«El concepto ecológico y natural está prostituido»

En su trayectoria profesional,  Gemma Peyri destaca por ser una de las primeras en abrir un alojamiento de turismo rural en el Priorat y fundar una marca de cosmética natural, junto a su socia Teresa Giral

SÍLVIA FORNÓS

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Gemma Peyrí fundó, junto a Teresa Giral la, la empresa Nina Priorat. FOTO: CEDIDA

Gemma Peyrí fundó, junto a Teresa Giral la, la empresa Nina Priorat. FOTO: CEDIDA

Por las venas de Gemma Peyrí corre el espíritu emprendedor. De la mano de Teresa Giral se aventuró en el mundo de la cosmética natural, ecológica y sostenible. Ambas fundaron, hace más de una década, la marca Nina Priorat, cuyas riendas ahora dirige Aida Mateo, la hija de Teresa Giral. El cambio generacional no ha alterado el ADN de la iniciativa que sigue siendo «acercar estos productos ecológicos de calidad a todas aquellas personas que quieren que sus hábitos sean cada vez más coherentes con sus valores». En la trayectoria profesional y vital de Gemma Peyrí también destaca ser de las primeras en abrir las puertas de un alojamiento de turismo rural hace 33 años. Después de todo este tiempo, sigue luchando por transmitir los valores del turismo en el Priorat y que los visitantes «disfruten de la máxima calidad y confort a través de la comida que ofrecemos, los ingredientes que utilizamos y la naturaleza que nos rodea».

Usted y Teresa Giral fueron las fundadoras de Nina Priorat.

Impulsamos el proyecto en 2008, coincidiendo con la crisis económica. Entonces, en el Priorat solo había monocultivo de vino y sabíamos que con la uva se podían hacer productos cosméticos. Por ello, empezamos a investigar y creímos interesante ofrecer un producto diferente de lo que se podía encontrar en el mercado. Ahora, que ambas estamos camino de la jubilación, le propusimos a Aida Mateo, hija de Teresa, que tomara las riendas del proyecto.

Esta diferencia sigue siendo un valor al alza.

A día de hoy todavía podemos decir que la materia prima principal de cada gamma, como la uva y el aceite procede del Priorat, y que la avellana es de las comarcas tarraconenses. Podemos ser más específicos en cuanto al origen de los ingredientes, como la Cooperativa de Ulldemolins, la bodega Burgos Porta, etc.

¿Esperaban llegar tan lejos como han conseguido?

Desde el principio tuvimos la idea de crecer, pero costaba mucho y sigue suponiendo un esfuerzo porque existe una competencia feroz que invierte muchos recursos en marketing. En cambio, Nina Priorat ha optado por desarrollar la formulación y mejorar los productos, que han evolucionado. Es el camino que está haciendo Aida Mateo hoy en día.

En el mundo de la cosmética de proximidad y de Km 0, ¿cuál es la principal dificultad?

Nina Priorat ha apostado por la calidad del producto que hay dentro del frasco, además de que sea ecológico, y el que no lo es que sea natural al 100%. Por ello, la certificación ecológica supone un importante y constante esfuerzo, ya que en el momento que estampas el sello, los controles son muy exigentes.

De todos los productos de Nina Priorat, ¿de cuál se siente más orgullosa?

De la gama de uva, puesto que fue la idea original. También de la de avellana, por el hecho de que es un fruto prácticamente abandonado y tiene unas propiedades fantásticas para la piel. Fue una apuesta arriesgada, ya que nadie se imaginaba que el aceite de avellana pudiese tener unas propiedades tan buenas para la piel.

También fue pionera en apostar por el turismo rural de calidad.

Empecé en el año 1988 con una casa en Porrera, lo que ahora sería un alojamiento rural independiente. Después, el alojamiento Mas Ardèvol fue el paso siguiente, ya que teníamos una finca familiar y queríamos apostar por la esencia del turismo rural. Entonces, el turismo rural se concebía como un complemento a la actividad agrícola de los payeses, a diferencia de hoy en día. Queríamos impulsar un alojamiento que fuese un proyecto con esencia familiar. De hecho, el negocio tiene garantizado el relevo generacional.

Su identidad también es de proximidad.

Me canso de repetir ecológico, natural, de proximidad, de Km 0… ya que desgraciadamente se han prostituido los conceptos. En Mas Ardèvol tenemos un pequeño huerto, compramos embutidos y quesos a productores locales, los postres son caseros,… Para nosotros es muy importante, por ejemplo, que el cliente pueda disfrutar de un desayuno recién hecho, y que no tengamos que abrir productos del supermercado.

¿Qué echa de menos en los nuevos negocios?

Que no conocen el territorio. Además, las plataformas de reserva de alojamientos han perjudicado el turismo rural. Son útiles para los grandes hoteles, pero no para los establecimientos pequeños que quieren seguir nuestro modelo.

¿Los clientes que tienen malentendido del turismo rural?

En Mas Ardèvol hemos apostado por prescindir al máximo del consumo de combustibles fósiles, y por ello tenemos estufas de leña en algunas habitaciones, y parte de la leña la obtenemos de la poda de los árboles de la finca para cerrar el círculo. Teniendo en cuenta el precio del gas, hemos buscado también soluciones como una estufa de pellets para evitar el consumo desmesurado de gas y de gasoil, y también hemos ampliado el parque de placas solares. Por ello, cuando les dices que apuestas por la sostenibilidad y te responden que quieren comodidad, es que no han entendido el concepto de turismo rural.

Queda mucho por enseñar.

Aunque los clientes no encuentren un servicio de lujo, queremos que disfruten de la máxima calidad y confort a través de la comida que ofrecemos, los ingredientes que utilizamos, la naturaleza que nos rodea, etc. La gente sigue queriendo las comodidades de la ciudad en el mundo rural, y eso no concuerda. Por suerte, el 90% de nuestros clientes vienen a Mas Ardèvol porque sí que lo entienden.

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