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Del barrio del Carme de Reus a Hollywood

La Escola de Cinema de Reus cambiará por unos días el modesto local de la calle Sant Francesc por la alfombra roja de Los Ángeles

Josep Cruset

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Daniel Villanueva, frente a la puerta de los bajos del número 27 de la calle Sant Francesc, sede de la Escola de Cinema de Reus. Foto: Alba Mariné

Daniel Villanueva, frente a la puerta de los bajos del número 27 de la calle Sant Francesc, sede de la Escola de Cinema de Reus. Foto: Alba Mariné

La Escola de Cinema de Reus (ECIR) habita en un modesto local. Son los bajos del número 27 de la calle Sant Francesc, en pleno barrio del Carme. La cultura y la creación ya habían anidado desde mucho tiempo atrás por el vecindario. Calle arriba está la Escola d’Art i Disseny de la Diputació –en los últimos meses, sus conserjes se han hartado de indicar que la ECIR no está allí, sino en la calle contigua– y acera abajo la Escola de Dansa Artis, toda una institución en la ciudad, y el Institut Salvador Vilaseca.

Teniendo en cuenta que este espacio urbano quedó configurado a finales del siglo XVIII y no ha cambiado mucho desde entonces, es fácil imaginarse a alguno de los alumnos del instituto que más han dado que hablar, como el joven Antoni Gaudí, correteando por delante de lo que hoy es la ECIR. Pero estas cábalas resultan más propias del guión de algún biopic.

Otros reusenses identifican mejor el lugar por otra referencia distante solo unos metros. Me refiero al bar de la Penya Blanc i Blava de Reus i Comarca, punto de encuentro de aficionados a otro tipo de espectáculo.

El teléfono de Daniel Villanueva (Tarragona, 1982), fundador y director de la ECIR, no para de sonar esta semana. Igual que el timbre de la puerta de la escuela. Amén de atender innumerables felicitaciones, entrevistas y visitas de todo tipo, Villanueva sigue con las clases y se prepara para cambiar por unos días la calle Sant Francesc por la alfombra roja del Dolby Theatre ubicado en otro barrio, en este caso el de Hollywood, en Los Ángeles, porque la ECIR es productora de un cortometraje nominados a los Oscar. Timecode, dirigido por el profesor de la escuela Juanjo Giménez, es uno de los cinco candidatos a la estatuilla como mejor corto de ficción. Y a los productores les corresponde estar en la ceremonia. Y subir al escenario, si se da el caso.

«La gala de los Oscar es el 26 de febrero y el director ya estará el día 6 para el almuerzo de los nominados, pero yo debo seguir atendiendo la escuela. Intentaré estar en Hollywood una semana antes, como mucho dos», explica Daniel Villanueva. Son las limitaciones de esta versión reusense del sueño americano.

Villanueva se inició en la producción cinematográfica de pequeño formato desde muy joven, allá por el 2005, y ha emprendido proyectos de todo tipo. Fue responsable, junto con David Serra, de la Tarragona Film Oficce, pero el Ayuntamiento prescindió de sus servicios un año después de ponerla en marcha. Creó entonces Mifune Games, una de las primeras empresas de videojuegos para iPhone e iPad. «Quizá era demasiado pronto. Entonces no estaba desarrollada la inversión en startups. Cerramos cuando todo esto comenzaba, pero la experiencia me aportó una visión de 360 grados del sector».

Villanueva había colaborado desde siempre con Arturo Mendiz en la producción de cortometrajes y en 2012 ganaron el Goya con El barco pirata. «El premio nos hizo abrir los ojos y empezamos a gestar la ECIR. No había formación audiovisual en la provincia más allá de la reglada y nosotros queríamos montar una escuela superdemocrática, que enseñase a hacer cine desde cero, sin notas de corte».

La apertura

Llegado el momento, valoraron dónde sería mejor ubicar el proyecto, si en Reus o en Barcelona. «Por una inquietud personal me decidí por Reus, quería trabajar en casa y formar una familia», explica Villanueva.

Su madre, apasionada de la pintura, tenía unos bajos que había utilizado como estudio en la calle Sant Francesc, y en ese local de propiedad familiar nació la Escola de Cinema de Reus, una modesta aula con capacidad para una decena de alumnos. Y allí creció. «La ECIR es la empresa número 11 que he montado. He sido un tastaolletes, aplicando el método prueba/error y creo que al final he dado con un proyecto personal que me sobrevivirá».

En noviembre de 2013 abrieron puertas y descubrieron que tener un Goya no sirve de nada. «Nos encontramos con un desierto ante nosotros. Asumí la dirección, teniendo muy claro que la escuela debía acercar el mundo del cine y el profesional, romper la barrera entre estudios y trabajo a través del cortometraje». El profesorado se nutrió de profesionales de confianza, con los que había trabajado y compartido experiencias. Y la escuela fue despegando, hasta que llega el bombazo de Timecode. Palma de Oro del Festival de Cannes, nominado a los Goya y los Oscar y ya con más de sesenta premios más a sus espaldas. «Timecode enseña que la política de la escuela va por buen camino», afirma . Un rumbo que esperan mantener con Marcianos de Marte, de Fernando Trullols; Intenciones, de Ivan Casajús –coproducidas con Bastian Films–; El ídolo, de Eduard Veciana...

Dar el salto

Villanueva ha quedado como único accionista de la empresa, al asumir la participación de Arturo Mendiz. Y ahora tiene que plantearse el futuro. «En un año hemos triplicado alumnos y no sabemos que pasará el que viene. Tenemos las negociaciones abiertas desde hace tiempo con el Ayuntamiento para trasladarnos al Centre de Produccions Audiovisual de Reus, en el edificio Tecnoparc. No tenemos socios inversores detrás, por lo cual necesitamos de la colaboración pública. Somos marca Reus a nivel mundial y debería entenderse como un proyecto de ciudad. Podemos dar a Reus lo que la ESCAC significa para Terrassa. Si el salto adelante no es hoy, será mañana», afirma.

Daniel Villanueva también tiene entre ceja y ceja desde hace años hacer una película de animación, Carnivaland, cuyo pitch de proyecto ya ganó el premio del público del Anima’T de Sitges. Es un montaje presupuestado en 12 millones de euros para el que hay que buscar financiación y en el que ya se han invertido 200.000. Pero esta ya es otra aventura.

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