas mejoras muy necesarias».

 

Las manifestaciones

En aquella época, muchos de los presidentes de las asociaciones de vecinos procedían del mundo sindical, y acababan de dejar atrás unos años de represión ideológica en los que estaba prohibido manifestarse. Es por eso que por aquellos años se convirtió en habitual ver a vecinos manifestarse detrás de una pancarta exigiendo al ayuntamiento que les solucionase sus problemas. «La gente era más militante que ahora y había que tomar la calle. Existían líderes vecinales muy potentes que arrastraban a la gente. La ciudadanía tenía claro cómo protestar para conseguir sus objetivos y por eso no dudaba en salir a la calle», comenta Valentín.

Hoy en día, el Reus que disfrutamos todos los ciudadanos (aunque siempre es mejorable) no tiene nada que ver con el de aquellos años. El presidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Reus explica que «las asociaciones de vecinos no somos tan reivindicativas y sí más colaboradoras con el ayuntamiento. Está claro que el consistorio no puede llegar a todas partes y aquí es donde las asociaciones de vecinos jugamos un papel importante para alertar sobre posibles problemas o carencias. Además, se nos tiene más en cuenta que hace años».

 

Mejor comunicación

Otro aspecto importante que ha influido en que los líderes vecinales no echen mano de las movilizaciones en la calle son los canales de comunicación con la administración local. Valentín Rodríguez comenta que «hay muchos más canales de comunicación con los concejales, que antes eran como ‘semidioses’. Ahora tenemos sus teléfonos móviles y en un momento puedes llamarlos o enviarles un Whastapp alertándolos de un problema. La comunicación es mucho más fluida y gracias a las redes sociales hay más proximidad, tanto con el ayuntamiento como entre los propios vecinos».

Precisamente, en algunas asociaciones de vecinos de la ciudad se ha producido en los últimos años un relevo generacional -necesario, por otra parte- que ha contribuido a que haya entrado gente joven. Unos presidentes de una generación que ve en las redes sociales una potente herramienta de comunicación. «Es normal que no se salga tanto a la calle a protestar porque existen muchos más canales de comunicación», insiste Valentín Rodríguez.

La evolución de las asociaciones de vecinos también ha ido de la mano de un cambio en los problemas que preocupan en los barrios. De la falta de aceras o alumbrado público hemos pasado a problemas, tal vez, no tan visibles pero igual o más importantes. El presidente de la FAVR pone un ejemplo para entender mejor esta evolución. «Hemos pasado de luchar por mejorar el continente (urbanismo, etc.) a hacerlo por el contenido (temas sociales, atención a las personas, etc.). En los últimos cuatro años, coincidiendo con la crisis económica, las asociaciones de vecinos han desarrollado una gran labor -mucho más discreta- de ayuda a personas necesitadas. Tenemos un protocolo con Serveis Socials para poder echar una mano en este aspecto», comenta Rodríguez, quien también recuerda que «en los últimos años también estamos trabajando desde la FAVR para que la gente joven y las mujeres se impliquen más en el movimiento vecinal».

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