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El factor 28-A se suma a las municipales más inciertas

Elecciones. La suerte de Pedro Sánchez condicionará la de Andreu Martín, Junqueras la de Noemí Llauradó... Nunca el resultado ha estado tan abierto  

Josep Cruset

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Discusión en la plaza Prim a raíz de una carpa de Vox y una manifestación de protesta. FOTO: alfredo gonzález

Discusión en la plaza Prim a raíz de una carpa de Vox y una manifestación de protesta. FOTO: alfredo gonzález

Mientras el exalcalde de Barcelona Joan Clos decía el pasado jueves en el Palau Bofarull que «lo que los votantes quieren escuchar no necesariamente resolverá los problemas que tenemos ante nosotros», a los móviles de los asistentes llegaba la noticia de que el presidente Sánchez iba a anunciar la fecha de las elecciones a la mañana siguiente. Clos miraba al futuro y advertía que la explosión demográfica que vivirá el planeta, y en especial África, en los próximos 30 años, tendrá consecuencias sobre todos nosotros y obligará a los países y ciudades a tomar medidas que no serán populares. Pero la actualidad pone muy difícil fijar la atención en horizontes lejanos, como ejemplificaban las mencionadas alertas de móvil. Políticamente, hoy es quimérico pensar más allá del 28 de abril, del 26 de mayo o de la fecha en que el Tribunal Supremo dicte sentencia sobre los líderes del proceso independentista.  

En política, al contrario que en las tablas de multiplicar, el orden de los factores puede alterar el producto, y la convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril añade una variable que tendrá incidencia directa en lo que va a venir inmediatamente después, en este caso los comicios municipales, autonómicos y europeos del 26 de mayo.

Esta circunstancia puede resultar determinante allí donde los resultados son más inciertos, como es el caso de las municipales en Reus. La ciudad viene de una legislatura donde las urnas dejaron un ayuntamiento muy atomizado, con siete partidos sentados en el pleno, que ahora podría fraccionarse incluso más. 

En un escenario donde la alcaldía quizá se decida por muy escaso margen de votos, lo que suceda sólo cuatro semanas antes podría decantar la balanza. La aritmética política en un contexto tan multipartidista sitúa al ganador en votos muy cerca de ser investido alcalde, porque es muy difícil configurar una mayoría absoluta alternativa, que es el único procedimiento para desbancar al candidato más votado.

Nunca el resultado de unas elecciones municipales había estado tan abierto en Reus. Si esto ya era así antes del viernes, el adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez lo acrecienta. Las expectativas del propio partido socialista son el ejemplo paradigmático. Por mucho que en unos comicios locales se voten otras personas y cosas, si Sánchez logra ganar su arriesgada apuesta movilizando al electorado de izquierda y sumando votantes centristas, el empuje para Andreu Martín y todos los candidatos socialistas en las municipales y autonómicas será mayúsculo. Por contra, si pierde el órdago, será un lastre añadido difícilmente salvable.

El caso concreto de Reus reúne todos los ingredientes del morbo político. El alcalde pertenece al PDeCAT, un partido al que se le acumulan los interrogantes pendientes de aclarar y que se juega el liderato del independentismo. Así las cosas, un mal resultado el 28 de abril puede ser la puntilla en muchos de sus feudos. Carles Pellicer ya tomó precauciones tiempo atrás y se presenta a la reelección bajo su propia marca personal, Pellicer Reus 2019. La decisión, a la vista del devenir de los acontecimientos, cobra más sentido que nunca. Veremos cómo le funciona.

La otra cara de la moneda es ERC, que pese a su histórica implantación en Reus, nunca se ha visto con opciones reales de alcanzar la alcaldía. Una gran victoria en las generales en Catalunya, unida al impulso emocional que Oriol Junqueras proyecta desde el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo, pondrían a Noemí Llauradó por primera vez en la pomada de aspirantes al triunfo. En cuanto al resto de formaciones, Cs, PP y En Comú Podem afrontarán un trance similar al del PSC en cuanto a la incidencia de sus éxitos o fracasos a nivel estatal, con el añadido del primer test sobre el efecto Vox para las candidaturas que encabezarán Juan Carlos Sánchez (Cs) y Sebastià Domènech (PP).

Por su parte, la CUP, que no se presenta a las elecciones españolas, tiene en Reus una papeleta compleja porque su referencia son  los excepcionales resultados cosechados en 2015, difícilmente repetibles, y David Vidal ya no es su cartel electoral. ¿Afectará este panorama a un partido municipalista como Ara Reus? A priori, parece el más protegido de los vaivenes de la política nacional. No así al candidato que salga de Primàries Reus, al que costará Dios y ayuda conseguir visibilidad en medio de la sucesión de elecciones.

Fragmentación. Siete partidos, que aún pueden ser más

Si bien era evidente que en Reus la fragmentación política había venido para quedarse, resultaba menos previsible que pudiera acentuarse. En Comú Podem, Vox y Primàries Reus se postulan para aumentar la nómina de siete partidos actualmente representados en el ayuntamiento.
La atomización del voto y la polarización política se ha traducido en una compleja aritmética municipal. Tanto es así que en estos últimos cuatro años Carles Pellicer ha gobernado en minoría con un pacto tripartito que sólo suma 11 de los 27 concejales.
Pero  anteponer las elecciones generales a las municipales también repercutirá más allá del 26 de mayo, porque la ausencia de nuevas convocatorias electorales a la vista puede permitir pactos y 

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