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Divulgación científica con un particular toque de humor

REUS. El Teatre Bartrina acogió ayer la final del concurso ‘Vols saber què investigo?’con seis estudiantes de doctorado de la URV como aspirantes del certamen científico

Sílvia Fornós

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Imagen de los participantes, junto a los monologuistas de la compañía Big Van Ciencia.  FOTO: Alfredo González

Imagen de los participantes, junto a los monologuistas de la compañía Big Van Ciencia. FOTO: Alfredo González

Con un lenguaje entendedor y atractivo y en cinco minutos. Son las reglas básicas del concurso de divulgación científica Vols saber què investigo?. Seis estudiantes de doctorado de la Universitat Rovira i Virgili (URV) fueron este año los aspirantes que subieron al escenario del Teatre Bartrina para explicar, frente a una joven platea (más de 400 estudiantes de nueve institutos del Camp de Tarragona) qué están investigando. 

El espectáculo, que también contó con los monólogos de la compañía Big Van Ciencia, está organizado por la Unitat de Comunicació de la Ciència de la URV – ComCiència y cofinanciado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) – Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y por la Diputació de Tarragona.

El primero en afrontar el reto fue José Ignacio Sánchez. Minutos antes reconocía que participar «es un reto personal y me he dado cuenta de la labor compleja que hay detrás de los monólogos científicos». En el escenario, José Ignacio Sánchez habló de Comunicando la marca de ciudad. Recalcó que hay características de las ciudades que se utilizan con fines de marketing. «Dicen que París es la ciudad del amor, que Viena la ciudad de la música y que Copenhague es la ciudad más feliz del mundo», refirió el investigador, para exponer que «las marcas de ciudad son representaciones de pensamientos, sentimientos y aspiraciones de lo que quieren ser». Sus últimas palabras fueron que «no hace falta haber nacido en una ciudad para quererla».  

Del hambre y de cómo una alimentación variada puede ayudarnos a saciar esta sensación habló en su monólogo, Els jocs de la fam, Carme Grau. La investigadora dio una lección sobre la importancia de tener unos buenos hábitos alimentarios. Para captar la atención del público, hizo un símil con la película Los juegos del hambre, «donde el hambre es la dictadora y los alimentos quienes deben saciarla» porque «con una alimentación moderada y equilibrada, no hay alimentos que sobren o que falten». 

A través del monólogo Urani, t’excites?, y con bata blanca, Enric Petrus expuso las reacciones fotoquímicas de este elemento. Tras proclamar el 150 aniversario de la Tabla Periódica, el investigador centró su exposición en el uranio que «es como el Neymar de la Tabla Periódica porque a veces es más conocido por la que lía, que por lo bien que juega al fútbol». Una lección magistral de que «la ciencia ni es buena ni es mala, sino que depende del uso que hagas de ella». 

La doctoranda Serena Galiè dedicó su exposición a hablar de «Somos lo que comen nuestras bacterias, es decir, de todos los microorganismos que viven en el intestino». La investigadora recalcó la importancia de la microbiota para la salud y su papel en el desarrollo de algunas enfermedades. En cifras, reveló que «estos compañeros de vida, íntimos y personales que viven dentro de nosotros, son una masa de 2 kilos de microorganismos, entre los cuales hay bacterias, hongos, parásitos…». 

Por su parte, Miguel Ángel Orden habló de La empatía en las tecnologías de la información y cómo afectan a la experiencia del turista. «¿Quién conoce a Siri, Alexa o Sophía, la primera robot ciudadana del mundo?». Con esta pregunta, el investigador interpeló al público y le hizo reflexionar sobre «que todo desarrollo tecnológico debe poner en valor, primero, a las personas», ante el reto de que «en el campo de la tecnología, la Inteligencia Artificial se aproxima a la simulación del comportamiento empático en agentes virtuales».

A través del monólogo Tants anys d’estudiar per acabar a pic i pala, Joel Ametlla hizo una defensa acérrima de que «puedes estudiar lo que quieras que después, en función de tus conocimientos, podrás seguir la dirección que quieras». El investigador habló de la fortificación de las fronteras catalanas durante la Guerra Civil, como la poco conocida Línea del Cinca, una investigación multidisciplinar que lleva a cabo y que «aúna historia, geografía, arquitectura, doctrinas de combate, etc.». En esta línea, hizo una crítica a la visión actual de las guerras «como algo divertido en los videojuegos». Para ello, sacó un fusil y dos bayonetas que, en palabras de Joel Ametlla, «son objetos que demuestran como el ser humano es capaz de diseñar utensilios para matar, de forma más efectiva, en cada guerra».

El veredicto

Como en cualquier concurso el jurado –formado por el director de la Escola de Doctorat, Josep Ribalta; la profesora del departamento de Estudis de Comunicació Carlota Moragas y el monologuista científico y miembro de la compañía Big Van Ciencia, Alberto Vivó– otorgó el primer premio al investigador Enric Petrus. Mientras, el segundo premiado fue el doctorando Joel Ametlla, quien también se alzó con el premio del público. 

La jornada concluyó con un reconocimiento a la divulgación científica. En palabras de Josep Ribalta, «los científicos estamos al servicio de la sociedad y es una obligación ser capaces de explicar lo que hacemos» y su deseo fue que «dentro de unos años, algunos de vosotros estéis en el escenario y nos deleitéis con vuestra ciencia». 

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