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Dos historias impagables de Antonio Martra

Adiós a un dirigente. Dejó huellas inolvidables, como la elección de Reus como subsede olímpica o las peripecias del gran Reus Deportiu

Josep Cruset

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Contaba Antonio Martra que un día de 1985, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, convocó a cuatro personas en Lausana (Suiza). Eran los máximos responsables de las federaciones internacional, europea y española de Patinaje y daba la casualidad que dos de eran reusenses: Manuel Domènech, presidente de la Federación Española, y el propio Martra, por aquel entonces vicepresidente de la Internacional y de la Española. Samaranch no se fue con rodeos. Les adelantó que Barcelona tenía muchas posibilidades de organizar las Olimpiadas de 1992 y, si así sucedía, el hockey sobre patines –disciplina en la que Samaranch había forjado su carrera– participaría como deporte de exhibición. Pero, por disponibilidad de instalaciones, Barcelona sólo podría acoger la final, mientras que el resto del torneo debería disputarse en otras sedes. El presidente del COI dejó en manos de los presentes la elección de dónde. 

Antonio Martra, empresario, expresidente de la sección de hockey del Reus Deportiu y expresidente de la Federación Española de Patinaje, falleció el pasado martes. FOTO: T.M./DT

Dado que los restantes dirigentes internacionales del hockey pensaron que la decisión les correspondía a Domènech y Martra, ambos esbozaron una propuesta, que curiosamente se gestó durante un encuentro con el periodista Alfonso González, entonces en Ràdio Popular de Reus. La idea inicial fue celebrar la competición en Reus y Voltregà, como referentes históricos del hockey catalán, lo que además permitía llevar las Olimpiadas a norte y sur de la geografía catalana.

En bandeja

Cuando Barcelona ganó la nominación para los Juegos del 92, Domènech y Martra se plantaron en el despacho del alcalde, Josep Abelló, para ponerle en bandeja que Reus fuese subsede olímpica.

El plan fue bien recibido, aunque las necesidades infraestructurales del evento obligaron a sustituir a Voltregà por Vic y se añadió a Sant Sadurní de Noia. Ambas localidades acogerían la primera fase, que daría paso a la liguilla semifinal en Reus. El resto de la historia, que incluyó la construcción del Pavelló Olímpic Municipal, ya es parte destacada de la memoria colectiva de la ciudad.

La designación de Reus como subsede olímpica –a la que siguieron los mundiales de hockey y patinaje, concedidos a la ciudad durante su presidencia de la Federación Española– es una de las huellas profundas que Antonio Martra, fallecido el pasado martes, dejó en el deporte reusense. 

La otra, veinte años anterior, es la de un joven Martra en la directiva de la sección de hockey del Reus Deportiu que alumbró al gran equipo de las seis Copas de Europa. Cuando tomó el relevo de Engelbert Borràs en la presidencia, vivió en primerísimo plano algunas de las innumerables peripecias de aquella epopeya.

La decisión de dónde jugar el torneo olímpico de hockey quedó en manos de dos reusenses

De los muchos e impagables relatos que le escuché, seguramente el más insólito fue el carrusel de altercados e intrigas que acompañaron a la eliminatoria de 1968 contra el Mataró, una de las más polémicas que se recuerdan.

Gracias al patrocinio de una importante industria textil, el Mataró había formado un superequipo con el que se proclamó campeón de España y participó en la Copa de Europa junto al Reus, que lo hacía como defensor del título. Los mataronenses eliminaron al Benfica del gran Livramento y en semifinales se cruzaron con los rojinegros, a los que ya habían vencido en los dos partidos de liga. Pero Sabater y compañía no tenían ninguna intención de ceder su corona europea. 

La ida se disputó en Reus en un pabellón abarrotado donde por primera vez se habían instalado gradas supletorias. El encuentro fue un rosario de incidentes en la pista y hasta en el palco de autoridades, donde también hubo de todo. El Reus ganó 3-1 y como resumen quedaron las palabras de los presidentes de las federaciones Española e Internacional: «Lo que hemos visto no es hockey y así no se puede continuar».  

La vuelta en Mataró se preveía turbulenta y más cuando algunos seguidores rojinegros organizaron –con gran éxito– una falsificación masiva de entradas para poder acceder a la pista del Velódromo de Mataró, después de que el club anfitrión se negase a vender ninguna a los aficionados visitantes.

El equipo reusense llegó protegido por un convoy de la Guardia Civil y el partido fue una nueva molienda a palos. Avanzada la segunda parte y con 1-1 en el marcador, Sabater fue agredido por un rival y quedó tendido en el suelo. El árbitro pidió que los guardias civiles entrasen en la pista y suspendió el encuentro. Martra recordaba que nunca había salido de un pabellón tan escoltado y en medio de tantos insultos.

Un insólito tercer partido

Para mayor embrollo, el reglamento europeo estipulaba que el partido debía volver a jugarse desde el inicio. Alarmados por la espiral de desórdenes y escándalos, el máximo mandatario del deporte español –precisamente Samaranch– y el ministro del ramo tomaron cartas en el asunto.

Martra fue de los pocos testigos directos de todo lo que sucedió en los cinco días que mediaron entre la suspensión y el tercer partido, que se jugó a puerta cerrada en Barcelona. Reuniones a cara de perro entre los responsables federativos y los dos clubes, maniobras y presiones políticas...

El Reus se sentía muy perjudicado, dado el resultado y el tiempo de juego restante cuando sucedieron los hechos, pero Martra recibió un consejo desde las altas esferas: no hacer nada y guardar silencio, porqué «todo está arreglado». Cabe suponer que las autoridades deportivas vieron los riesgos que significaba la aplicación de ese artículo del reglamento y quisieron transmitir que la suspensión y repetición de un partido a raíz de una agresión no iba a favorecer al infractor ni dar pie a voltear un resultado.

El Reus perdió 1-0 ese tercer partido –con un arbitraje muy protestado por el Mataró– y, por tanto, pasó a la final, donde ganaría su segunda Copa de Europa.

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