El Beverly Hills de la provincia

Castellvell ha marcado mi vida hasta el día de hoy. Aprendí a montar en bicicleta y a patinar en las calles del pueblo. Todavía mantengo mi huerto

JORDI GARCIA (Entrenador del Reus Deportiu de Hockey)

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Jordi Garcia posa en la Ermita de Santa Anna, uno de los lugares emblemáticos de Castellvell. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Jordi Garcia posa en la Ermita de Santa Anna, uno de los lugares emblemáticos de Castellvell. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Recuerdo terminar las clases el viernes y subir a Castellvell a pasar el fin de semana, los veranos y todas las fiestas. Es un lugar que ha marcado mi vida, desde la infancia hasta día de hoy, donde mantengo mis propiedades y mis raíces familiares. Mi madre viene a menudo y mi hermana se ha hecho la casa aquí. Yo dispongo todavía de un huerto donde suelo montar comidas con los amigos y con los jugadores del equipo de hockey. Se trata de un rincón ideal para desconectar y revivir grandes recuerdos. Le tengo un cariño especial.

En Castellvell fui dos años monaguillo, me acuerdo mucho de aquella época, donde pasábamos los días en la calle. Solo parábamos en nuestras casas para comer o cenar. No había ningún tipo de peligro y consumíamos nuestras horas jugando y experimentando con los amigos y con mis primos, que también conservan su casa aquí. Mi padre y su generación construyeron el antiguo campo de fútbol del pueblo. Allí empecé a pegar mis primeras patadas al balón. Incluso en Castellvell también me compraron mis primeros patines de cuerda. Yo me iniciaba en el Reus Deportiu un lunes y el viernes anterior ya tenía los patines en casa. Comencé a patinar en una calle que estaba cerrada y parecía privada, no había coches. Como con la bici, mis primeras caídas en patines fueron en Castellvell.

Las excursiones por el camí de Salt se hacían eternas, incluso llegábamos hasta pueblos de alrededor. Los caminos eran de tierra, ahora el pueblo ha cambiado mucho. De hecho, durante el boom de la construcción le llamaron el nuevo Beverly Hills de la provincia. Al principio éramos unos 600 y con la construcción de nuevos hogares han pasado a más de 2000 habitantes. Realmente no me extraña. Es una población con mucho encanto. Tranquilidad, buen clima y unos paisajes fantásticos. Por ejemplo, desde la Ermita de Santa Anna se puede contemplar todo Reus. Se trata de una estampa muy bonita. En Santa Anna disfruté de muchas tardes, conocí a mi primera novia y con los amigos nos confesábamos nuestros primeros secretos. También veníamos al Cinema a la Fresca que entonces organizaban.

Las Fiestas Mayores, que duraban un fin de semana, eran espectaculares. El pueblo se paralizaba durante tres días. Comprabas el ticket simbólico de La Banya y tenías acceso a los almuerzos populares y las diferentes actividades que se llevaban a cabo aquellos días. Lo pasábamos en grande. De hecho, mi mujer siempre me dice que yo soy un bailarín de Fiesta Mayor, porque solo me sé dos pasos. Había un bonito pique con Almoster por ver quién traía la mejor orquesta.

Castellvell me trae recuerdos de mi abuelo, que era payés y cuidaba mucho sus tierras. Admiraba mucho el respeto y el compromiso que tenían entonces por su trabajo. En casa siempre me educaron de este modo. Le guardo tanto cariño a este lugar que nunca he dejado de venir. Y creo que nunca lo haré. El valor sentimental que tiene para mí y para mi familia es muy grande y también lo intentaré transmitir a mi hijo.

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