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Edilberto Daza en Reus: «Mostrar otra realidad ayuda a valorar la que te envuelve»

Programa de charlas de sensibilización del proyecto 'Ciutats Defensores dels Drets Humans' en diferentes institutos

Cristina Valls

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El defensor de los Derechos Humanos en Colombia, Edilberto Daza, momentos antes de ofrecer una charla ayer en Reus. Foto: Alba Mariné

El defensor de los Derechos Humanos en Colombia, Edilberto Daza, momentos antes de ofrecer una charla ayer en Reus. Foto: Alba Mariné

Por segundo año consecutivo, Reus se adhiere al proyecto Ciutats Defensores dels Drets Humans, con la diferencia de que este año invita a cuatro defensores de los derechos humanos (DDHH): Chema Caballero (España), Yolanda Oqueli (Guatemala), Edilberto Daza (Colombia) y Patrício Vindel (Honduras). Edilberto Daza, líder campesino de los departamentos de Meta y Guaviare, fue uno de los primeros en iniciar las charlas. Ayer lo hizo en el Institut Domènech i Montaner. 

Daza forma parte de la Fundación por la Defensa de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario del Oriente y el Centro de Colombia (DHOC) y la Asociación Campesina Agrogüéjar-Cafre, una organización que durante años ha  trabajado en la defensa de los DDHH, del medio ambiente, del territorio y trabaja en la búsqueda de personas desaparecidas en el conflicto. 

A los 13 años empezó a trabajar con las comunidades y velar por los DDHH... 

Sufrí el primer desplazamiento forzoso de mis tierras a los siete años y otro a los trece. Fue entonces cuando nació en mí una disconformidad con la situación que se vivía en Colombia.

Había que reclamar los derechos de las comunidades. Crecí en una región llena de dificultades, sin apoyo del Estado. Todo era persecuciones, estigmatización, amenazas, encarcelamientos y asesinatos, acciones encabezadas por los paramilitares. El problema de la tierra es uno de los que más persecuciones genera.

Sólo unos pocos son dueños de tierras y, por avaricia, se sigue desplazando a campesinos de sus campos, sin garantías de poder tener una tierra propia. Conseguir su  titularidad implica mucha burocracia y se limita a no más de 80 hectáreas.

Lo triste es saber que gente como el expresidente Álvaro Uribe Vélez tiene, sólo en el departamento de Meta, unas 15.000 hectáreas. ¿Por que él es diferente?

Como defensor de los DDHH, una de sus tareas es verificar que un tratado de paz prospere y se implemente. ¿Hay garantías para conseguirlo? 

Hacemos acompañamiento a las comunidades en el proceso, pero muchas veces observamos el incumplimiento reiterado del gobierno: trabas al proceso de paz. 

«Crecí en una región llena de dificultades, sin apoyo del Estado. Todo eran persecuciones, estigmatización, amenazas, encarcelamientos y asesinatos, acciones encabezadas por los paramilitares»

Con una situación así, ¿cómo se sigue al pie del cañón? 

Uno nace con esto. Son situaciones extremas que, de tanto sufrirlas, fortalecen. Defender los derechos humanos es necesario. Cuando acudimos a las comunidades se nos apoya mucho y visibilizarnos es positivo.

Hay mucho miedo a denunciar y hay que hacerlo para hallar el cambio. La sensibilización de la Fundación DHOC aporta seguridad y confianza. Las denuncias, aunque pocas, suelen pasar por nosotros. Las presentamos a la fiscalía y ejercemos como puente para la interlocución.

Explicar todo esto a los jóvenes supone un aliciente. La realidad aquí es muy diferente. Hay otro tipo de conflictos. Puede que más políticos que no armados. Mostrar otra realidad a los jóvenes ayuda a valorar la que les envuelve. Poderles decir que tienen la posibilidad de estudiar es un regalo, e invitamos a que lo aprovechen al máximo. Recibir una educación en mi país y siendo campesino es impensable. 

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