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El más avanzado de su especie

La mirada ganxeta. El parking de la Llibertat fue un revulsivo, aunque sus obras generaron más de una polémica 

Francesc Gras

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Francesc Gras.

Francesc Gras.

En más de una ocasión, algún amigo o conocido de fuera de Reus me ha hecho el comentario de lo poco que cuesta el parking de la Llibertat. Y es que la comparativa de precios con los aparcamientos de muchos otros municipios resulta acaparadora. Y todavía era más acentuada años atrás. 

En la actualidad, tener el vehículo estacionado todo el día tiene un precio de sólo 4 euros. Se podrá entrar a discutir el coste de las primeras fracciones, pero lo cierto es que a partir de la tercera hora, los 4 euros son inamovibles hasta el día siguiente. Y no sólo en la Llibertat, sino en el conjunto de aparcamientos de la red municipal. 

Imagen de la entrada del párking en la plaza Llibertat. FOTO: Alfredo González

De hecho, hoy se cumplen 20 años del más avanzado, del que inició el camino de una especie que después seguirían el de la Pastoreta o el del Carrilet, en una de las apuestas estratégicas del gobierno tripartito de la época que más exitosas se han demostrado con el paso de todo este tiempo.

Echando la vista atrás, muchos seguro que recordarán la inauguración del aparcamiento de la Llibertat como todo un acontecimiento. «Vaya lujo de parking» fue uno de los titulares del Diari semanas antes de su puesta de largo. 

En mi caso, recuerdo como incorporaba tecnología que no se podía ver en ningún otro parking de Reus y que, de alguna forma, ayudaba a solucionar la falta de plazas en la zona centro. Una reivindicación no sólo de los ciudadanos, sino también de los comerciantes para que los clientes no se marcharan a otras zonas con mayor facilidad de aparcamiento.

Pero también recuerdo que su construcción no fue un camino de rosas. Más bien lo contrario (refugio a parte). El principal foco del problema y de los dolores de cabeza que ocasionó al gobierno de Lluís Miquel Pérez fue, sobre todo, la reforma de la superficie de la plaza. Unos trabajos que generaron un profundo malestar entre los vecinos. Primero por el hecho de tener que pagar contribuciones especiales y, después, por todos los meses (años) que se acabaron alargando. 

De hecho, el cúmulo de despropósitos fue de tal envergadura que cuando terminaron las obras ya se proyectaba la ampliación del año siguiente. Muy necesaria sí, pero que padeció de falta de ambición, ya que las 400 plazas iniciales se quedaron pequeñas. Con el paso de los años, además, podría haber experimentado una tercera ampliación si, finalmente, se hubiera unido con el de la Fira Centre Comercial. Sin ir más lejos, ahora se habla de construir un parking subterráneo en el paseo Mata. El modelo continúa, esperemos que también el precio del ticket.

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