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El auge de fruterías en Reus revienta precios y hace que algunas piensen en cerrar

La proliferación de estas tiendas, con precios muy bajos, hace que negocios de toda la vida que compran directamente al payés hayan perdido clientes
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Xavier Merino, propietario de Ca l'Assumpció, reconoce que en más de una ocasión ha pensado en bajar la persiana. Foto: Alfredo González

Xavier Merino, propietario de Ca l'Assumpció, reconoce que en más de una ocasión ha pensado en bajar la persiana. Foto: Alfredo González

Jaime es de Marruecos y hace tres meses que se embarcó en la apertura de un frutería, verdulería y carnicería en la calle Ample. Durante algún tiempo había trabajado en este negocio y su experiencia le llevó a buscarse la vida por su cuenta. «¿Por qué una frutería? Pues porque era lo más fácil, lo que menos costaba y tengo experiencia», explica este joven.

El caso de Jaime ejemplifica los muchos más que se han producido en la ciudad de Reus durante los últimos años, donde ha habido un auténtico ‘boom’ de apertura de fruterías y verdulerías, especialmente en los barrios más alejados del centro y, en la mayoría de los casos, regentadas por ciudadanos de origen magrebí. En algunas zonas, como por ejemplo Mare Molas y su entorno, pueden llegar a contarse en la actualidad hasta cinco fruterías en un radio de menos de 500 metros.

Este hecho ha provocado un auténtico terremoto en el sector, por culpa de una guerra de precios que parece no tener límite. Las fruterías y verdulerías de toda la vida, aquellas que acostumbran a comprar sus productos directamente al payés y ofrecen una calidad que siempre se paga, se sienten víctimas del auge de este tipo de negocios. Como por ejemplo Xavier Merino, propietario de Ca l’Assumpció, una frutería de la calle Sant Lluís. «Desde que se empezaron a abrir fruterías, hace unos tres años, hemos notado un descenso de ventas muy importante. Lo peor es que cada vez vamos a peor y aguanto con la tienda abierta porque tengo otro trabajo, si no ya hubiese cerrado», explica Xavier al Diari.

 

Caída de ventas

En una situación calcada se encuentra otro negocio del entorno de la calle Mare Molas (cuya propietaria prefiere mantener su nombre en el anonimato), que asegura que «las ventas han caído un 50% desde hace unos tres o cuatro años. Llevamos 16 años con el negocio y nunca habíamos estado tan mal».

Las fruterías de toda la vida se ven impotentes para luchar contra las que han surgido en los últimos cuatro años y que ofrecen unos precios extremadamente competitivos. «No sé cómo lo hacen para vender tan barato. Yo pago mis impuestos, gastos de luz, negocio, etc. Y cuesta mucho sacar esto adelante», explica esta vendedora.

Jaime, el marroquí que ha abierto su negocio hace cuatro meses, reconoce que la guerra de precios es total. «La gente, con la crisis, mira mucho el precio y por una diferencia de 20 céntimos en un kilo de cualquier producto es capaz de irse a otra tienda. Por eso estamos obligados a ofrecer los precios más económicos», puntualiza, además de añadir que «en mi caso, compro los productos en el Mercat del Camp».

 

Calidad ‘versus’ precio

Por su parte, los negocios que compran la mayoría de frutas y verduras a payeses del territorio cuestionan la calidad que ofrecen estas tiendas que han proliferado estos últimos años. «Yo vendo como siempre, producto de proximidad y de calidad que, por supuesto, se paga», explica la dueña de la frutería del entorno de la calle Mare Molas, quien añade que «los clientes que se llevan fruta o verdura de aquí tienen la garantía de que pueden mantenerla varios días en casa. En cambio, dudo que la que se vende tan barata y es de menos calidad aguante tanto tiempo».

Xavier Merino, de Ca l’Assumpció, coincide plenamente con su colega y añade que «hay mucha gente que ve toda la fruta y verdura igual, pero esto no es así. Si yo vendo, por ejemplo, un pimiento que te aguanta toda la semana es porque es de calidad. Por eso compro según la necesidad que tengo de vender. En cambio, muchas de estas tiendas nuevas que han abierto van al Mercat del Camp cuando están liquidando muchos productos y compran muy barato para después poder vender también muy barato. Pero está por ver la calidad».

No obstante, Xavier Merino añade que «aunque el producto que vendo de calidad se paga más caro, también puedo ofrecer cosas más económicas para quien no puede pagar tanto, así me adapto a los bolsillos de nuestros clientes».

 

Regulación

Por su parte, la dueña de la frutería de la zona de Mare Molas es partidaria de que «existiese una regulación sobre la apertura de estos negocios. Que pasase, por ejemplo, lo mismo que con las farmacias, que se abren dependiendo del número de habitantes de la zona».

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