Dos desmarques significativos

JxCat anuncia un liderazgo alternativo a Pellicer para 2023, mientras la CUP se distancia por primera vez de parte del caso Innova

JOSEP CRUSET VALLVERDÚ

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El alcalde de Reus, Carles Pellicer (PDeCAT), flanqueado por las concejalas Montserrat Vilella y Teresa Pallarès (JuntsXCat). foto: fabián acidres

El alcalde de Reus, Carles Pellicer (PDeCAT), flanqueado por las concejalas Montserrat Vilella y Teresa Pallarès (JuntsXCat). foto: fabián acidres

En lenguaje futbolístico, el desmarque de apoyo es aquel en que los atacantes se liberan del marcaje del adversario, alejándose o acercándose del poseedor del balón con el objetivo de darle soluciones favorables. Así podríamos definir la jugada de la CUP en respuesta a la decisión del juez instructor de archivar las piezas 3, 5 y 10 del caso Innova, que se suman al reciente carpetazo a la 4.

Los cupaires han anunciado que no se opondrán al archivo de estas causas porqué «igual como se ha hecho en otras, las piezas 3, 4, 5 y 10 no se incoaron a raíz de la denuncia de la CUP presentada ya hace diez años a Fiscalía, sino que fueron promovidas por la Policía Judicial y la Fiscalía a raíz de las prácticas que realizó la primera motivadas por nuestra denuncia». La formación anticapitalista aduce que su papel como acusación particular en estas piezas se ha limitado a «ir siguiendo» las diligencias realizadas.

Esto es así, aunque cabe matizar que en la 5 –compatibilidad de cargos del exdirector general de Innova y expresidente del Institut Català de la Salut, Josep Prat– la CUP presentó denuncia ante la Audiencia Nacional, si bien fue la Oficina Antifrau dirigida por el juez Daniel de Alfonso la que abrió investigación de oficio.

En cualquier caso, el movimiento es significativo, porque por primera vez los cupaires marcan distancias con parte del caso Innova, que ha sido su gran bandera política en la ciudad. Y lo hacen para desvincularse de unas piezas de las que «no ha resultado nada», según el propio juez, tras haber dejado un reguero de detenciones e imputaciones carentes de base y que es difícil no relacionar con la campaña de los poderes del Estado contra el proceso independentista catalán.

Ante semejante panorama, la CUP defiende su labor replegándose hacia las denuncias iniciales instadas por el exconcejal David Vidal, que están pendientes de juicio. Un paso atrás inédito al que se habían resistido hasta ahora, pese a llevarles a situaciones tan paradójicas como ser la única parte que respalda la versión de la Guardia Civil en la causa por la construcción del CAP de Vila-seca. Recordemos que está pendiente de juicio y que incluso la Fiscalía pide exonerar a los procesados al no apreciar ningún delito. La llamativa inconsistencia de las acusaciones también invita a recelar de las motivaciones de un caso que apuntaba al entonces alcalde y presidente de la Diputació en un momento en que las diputaciones catalanas intentaban crear una Hacienda propia con vocación de estructura de Estado.

Desmarque de ruptura de JxCat

Volviendo al fútbol y a los desmarques, el de ruptura es aquel en que los atacantes se liberan de los marcajes acortando distancias hacia la portería o buscando profundidad en el juego. Así cabría calificar el comunicado emitido esta semana por la ejecutiva local de Junts per Catalunya (JxCat), coincidiendo con el acto de balance de acción de gobierno protagonizado por el alcalde y todos los concejales de la coalición Junts per Reus –JxCat y PDeCAT–.

La nota decía: «Atendiendo al actual peso político de Junts en el país y en la ciudad, a que el PDeCAT no consiguió representación parlamentaria el 14-F y fijándonos también en los resultados de las últimas citas electorales en Reus, entendemos que nos corresponde a Junts liderar la candidatura a las elecciones municipales del 2023, y lo haremos siendo generosos con quienes quieran implicarse en el proyecto. En JuntsXCat tenemos vocación de liderazgo, tenemos muy claro que nos presentaremos con nuestras siglas. Partiendo de aquí, muchos escenarios quedan abiertos. Estamos dispuestos a encabezar una gran alianza».

Los de Puigdemont anunciaban a las claras que promoverán un liderazgo propio y alternativo al del actual alcalde, Carles Pellicer (PDeCAT), de cara a las municipales y supeditarán la reedición de la coalición a que la alcaldable sea de JxCat. Es decir, Montserrat Vilella o Teresa Pallarès.

El comunicado podía entenderse como una respuesta al artículo publicado días antes por Pellicer en el Diari –que finalizaba suscribiendo el lema electoral de 2019: «A Reus, Junts per Reus. A Reus, Carles Pellicer»–, pero el hecho de que estuviese en manos de los medios de comunicación mientras el alcalde y los concejales vendían buena sintonía y unidad de acción, tenía efectos corrosivos. No sólo contraprogramaba la noticia sobre el balance del gobierno, sino que se convertía en un torpedo que iba mucho más allá de reforzar las intervenciones de Vilella y Pallarès en el acto subrayando que ahora militan en el partido de Puigdemont. La única explicación alternativa es que en JxCat ignoren la importancia política de administrar los tiempos.

En cualquier caso, la consecuencia fue que el balance de la legislatura quedó eclipsado y ambas partes tuvieron que esforzarse en sofocar el incendio. Un resultado intempestivo para un acto por lo demás bien escenificado, pese a que llegaba con medio año de retraso por la fractura en el espacio posconvergente.

El proceso de escisión entre JxCat y el PDeCAT había impedido realizarlo a su tiempo, coincidiendo con en el ecuador de legislatura, por lo que ERC se adjudicó esa mano por incomparecencia del competidor. Que seis meses después las dos almas de Junts per Reus se aviniesen a repararlo pareció el último acto de servicio del jefe de gabinete de alcaldía, Marc Just, antes de cambiar de aires. Lo que seguramente no esperaba era recibir una ráfaga de fuego amigo como despedida.

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