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El Bravium de Reus revive en una fábrica para acoger sus clases teatrales en octubre

Tras haberse acomodado en el nuevo espacio, cedido por un socio, se reinventan llevando a cabo iniciativas que los mantienen activos. Siguen clasificando e inventariando material

CRISTINA VALLS

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Carles Pitarch y Ferran Figuerola en el nuevo local en el que han dejado todo el material del Bravium Teatre. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Carles Pitarch y Ferran Figuerola en el nuevo local en el que han dejado todo el material del Bravium Teatre. FOTO: FABIÁN ACIDRES

El equipo del Bravium Teatre, después de trasladar todo el material que tenía en el Centre Catòlic hacia un local provisional –cedido por un socio–, se ha hecho sitio en éste y lo ha acondicionado de la forma más funcional posible. El presidente de la entidad, Ferran Figuerola, resume toda la experiencia con máximas, tan importantes, como el esfuerzo y la colaboración entre personas del teatro, socias, entidades y, sobre todo, de amigos.

«Llegamos a hacer 17 viajes en camión con la Brigada Municipal, facilitada por el Ayuntamiento y desde el que también se nos ofreció un local ubicado en la zona de REDESSA –dice a modo de recordatorio–. Nos llevamos todo lo que había en el espacio de la calle de la Presó; no queda nada allí, excepto las butacas. Instalarlas supuso, en su día, un verdadero reto. Costó colocarlas y, si las tenemos que quitar en el futuro, desconocemos dónde las podremos poner», manifiesta.

La antigua fábrica de avellanas en la que ahora se encuentran (y de la que aún se conservan diferentes elementos y maquinaria pesada) –antes de llegar e instalarse ellos–, «estuvo 25 años cerrada», indica. «Tuvimos que hacer limpieza antes de traer las cajas y demás material de escenografía, como decorados, vestuario y elementos tan delicados como los focos, de los cuales creemos que no volverán a la sede de siempre, estamos seguros de ello», expresa.

La planta baja del local, de unos 380 metros cuadrados, acoge todo tipo de material de escenografía

También hay material de otra de las entidades que acogía la sede que vio crecer al Bravium, la Cobla Reus Jove. Tal y cómo anunció su portavoz, Eduard Sendra, –en la última rueda de prensa realizada por todas las entidades que utilizaban el espacio anterior–, habían llegado a reunir «más de 70.000 partituras en papel», dejando a un lado las digitalizadas. El traslado ha implicado, en consecuencia, que los músicos se hayan quedado sin lugar de ensayo, y hayan optado en su defecto por otras alternativas.

El local es extenso, «de unos 380 metros cuadrados, sólo en la planta baja», acota Figuerola, además del resto de pisos superiores. Desde el Bravium, no sufragan ningún dinero para quedarse y dejar allí sus pertenencias, «simplemente nos encargamos de pagar los suministros, que hemos dado de alta recientemente, para usar las instalaciones», aclara.

Unos meses ‘intensos’

Estos últimos meses, por otro lado, han sido «intensos» para la entidad. «Muchas horas de trabajo, pero seguimos adelante, intentamos reinventarnos», asegura. Aparte del traslado, han acondicionado el espacio de una de las plantas superiores, donde han situado las salas comunes, como la de juntas. Allí es donde llevan a cabo las reuniones periódicas, siempre dependiendo de las actuales restricciones por la Covid. En esta misma ubicación, están las demás oficinas, con la del archivero y el personal de administración y secretaría. Allí, han pintado y colocado mobiliario.

Arreglar todo este espacio ha supuesto una inversión para el personal del Bravium Teatre, pero «había que hacerlo, no sabemos hasta cuándo nos quedaremos aquí. Hay que ser prácticos», reconoce. De hecho, han tenido «varias reuniones con la propiedad», el Arquebisbat de Tarragona, pero «no sabemos mucho más de lo que se ha ido trasladado últimamente», dice.

El acondicionamiento del lugar fue rápido: "No sabemos hasta cuándo nos quedaremos?

«Nosotros –repasa– lo único que tenemos en firme es un documento: primero dispusimos de uno en el que la propiedad se comprometía a dejarnos volver y darnos los espacios necesarios para poder tener la sede social; con este no estuvimos de acuerdo, pues eso podía significar que podía tratarse de un despacho pequeño y nada más; entonces, pedimos que se pusiera que el Bravium pudiera seguir ejerciendo su actividad cultural, además de tener su sede social allí; por lo tanto, se rectificó», resume. Todo ello, expone, lo encuentra, también, «incierto», ya que, cuando se hubieran cumplimentado las obras «puede que, al querer disponer del escenario no se pueda porque esté ocupado; habría que mirar siempre si está libre para poder llevar a cabo un espectáculo determinado, eso irá así», estipula. Lo que «conocimos como Bravium ya no volverá», insiste.

Organización y proyectos

La sala más impactante, cómo decíamos, (véase la imagen principal, a la izquierda) es la que está situada en los bajos del edificio cedido. Allí se pueden encontrar cajas de cartón rotuladas con el tipo de prenda que acogen en su interior: de un vistazo, se pueden leer algunas bautizadas con palabras como sombreros, tocados, pelucas y delantales, entre otros. «Las personas encargadas de vestuario pusieron todas las prendas en bolsas y, poco a poco, las han ido clasificando y repartiendo en cajas, para hacer inventario y cuidar todo el género», describe.

Una vez organizado todo esto, «lo trasladaremos al piso de arriba, donde tenemos diferentes estanterías y podremos ubicar desde las pelucas hasta los sombreros, entre otros complementos». Y es que quieren dejar el espacio suficiente despejado para «continuar realizando los cursos de teatro que veníamos haciendo y queremos empezarlos en octubre», declara Figuerola.

El cambio de ubicación del Bravium ha implicado que funcione de otra manera y que, en definitiva, se reinvente. «Cuando nos anunciaron que teníamos que abandonar nuestra sede de siempre, las entidades se volcaron y nos ayudaron sin pensarlo. Otras, además, se ofrecieron a acoger nuestros espectáculos y ahora funcionamos así, al menos por el momento», prosigue.

Por su proximidad con el Orfeó Reusenc, ubican muchas de las funciones programadas en su escenario; otros espacios, como el teatro de la Sala Santa Llúcia, también ha acogido algunas obras teatrales. Junto con el Bravium, también hay otra entidad que comparte espacio: la Associació de Mags i Il·lusionistes de Catalunya (AMIC). En esta línea, Figuerola describe la importancia de tener un lugar en el que reunirse. «Una entidad tan importante como la AMIC, tiene que tener un lugar y tenemos mucho espacio. Donde vayamos nosotros, ellos nos acompañan», proclama.Desde el Bravium, además, actúan a menudo como «facilitadores». «Pueden llamarnos porque necesiten un mago para amenizar un evento. En ese caso, nosotros avisamos a la entidad», añade. Como siempre han dicho, actúan como «una gran familia»: «Nostros siempre tenemos las puertas abiertas».

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