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Descanso ‘versus’ ocio nocturno

En plena ola de calor el Ayuntamiento de Reus anuncia que las terrazas no pueden abrir hasta más tarde de la una de la madrugada. El eterno debate de cada verano está servido

Joan Morales

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Imagen de la terraza de una heladería de la plaza del Mercadal de Reus. Foto: A.Mariné/DT

Imagen de la terraza de una heladería de la plaza del Mercadal de Reus. Foto: A.Mariné/DT

E s normal que, con 29 grados a la una de la madrugada y una humedad pegajosa y agobiante, muchos ciudadanos busquen (busquemos) en las terrazas de los bares un escape para hacer más llevaderas estas noches de insomnio veraniego. Las terrazas se han multiplicado en los últimos años en nuestra ciudad y, afortunadamente, tenemos donde elegir para poder sentarnos en busca de un fresco que se resiste.

Heladerías, bares, restaurantes, bares de copas... El abanico es muy amplio y la gente busca alargar el momento de irse a la cama porque sabe que le esperan unas sábanas pegagojas. Soy un ferviente defensor de las terrazas de verano. Dan ambiente a una ciudad. Le dan vida y permiten que los ciudadanos podamos sentarnos a una mesa a charlar mientras degustamos unas tapas o nos bebemos una cerveza. 

En plena ola de calor, el Ayuntamiento de Reus anunciaba hace unos pocos días que limitará el horario de cierre de las terrazas para facilitar el descanso de los vecinos. Hasta ahora, este horario se podía alargar hasta las tres de la madrugada, mientras que a partir de ahora quedará limitado a la una de la madrugada, un horario que según explican desde el consistorio unos 80 negocios -de los más de 300 con terraza que hay en la ciudad- ya aplican.

El Ayuntamiento ha limitado el horario de cierre de las terrazas a la una de la madrugada

El Ayuntamiento defiende esta reducción en el horario de cierre de las terrazas asegurando que existe una necesidad de «hacer convivr el ocio nocturno con el resto de actividades que tienen lugar en la ciudad y, especialmente, para evitar las actitudes incívicas que se pueden producir en la vía pública».

Razón no le falta. De lo que se trata es de que aprendamos a convivir todos, con nuestras diferentesinquietudes, aunque para ello haga falta que todas las partes pongan un poco de empatía de su parte. Por un lado, los usuarios de las terrazas deben entender que se puede estar hasta las tantas de la madrugada tomando algo sin tener que estar dando voces o armando un escándalo de mil demonios. A cambio, el ra to se puede pasar de una manera tranquila, sin molestar a nadie.

Por otro lado, los vecinos que están en sus casas intentando descansar también deberían ser un poco más flexibles y entender que estamos en verano, que somos mediterráneos y que es lógico que el bullicio se alargue un poco más de lo nomal en las terrazas durante esta época del año.

Yo soy uno de los que intento aplicarme esta dosis de empatía. Por un lado, soy usuario de terrazas y -como el primero- de vez en cuando me siento en una a tomar algo sin mirar el reloj. Pero también soy vecino y, otras veces, soy el que está en la cama intentando dormirse sin éxito por culpa del bullicio que tengo debajo de casa. Soy de los que tiene la suerte (sí, la suerte) de tener debajo de casa varias terrazas de bares e intento ser comprensivo con unos negocios que sudan la gota gorda para salir adelante.

Por eso, cuando a veces la fiesta se alarga un poco más de lo normal en alguno de los bares de mi zona, intento armarme de paciencia, sobre todo en esta época del año y durante los fines de semana. Otra cosa distinta sería que un martes cualquiera de invierno, por ejemplo, a las tres de la mañana no pudiese dormir por culpa del jaleo que arman los  consumidores de terrazas.

En fin, que con el debate de todos los veranos otra vez encima de la mesa, aprovecho estas líneas para -una vez entendidas las dos partes- defender las dos posturas. No es fácil, pero hay que intentar no perder la sana costumbre de sentarse en una terraza por la noche, pero siempre intentando respetar el descanso de los demás.

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