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El futuro en tiempos de cólera

Munta i Baixa. Reus y el siglo XXI El primer reto está en definir los retos de la ciudad, pero hoy resulta complicado alzar la mirada más allá del conflicto político

Josep Cruset

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El catedrático Agustí Segarra durante su conferencia en el Palau Bofarull. FOTO: Alba Mariné/DT

El catedrático Agustí Segarra durante su conferencia en el Palau Bofarull. FOTO: Alba Mariné/DT

Una de las muchas secuelas del conflicto político en el que estamos inmersos es la dificultad para alzar la mirada más allá del mismo. Otear el futuro conduce habitualmente a reflexionar sobre juicios, condenas, indultos, elecciones, estatutos, reformas constitucionales e hipótesis de todo pelaje, algunas de las cuales quizá tengamos que esperarlas tan en vano como al Godot de Samuel Beckett. Es evidente que el contencioso político-judicial es el gran problema y su resolución condiciona todo lo demás, pero también está claro que conviviremos mucho tiempo con él y las salidas serán a largo plazo.  

En un escenario tan cargado, una conferencia bajo el título Reus i el segle XXI: els principals reptes a cargo del catedrático de Economía Aplicada de la URV Agustí Segarra resulta un soplo de aire fresco. El acto cerraba la conmemoración del centenario de la patronal Foment Reus Empresarial, un ciclo que incluye la exposición Reus, motor econòmic del sud de Catalunya, que permanecerá abierta en el Museu del Raval de Santa Anna hasta el mes de enero. Les recomiendo muy mucho la visita, porque pasarán un rato fantástico con las fábricas, los comercios y los productos de Reus desde el siglo XVIII al siglo XX.   

Del «Reus, motor econòmic del sud de Catalunya» que recuerda la exposición del Museu queda poco. Aquel universo se ha transformado o ha desaparecido 

Visité la exposición antes de asistir a la conferencia y después me entretuve en contemplar el paisaje urbano desde la perspectiva histórica que sugiere la muestra. En el mismo Raval, lo que fue el Banc de Reus es hoy la notaría de Francisco Javier Pajares y Elena Cantos, después de que pasase a mejor vida el establecimiento de moda masculina que lo reabrió. Mas abajo, la planta baja de la casa señorial de la familia Busquets, uno de los apellidos emblemáticos de la industria reusense, se prepara para acoger la ampliación de su tienda de diseño de cocinas e interiores. En el Mercadal, el  venerable comercio textil de los Sucesores de Joaquín Navàs, en los bajos de la joya modernista, está cerrado. En la calle Monterols, la sastrería Queralt ultima la liquidación por el cierre del negocio centenario. Del Reus que recuerda la exposición del Museu queda bien poco. La mayor parte de aquel universo ha desaparecido o se ha transformado. 

¿Y cuáles son los retos de la ciudad actual? A juzgar por la escasa audiencia que acudió a escuchar a Segarra, el asunto no es de los que más preocupan ni movilizan. De hecho, el propio conferenciante pareció más interesado en disertar sobre temas colaterales, a los que dedicó la mayor parte del tiempo, que en centrarse en lo que daba título al acto. Aún así, las reflexiones sobre la economía local de un catedrático que se declara ciudadano del Camp de Tarragona tuvieron miga.

Autor de un estudio de referencia sobre el comercio del aguardiente y la economía reusense del siglo XVIII, Agustí Segarra sostiene que la localización geográfica explica lo que fue y es Reus, con lo cual podemos ser moderadamente optimistas porqué este factor es difícil que cambie. Y situó la creatividad como el valor esencial del porvenir económico, otra buena noticia porque de esto siempre hemos tenido, para lo bueno y para lo no tan bueno.

Tres recetas de Segarra me llamaron la atención, más allá de su arenga hacia el liderazgo territorial compartido con una Tarragona demasiado acomplejada: no apostar por ningún sector en concreto sino por la transversalidad –toda una enmienda a iniciativas emprendidas por gobiernos municipales anteriores–, no caer en la trampa de la retórica –el ejemplo de las manidas smart city dicho ante el concejal responsable de estos proyectos fue claro– y ser inclusivos con la inmigración, como desafío clave de trascendencia tanto social como económica.

La definición y concreción de estos y más retos se quedó a medio camino. Conclusión: probablemente el primer reto es revisar y determinar los retos de futuro de la ciudad. Todo un reto en estos tiempos de cólera.

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