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El mapa de las tres Españas se consolida en Reus

Munta i Baixa10-N. La distribución de fuerzas entre el independentismo, la izquierda constitucionalista y el unionismo conservador tiende a estabilizarse

JOSEP CRUSET

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Votantes examinan las papeletas de las candidaturas al Congreso durante la jornada electoral del pasado 10 de noviembre en el colegio Joan Rebull de Reus. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Votantes examinan las papeletas de las candidaturas al Congreso durante la jornada electoral del pasado 10 de noviembre en el colegio Joan Rebull de Reus. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

La historia abrazó el concepto machadiano de las dos Españas para ilustrar las dos visiones opuestas de un mismo país, cuyo enfrentamiento alcanzó su punto culminante en la Guerra Civil y ha seguido arrastrándose hasta nuestros días. Los recientes estudios sociológicos detectan que otro conflicto, el territorial, vuelve a dividir en canal a la sociedad española, pero ahora en tres opciones antagónicas: los que abogan por la recentralización, los que propugnan reformas de corte federal en el marco del actual status quo y los que apuestan por la secesión.

El disenso en cuanto al modelo territorial vigente no se traduce en una mayoría alternativa clara. En las elecciones generales del pasado 28 de abril, Reus registró un equilibrio inestable entre los representantes de esos tres planteamientos territoriales. El independentismo (ERC, JxCat y Front Republicà) alcanzó el 37% de los votos, los defensores de mantener y renovar el sistema (PSC, En Comú Podem) sumaron el 34% y las fuerzas recentralizadoras (Cs, Vox y PP) obtuvieron el 25%. Un panorama donde la fórmula soberanista ostenta una mayoría relativa, pero en menor medida que en el conjunto de Catalunya.

Ninguna de las reiteradas llamadas a las urnas ha dibujado una salida clara al bloqueo, como volvió a confirmar la repetición electoral del pasado domingo. En el caso de Reus, pese al fuerte ascenso de Vox, el unionismo conservador perdió algo de peso (24%), al igual que la izquierda constitucionalista (32%), en beneficio de los independentistas (40%).

El mapa de las tres Españas –es chocante englobar al soberanismo en ese término, pero permítaseme la licencia– parece consolidado en la ciudad, especialmente cuanta mayor es la participación.

ERC volvió a ganar las elecciones y el PSC volvió a ser segundo por setecientos votos de diferencia, curiosamente el mismo margen que hace seis meses, porque ambos partidos se dejaron dos mil sufragios por el camino. En un contexto de máxima tensión y polarización, que los partidos más moderados de los dos bloques mayoritarios vuelvan a a ser los más votados les refuerza para intentar establecer puentes, único camino para hallar una salida al conflicto político catalán. Y más aún después del abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que necesitarán de alguna complicidad soberanista para gobernar.

La recuperación de JxCat y la presencia de la CUP explican el repunte del independentismo, que sin embargo se queda en el 40,9% de los votos, aún lejos de la suma de los partidos constitucionalistas. La participación de los cupaires era la gran novedad del 10-N pero, pese a su fuerte implantación en la ciudad, las urnas les han dejado en el octavo puesto con el 6%, de las papeletas, por detrás de todos los demás partidos con representación en las instituciones.

Paradojas municipales

Todo lo cual no puede ocultar que quien más ha ganado con la repetición electoral ha sido Vox. Los resultados de la ultraderecha en Reus ya no son ni la sorpresa ni la anécdota que podían representar en anteriores comicios: 4.563 votos, el 9,34% de los emitidos, quinta fuerza política superando a PP y Cs, segundo partido más votado en el colegio electoral del Rosa Sensat y tercero en el Pavelló Olímpic... Aunque no tenga representación en el Ayuntamiento, Vox ya es un actor político en la ciudad.

Desde una perspectiva estrictamente municipal, esta es una de las paradojas que nos deja el 10 de noviembre, que se añade a la ya habitual que suscita En Comú Podem en los últimos años. Dos partidos capaces de aglutinar más de 10.000 votantes y más del 20% del electorado en unas elecciones generales –con perdón por juntar a dos formaciones tan antagónicas, pero esta es una reflexión meramente cuantitativa–, no obtuvieron representación en el ayuntamiento en las municipales del 26 de mayo.

Es evidente que en las elecciones locales los votantes se mueven por otros impulsos y ambas formaciones no lograron movilizar a los potencialmente suyos ni encontrar los mensajes o los candidatos adecuados.

Un análisis completamente opuesto es el que vuelven a deparar los resultados de Junts per Catalunya en Reus. Los de Puigdemont ganan posiciones respecto a las generales de hace medio año, pero los 6.237 votos logrados ahora quedan muy lejos de los 9.643 obtenidos por Carles Pellicer en las municipales de mayo. Y más aún teniendo en cuenta que la participación entonces fue sensiblemente menor. Todo lo cual vuelve a evidenciar que el éxito de los postconvergentes en la batalla por revalidar la alcaldía fue, en gran medida, un triunfo personal de Pellicer.

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