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El comercio periférico dice que hay ‘desigualdad’ respecto al del centro

Los negocios más lejanos del núcleo reconocen que hay oportunidades de promoción que ellos no disfrutan. Esto ha minado su proyección y extiende el desencanto entre algunos dueños

Cristina Valls

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La tienda de lencería Nolica Modas, de la Riera Miró, ha tenido muy buena acogida en verano. Foto: A. González.

La tienda de lencería Nolica Modas, de la Riera Miró, ha tenido muy buena acogida en verano. Foto: A. González.

La ciudad es potente en lo que respecta a comercio, aunque ahondando en el sector, los comerciantes de la periferia reconocen haber observado ciertas diferencias respecto a los que se encuentran en el casco antiguo. Disfrutan de oportunidades de promoción y de cierta proyección a pesar de que la crisis ha afectado indudablemente a todo el mundo.  «Evidentemente somos diferentes, pero hay desigualdad. Cuando quieres participar en ciertas iniciativas, ves que no tienes un sitio debido a tu ubicación», explica Manoli Galera, de la mercería y tienda de lencería Nolica Modas, ubicada en la Riera Miró. A pesar de todo ello, ella misma se ha cosechado su porvenir. «Este año ha sido uno de los mejores». 

Tanto los bañadores como las prendas de pijama de verano femeninas han funcionado. «Parece que haya menos gente comprando, pero se llevan muchas más prendas. Hace poco, era todo lo contrario. Hemos sabido adaptarnos a los gustos de la gente y jugar con las promociones. Aunque hace cinco años lo pasamos muy mal», recuerda Galera. 

Hay muchos barrios  que han quedado despoblados de familias jóvenes y de comercios

Otro caso es el que relata Lucía, dependienta del negocio Petits Preus de la calle del Vapor Vell. Ella achaca la diferencia a algo positivo.  Establece que no, que la clientela que acogen «tiene un estilo determinado de vestir y en la zona centro van por otro camino. Desde que abrimos, nos viene la misma clientela y funciona mucho por recomendación. Aunque la economía haya bajado, vemos que la gente quiere ir bien arreglada». 

La dueña de Calzados Castillo mostrando un zapato. Foto: A. González.

Van vendiendo de forma regular durante todo el año, porque consideran que sus  precios «son muy asequibles», «es un negocio que se ajusta a las necesidades del día a día de los habitantes del barrio. Con  50 euros compras cuatro prendas».

Las gangas

Y lo corroboran unos polos a 5 euros y ofertas estrella de camisas masculinas de 8,90 euros que pueden salir por quince euros si se compra el par. Así pues, han aprovechado a incluir diferentes gangas, como es el caso de la ropa interior. «A los sujetadores les hemos aplicado el 20% de descuento, por ejemplo. También triunfan los bolsos, los ponemos en liquidación y funciona. A grandes rasgos, la ropa que tenemos no suele subir de los treinta euros», destaca la dependienta de Petits Preus. 

Los comerciantes más longevos ven un futuro incierto y afirman que ‘no habrá continuidad’

«La campaña de verano del año pasado con esta, podríamos decir que es cuestión de rachas. Este agosto ha sido más malo que el del año anterior», objeta Lucía.  Más alejado del centro, en la calle O’ Donnell, se encuentra el negocio Calzados Castillo, que lleva batallando en el sector comercial desde su fundación en 1979.  «El barrio ha cambiado mucho. Antes era todo gente joven con hijos. Actualmente muchos se han marchado, hay mucha gente mayor e inmigrantes y hemos tenido que adaptarnos a esta clientela. De esta calle, han sobrevivido la tintorería, una tienda de dietética, una farmacia y yo, pero poco más. Las rebajas son duras en verano, pero en invierno son aun peor. No observamos ninguna recuperación, al menos en nuestro caso», explica la hija de la familia fundadora, Isabel Castillo.

Las dependientas de la tienda de ropa Comas junto a la dueña, Lola. Foto: A. G.

Ahora se dedica por entero a la tienda y resume la situación muy desencantada.  «La crisis ha hecho estragos», dice. Tenían dos tiendas más y una la tuvieron que cerrar. «No me puedo permitir hacer vacaciones. Las tiendas más alejadas del centro no estamos nada apoyadas y ni mucho menos promocionadas. Nosotros también somos Reus», apunta Castillo.

Según comenta, en muchos casos acaban siendo la opción por descarte cuando la gente sale a comprar y no encuentra un calzado en concreto. Es entonces cuando buscan mucho más allá del centro. «Somos el último recurso y aunque la gente viva cerca de la tienda prefiere moverse hacia el centro. Acoges al comprador que se ha caminado todo Reus», resalta. El futuro lo ve incierto y creo que «no habrá continuidad».

En Petits Preus se adaptan a la necesidad de los clientes del barrio. Foto: A. González.

La compleja situación la achaca a la crisis, pero también «a la presencia de La Fira Centre Comercial», que según opina Castillo «ha cambiado un Reus que era un centro comercial al aire libre y ahora además los autobuses paran a los turistas en esa zona sólo. Luego no se moverán hasta aquí».  Otra tienda alejada y también muy longeva es la de moda y complementos Comas, en la calle del Vent. En este caso la dueña, Lola Comas, también se suma a la tónica: «Después de cerca de 49 años en la tienda, sé que no tendrá continuidad en el momento en que la deje». Explica además que la campaña de verano está siendo «muy floja. Hasta ahora, hemos hecho las rebajas normales de cada año: descuentos y alguna prenda de liquidación». El carácter familiar de Comas es muy conocido, y no sólo lo transfiere la misma dueña, las mismas dependientas son casi familia. Como mínimo hace 10 aós que trabajan allí.

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